Senador en el mercado

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La búsqueda de personajes decorosos ha sido incesante

Escrito Por: Carmen Imbert Brugal

El inconveniente de la opción ética es la fragilidad, cualquier desliz arriesga la apuesta. La búsqueda del hombre honesto ha sido desvelo en la historia republicana.

Con la linterna legendaria de Diógenes y pensando en esa persona proba, necesaria e inalcanzable, Franklin Domínguez, actor, dramaturgo, político, comenzó a buscarlo tras aquella obra que marcó una época.

La frustración que produjo el desalojo de Palacio del presidente Juan Bosch, mediante un golpe de Estado -1963-, hecho que permitió el desborde de las apetencias, anidadas en las intenciones de los representantes de los partidos y organizaciones políticas y en los mentores de “las fuerzas vivas de la nación”, tan influyentes como ahora, motivó la escritura de aquella pieza teatral emblemática “Se busca un hombre honesto”.

La trama se desarrolla en “República Sálvese Quien Pueda”. El goloseo del erario es la motivación de los lideres de los partidos “Todo-Para-Mi”, “Todo-Para-Nadie” y “Todo-por-la-Fuerza”.

Transcurrido el tiempo algunos tildan el texto y el objetivo de la obra como muy cándidos, otros infieren que la denuncia de ambición desmedida después del magnicidio permite pensar que en democracia la honestidad es inexistente. Procede preguntar la honestidad de quién y cuál honestidad, porque si después del 1961 la cualidad dejó de existir tendríamos que asumir que “el jefe” fue honesto y su gabinete, por temor y sin opción, también

Desde entonces hasta la fecha, la búsqueda de personajes decorosos que además sepan administrar la cosa pública ha sido incesante. La pureza al mando es consigna oportunista para lograr la adhesión de la ingenuidad y despertar pasiones descalificadoras.

La división entre buenos y malos fue más que beatifica y efectiva en el año 2020. Superó las alborotadoras “manos limpias”, marca del segundo gobierno del PRD, en el siglo pasado.

Los estrategas creadores del “Cambio” construyeron una nomenclatura ética, inventario inexpugnable de buenos, dispuestos a la competencia electoral y a sacrificarse por la patria con promesa de decreto. Ciudadanía colmada de virtudes y de propósitos salvadores para construir la patria nueva.

Idearon estereotipos para difundir el mensaje, la buena nueva. El libreto incluía la egolatría, la autoproclamación de la moralidad y la abnegación. Y aparecieron “los independientes” que trabajaron junto a los apóstoles de la ética, resguardados en sus organizaciones “no partidistas” y aupando el Cambio, paradoja que ha dejado beneficios e influencia mayúscula e imponente.

Sumaron votos y algunos dijeron cuanto fue el precio del respaldo electoral. El hoy disidente senador Taveras detalló su maniobra financiera para conseguirlo. Inolvidable la confesión hecha por el legislador revelando la solicitud de una línea de crédito para subvencionar el triunfo, la sinceridad dejó estupefactos a sus creadores. Pero no hubo críticas, tampoco reacción del partido que lo recibió con júbilo y apoyó su senaduría. La conveniencia obligaba aceptación y recato, aunque el disfraz ético fue perdiendo telas y mostrando identidad.

El congresista empresario, protagonista de soliloquios agobiantes, crítico de “la vieja política”, auspiciador de movimientos, tan “espontáneos” como bien organizados, hoy es agente libre. Un tanto devaluado en el mercado de la virtud, la expectativa está en la oferta. ¿Quién hará la primera puja?.

Fuente: Hoy