El poder personal: para influir de forma positiva

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Julie Diamond, en su libro sobre El poder, establece la forma de cómo influenciamos en los demás, pero sobre todo en nosotros mismos

Escrito por: José Miguel Gómez

Hablar del poder personal implica la capacidad de dirigir la vida de forma sana, responsable y funcional, logrando autonomía emocional, económica y espiritual. La persona con poder personal, se autogobierna, es armador de su proyecto de vida, de logros, propósitos y de su adaptación social.

Julie Diamond, en su libro sobre El poder, establece la forma de cómo influenciamos en los demás, pero sobre todo en nosotros mismos. Esa influencia en el entorno parte de la autoconfianza, el autoconocimiento, la responsabilidad y los límites que uno se impone para proteger las vulnerabilidades y funcional con el entorno psicosocial. Es decir, los valores, emociones, pensamientos, actitudes, propósitos de vida ayudan a construir el poder personal.

Sin embargo, el autocontrol, la regulación emocional, el control de los impulsos y conectar con los demás de forma saludable y adaptativa, deja expresado el poder de una persona, para influenciar e incidir en las demás.

LAO TSE dijo: “El que domina a los otros es fuerte; el que se domina a sí mismo es poderoso”. De eso se trata cuando hablamos del poder personal y del poder social, influir en los demás de forma positiva, oxigenante, nutriente, como identidad y como referencia digno de imitar.

Cuando se habla de una persona sin poder personal, se describe a alguien sin propósito, sin fortaleza emocional, de pobre inteligencia social y emocional, sin sentido y sin brújula en la vida, o sea, alguien influenciable, manipulable, predecible, sin coherencia y sin autoconocimiento de sí mismo.

La trampa social es, que las personas parecen anestesiadas, entretenida y esclavizada por la tecnología y el mundo digital; pero también, por placer inmediato, el consumo y la distracción. El poder personal, visto desde este modelo cultural, describe a una persona sin poder, frágil, de cristal, de pobre identidad y sin fortaleza emocional para soportar o gerencial las adversidades.

Existen indicadores en salud mental que establecen la pérdida del poder personal como son: la disfuncionalidad, los comportamientos inadaptativos, las desregulaciones emocionales, las ediciones o la inmadurez psicoemocional para conectar en los diferentes espacios de la vida.

Para administrar el poder personal de forma equilibrada y eficaz, hay que empezar por conocerse así mismo, tener autocontrol, confianza, enfoque y disciplina que, junto a la actitud, son las que motivan y empujan a pedalear un mundo y una sociedad en conflicto.

El poder personal se trabaja con el conocimiento, la inteligencia social, la prudencia, el tacto y la intuición de aprender a ponderar los riesgos y las consecuencias negativas de los procesos adversos.

Ser resiliente personal y social, habla de ese poder personal, que ayuda a levantarse de la adversidad, de salir fortalecido y con mayor conciencia de las crisis y de los traumas.

A los jóvenes y adultos en edad productiva hay que estimularlos y motivarlo a construir el poder personal para dirigir sus propias vidas de forma sana. En el mundo actual, en las sociedades competitivas, desapegadas y desconectada donde se siente la hostilidad, el riesgo y la incertidumbre hay que construir el poder personal y social. El desafío de cada ser humano, es no perder su poder personal, su identidad, su coherencia y sus valores. Sin embargo, el logro y la trascendencia es poder influenciar a otras personas, o ser un modelo de comportamiento y de vida digno de imitar y de vivir.

Fuente: Hoy