Sin contemporizaciones

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Ver al jefe de Estado arrastrando su maleta de mano buscando asiento en el avión, fue obra maestra de los estrategas.

Escrito Por: Carmen Imbert Brugal

La escena provocó emoción en el colectivo todavía cautivo de los juegos del poder. Ver al jefe de Estado arrastrando su maleta de mano buscando asiento en el avión, fue obra maestra de los estrategas.

Humildad para Dummies, conveniente en el momento iniciático del Cambio. Para enviar el mensaje de austeridad, el presidente renunció a su condición de clase que le permitía viajar cómodo y tranquilo, alejado de la marabunta que aplaude cuando el avión aterriza.

Atrás quedaba el mundo perverso de los que llegaron al mando en chancletas para recibir a los bienaventurados que debutaron con declaraciones juradas plagadas de deudas por cobrar, de vehículos blindados, joyas y pinacotecas para así insuflar credibilidad al patrimonio y justificar el enriquecimiento si algún día les correspondiera dejar el poder. El presidente y su exigua comitiva viajaban en vuelo comercial rumbo a Nueva York para participar en la Asamblea General de la ONU, el rigor servía para cumplir con el decreto 396-21. El primer decreto de austeridad de su Gobierno ordena lo reescrito varias veces, sin posibilidad de ejecución menos de seguimiento.

El boato fue en principio disimulado, luego inocultable. El gozo no ha podido controlarse en la administración de la pulcritud y vigilancia ética. Y poco importa porque todavía prima aquello del usufructo de la función pública. A pesar de las proclamas de virtud y las loas a la transparencia, la función se disfruta. El gatopardismo es invencible, la ventaja ha sido el silencio de las voces que se desgañitaban denunciando a los beneficiarios de la largueza del erario. Esas voces enmudecieron, el alpiste ha sido esparcido y el efecto es conveniente. El Decreto pretendía “procurar la racionalización de componentes importantes del gasto público por medio de la aplicación y cumplimiento de un conjunto de medidas administrativas”. Limitación de viáticos, viajes, de uso de vehículos oficiales, de flanqueadores, restricción para obsequios, reducción de fiestas, de remodelaciones y el etcétera frívolo que entretiene.

La reiteración de propósitos vuelve en el Decreto 71-24. Más de lo mismo inquietante que exigiría una observación inexistente porque los veedores conspicuos están ahítos de las prebendas que aspiran controlar. La pandemia exigía y permitió, después el conflicto Rusia- Ucrania obligó otra narrativa de restricciones siempre alabando el crecimiento de nuestra economía y las condiciones de super potencia antillana, inmune a los percances que afectan otros países de la región. Después de las visitas de una comisión oficial a los presidentes del PLD y de la Fuerza del Pueblo y de una reunión con el Consejo Permanente de la Conferencia del Episcopado, para conversar sobre el impacto del conflicto Golfo Pérsico/Medio Oriente, los visitados manifestaron la disposición de colaborar y pidieron “un plan claro”. Las visitas avalaron la ficción del Gobierno dialogante. Mientras los consultados esperaban el plan fue convocado el Consejo de ministros y publicadas las decisiones. Los hechos son más importantes que los decretos. La austeridad de “paños tibios” mencionada por Balaguer en el discurso de toma de posesión-1966-, antes de promulgar la ley de austeridad, es inservible. Se necesita la aplicación de las medidas “sin preferencias discriminatorias ni contemporizaciones”.

Fuente: Hoy