Carolyn Rodrigues-Birkett, candidata a liderar la ONU: “No elegir a una mujer sería un mensaje muy negativo para el mundo”

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La embajadora de Guyana pide que en la selección de secretario general se respete el turno de América Latina y que si surgen nuevos nombres se sometan al mismo escrutinio que han pasado los candidatos oficiales

La sucesión de António Guterrres al frente de la ONU a partir del próximo 1 de enero es una carrera de fondo con muy pocas certezas. Entre los siete candidatos actuales, Carolyn Rodrigues-Birkett, exministra de Guyana y embajadora de su país ante Naciones Unidas, destaca junto a la costarricense Rebeca Grynspan y, en menor medida, el argentino Rafael Grossi, entre los mejor situados. Rodrigues-Birkett, que el pasado martes recibió a EL PAÍS en su despacho en Nueva York, rehúye las especulaciones, pero sí habla de una campaña en su contra que en la última votación le hizo perder posiciones.

Además de su currículum, esta mujer nacida hace 53 años en una comunidad indígena arawak en Santa Rosa aporta en esta carrera una historia de superación personal. Creció en un hogar sin agua corriente ni electricidad en Guyana, un pequeño país con apenas un millón de habitantes, el único de Sudamérica donde el idioma oficial es el inglés. Pero prefiere hablar de otras cosas: “Mi historia no es única. Es parecida a la de muchas personas de este mundo. En algunos continentes, el 40% de la población aún carece de acceso a la electricidad”.

La batalla por la ONU entra este viernes en la fase decisiva, con una votación en la que por primera vez los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, los que llevan la voz cantante, mostrarán sus preferencias. La representante de Guyana prefiere no entrar a debatir sobre el riesgo de bloqueo ni sobre si Estados Unidos se guarda la carta de esperar a que haya nuevos candidatos porque no le convence ninguno de los actuales. Solo espera que, si finalmente aparece alguno de esos tapados con los que se especula, se les analice con tanta atención como a los candidatos oficiales. También asegura que, si finalmente no resultara elegida una mujer, sería una señal muy negativa para la causa de la igualdad.

Pregunta. En las cuatro primeras votaciones, Grynspan y usted estuvieron en las dos primeras posiciones. Pero en la última usted cayó al tercer lugar, por detrás de Grossi. ¿Está perdiendo apoyos por los recientes artículos en los que se recordaban sus críticas a Israel?

Respuesta. He abogado por la solución de los dos Estados que convivan en paz y seguridad. Pero si surge una campaña en mi contra, elegirán las palabras que convengan. Como país pequeño, Guyana siempre ha tenido claro que defendemos el derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas. No solo en el caso de Gaza, sino en Sudán o cualquier otro lugar. Si defender la Carta y el derecho internacional va a jugar en mi contra en esta contienda, elijo eso sin dudarlo.

P. ¿Cree que hay una campaña en su contra?

R. Usted ha visto esos artículos y yo también los he visto. Pero también estoy al tanto de otras gestiones que se han hecho y de las que hablaré en el momento adecuado, no hoy.

P. Es probable que en el voto del viernes todos los candidatos reciban algún voto en contra de los cinco países con derecho a veto, Estados Unidos, China, Reino Unido, Francia y Rusia.

R. No quiero especular. Creo que entre los candidatos actuales hay personas capaces de ocupar el cargo de secretario general. Se nos ha sometido a un intenso escrutinio por parte de la Asamblea General y del Consejo de Seguridad. Espero que este procedimiento se mantenga. Todos los candidatos deberían someterse al mismo nivel de escrutinio.

P. Hay diplomáticos que hablan de la posibilidad de un bloqueo, que el próximo 1 de enero la ONU no tenga un nuevo líder.

R. Sería una de las mejores formas de socavar la credibilidad de la ONU. Mostraría que no nos tomamos en serio el organismo. Espero que no lleguemos a ese punto.

P. ¿Qué importancia le da a que se respete el principio de rotación, según el cual ahora es el turno de un candidato o candidata de América Latina y el Caribe?

R. Ese principio se estableció para garantizar cierto grado de certeza y equidad. Si empezamos a destruir estos procesos informales vigentes, ¿qué vendrá después?

P. Pero hay voces que recuerdan que cuando Guterres fue elegido le correspondía a Europa del Este.

R. Entonces, como eso sucedió, ¿ahora debemos hacerlo otra vez? No lo creo. Tenemos cinco candidatos de esa región. Y las votaciones informales apuntan a que alguno puede ser elegido. Es una buena señal.

P. Por primera vez en sus más de 80 años de historia, la ONU puede ser encabezada por una mujer. ¿Este es por fin el momento?

R. En la resolución sobre el nombramiento del secretario general se refiere constantemente a “él”. Pero ahora estamos en 2026 y no se cuestiona la competencia de las mujeres. Yo no presento esta candidatura por ser mujer; lo hago basándome en mi capacidad y mi competencia. Pero si hay un lugar que debería dar ejemplo sobre la igualdad entre hombres y mujeres es la ONU. Ha llegado el momento de que la otra mitad de la humanidad tenga también la oportunidad de desempeñar esa función. Aunque, en última instancia, serán mayoritariamente hombres quienes tomen esa decisión.

P. ¿Qué mensaje se enviaría si, tras liderar dos mujeres el proceso, finalmente se eligiera a un hombre?

R. El mundo reaccionaría. Sería un mensaje muy negativo. Las mujeres que participamos en este proceso hemos dado la cara. No creo que, a estas alturas, el mundo haya llegado a la conclusión de que ninguna de nosotras reúne el perfil adecuado.

P. ¿Por qué cree que usted es la persona adecuada para el puesto?

R. Creo que reúno la experiencia necesaria. No provengo únicamente del ámbito diplomático; he trabajado sobre el terreno. Ejercí como ministra durante 14 años y como legisladora, para ello hay que saber negociar. Y también trabajé en la administración pública internacional. El secretario general desempeña un papel fundamental a la hora de tender puentes. Esa ha sido también la tónica de mi vida: unir a las personas y tender puentes para lograr cambios reales sobre el terreno.

P. La personal elegida deberá encabezar una ONU sometida a varias crisis y a la que amenaza la pérdida de relevancia en la resolución de los grandes conflictos del mundo. ¿Cuál es su respuesta?

R. La ONU, que se fundó tras la II Guerra Mundial, ha desempeñado un papel central en la construcción de la paz.

P. Pero ahora mismo no ocurre eso…

R. Y habría que examinar por qué. El secretario general siempre tiene margen de actuación, incluso cuando hay una fractura entre ciertos miembros del Consejo. El secretario general debe ser valiente y audaz para proponer vías de solución. Hay que intentarlo. No existe otra alternativa si se quiere devolver a la ONU su papel central en la construcción de la paz.

P. ¿Lo ha hecho Guterres? ¿Qué cree que ha hecho bien y qué mal?

R. No voy a juzgar. De eso ya se encargará la historia. Pero hay que hacer mucho más de lo que estamos haciendo, por ejemplo, en las operaciones de mantenimiento de la paz. Estas operaciones debían ser un medio para alcanzar un fin: desplegar fuerzas de paz mientras se lograban soluciones políticas. Sin embargo, tenemos misiones de mantenimiento de la paz que llevan décadas activas sin que se produzcan avances significativos en el plano político. Debemos trabajar para lograr soluciones políticas; esa sería la verdadera medida del éxito de estas operaciones.

P. Vemos cada día cómo se va desmoronando el orden internacional que surgió tras la II Guerra Mundial. ¿Está la ONU condenada a desempeñar cada vez un papel menor?

R. Menoscabar a la ONU supone un riesgo. La ONU sigue siendo el baluarte del multilateralismo, que es nuestra única garantía de paz y seguridad. Si fragmentamos o debilitamos la ONU, volveremos a un escenario al que no queremos regresar, a la ley de la selva. Podemos plantearnos trabajar en grupos más reducidos para hallar ciertas soluciones, pero para globalizarlas o legitimarlas no existe otro foro que la ONU.

P. Otra de las crisis que afronta la ONU es la financiera. ¿Cuál es su receta?

R. El 42 % del presupuesto de las Naciones Unidas es financiado por dos países. No creo que sea sostenible.

P. ¿Deberían entonces pagar más los países medianos?

R. Habría que debatirlo. Hay ámbitos en los que podemos mejorar y ganar eficiencia sobre el terreno, pero no creo que los retoques superficiales vayan a resolver el problema fundamental. La ONU tenía 51 miembros cuando se creó y hoy tiene 193. Pero seguimos operando con las estructuras de 1945. Hay muchos países que reclaman reformas, en la secretaría, para hacerla más eficiente; en los fondos y programas de los organismos, para mejorar nuestra labor sobre el terreno; y en el Consejo de Seguridad.

P. Siempre se habla de reformar el derecho de veto de los cinco miembros permanentes, pero al menos a corto plazo no parece muy realista.

R. En política, todo es posible. De los debates con los países, se desprenden dos mensajes muy claros: a favor de una representación más amplia y sobre la rendición de cuentas por parte del Consejo de Seguridad. El desafío consiste en lograr las dos cosas. El Consejo de Seguridad corre el riesgo de volverse irrelevante. Si el mundo y la mayoría de los Estados miembros perciben que es incapaz de resolver o prevenir conflictos, buscarán otras vías para solucionarlos. Y supongo que nadie desea caer en la irrelevancia. Llegará el momento de un Consejo de Seguridad reformado, pero para eso hace falta que los Estados miembros avancen.

Fuente: EL PAIS