Moscú (EFE).- El presidente de EE.UU., Donald Trump, no felicitó al jefe del Kremlin, Vladímir Putin, por su 74 cumpleaños. Pero le hizo el mejor de los regalos, levantar las sanciones contra las exportaciones de combustible ruso vigentes desde el comienzo de la guerra en Ucrania.
Putin, que cumplió años el pasado 7 de octubre, se lo había dicho en varias ocasiones: una tregua energética entre Rusia y Ucrania no solucionaría los problemas que aquejan al mercado internacional. En su opinión, sólo lo haría la reanudación del bombeo del petróleo y los productos petrolíferos rusos.
Consciente de que llegar a un acuerdo con Irán parece ahora imposible, Trump optó esta semana por poner fin a la prohibición de comprar petróleo, gas y carbón rusos, en vigor desde el 1 de abril de 2022.
Un inesperado salvavidas
La noticia no pudo llegar en mejor momento para Putin, que quiere aprobar a toda costa un presupuesto de guerra para el próximo trienio con un gasto en defensa de 600.000 millones de dólares.
Rusia, cuyos beneficios por las exportación de hidrocarburos ha caído este año un 17 % pese al alza de los precios del crudo, ha tenido que aumentar los impuestos y tomar otras impopulares medidas de austeridad para equilibrar las cuentas. La economía está estancada y el déficit público representa ya un 2,2 % del PIB y, según las predicciones, alcanzará el 3 % a finales de año, el doble de lo previsto.

Los expertos rusos son conscientes de que la decisión de Trump es coyuntural -afronta elecciones el 3 de noviembre-, pero, al mismo tiempo, consideran que es una confirmación de que, en realidad, «no existe ningún aislamiento de Rusia», sólo un bloqueo occidental.
Trump «ha tenido que recurrir a medidas desesperadas para mejorar sus índices de popularidad y evitar una derrota. Nosotros, por nuestra parte, lo aprovechamos y presionamos a Trump y su Administración en el marco del proceso de paz», admitió el politólogo Malek Dudakov a medios locales.
Ahora, Rusia tiene menos motivos que nunca para negociar un alto el fuego, al menos mientras dure el acuerdo -abril de 2027-. De hecho, durante su conversación telefónica del viernes, Putin aseguró que pensará «cuándo» se pueden reanudar las negociaciones tripartitas estancadas desde febrero.
La ira de Zelenski
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, no dudó en mostrar su ira al calificar el acuerdo entre Trump como «un regalo» para Putin y como algo «impropio de un aliado». Le secundaron la Unión Europea y numerosos congresistas estadounidenses, tanto republicanos como demócratas que habían apoyado el último paquete de sanciones contra Moscú.
Días antes Zelenski ya había denunciado la hipocresía estadounidense de hacer negocios con Rusia, al tiempo que lamenta «el punto muerto» en las negociaciones de paz. Además, esto ocurre después de la muerte de más de 100 civiles ucranianos en la última semana, según la ONU.
«Trump y Zelenski nunca congeniaron», comentó Fiódor Lukiánov, especialista en relaciones internacionales. El motivo es bien conocido, la negativa de Zelenski a cooperar con Trump para perseguir judicialmente al hijo del expresidente Joe Biden (Hunter) por sus oscuros negocios en Ucrania.
Según informa Axios, Trump intentó convencer hasta en seis ocasiones a Zelenski para que éste suspendiera los ataques contra las refinerías rusas, pero éste pidió a cambio que Moscú cesara los bombardeos contra su infraestructura energética. Es decir, pidió una tregua energética, pero Washington exigía concesiones unilaterales inaceptables para Kiev.
Para Trump los ataques ucranianos y rusos no son iguales, ya que los primeros «también dañan a Estados Unidos». El propio presidente lo confirmó el sábado: «Le dijimos ‘puedes hacer lo que quieras con Rusia, pero no ataques las refinerías’, porque ese es un problema mundial que él está causando. Y quiere crear problemas para el mundo, problemas para nuestros agricultores, nuestros ganaderos, con el combustible diésel, porque Rusia suministra una gran parte del combustible diésel en todo el mundo».
No se quedó ahí, ya que hizo suyo uno de los argumentos preferidos de la propaganda rusa: «Ha llegado el momento de que Ucrania tenga un nuevo presidente».
¿Y ahora qué?
«Ucrania hará todo lo posible para torpedear el acuerdo», pronostica Lukiánov. Por de pronto, el viernes los ucranianos atacaron una refinería en la región siberiana de Omsk -a unos 3.000 kilómetros de la frontera- y el sábado una terminal petrolera en la región sureña de Rostov.
Desde junio los drones ucranianos han golpeado una treintena de refinerías rusas, algunas de las cuales han tenido que suspender sus operaciones, lo que ha reducido la capacidad de procesamiento nacional a los niveles de hace veinte años.
Otro experto, Alexéi Mujin, advierte que «ahora EE.UU. está interesado en el cese de los ataques contra las refinerías rusas, pero después del 3 de noviembre ya no lo estará. Rusia no tiene que orientarse por lo que le interesa a EEUU o Ucrania. Hay que lograr que el ejército ucraniano no pueda dedicarse a actividades terroristas en territorio de la Federación Rusa».
En cambio, según Financial Times, los ucranianos tienen otros planes en mente. «Incendiaremos sus refinerías», comentó al diario un alto funcionario ucraniano. Lo mismo le dijeron fuentes oficiales a RBK-Ucrania: «Ucrania continuará los ataques contra las refinerías mientras no haya una tregua energética».
Fuente: EFE

