Abdul El-Sayed, la apuesta más arriesgada de los demócratas para las elecciones: “Habrá que exigir responsabilidades a Trump por todo el mal que ha hecho”

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El político de Míchigan, que ha revolucionado la campaña con su perfil progresista y aspira a ser el primer senador musulmán, responde en EL PAÍS a los ataques republicanos: “Quieren un país más pequeño, pero yo quiero que quepamos todos”

Falta más de una hora para que el protagonista aparezca, pero la cola ya da la vuelta a la manzana. Decenas de personas esperan pacientes su turno para ver al hombre que se ha convertido en la gran esperanza del sector izquierdista de los demócratas. Cuando comienza a hablar estalla la locura: “Mi nombre es Abdul El-Sayed y voy a ser vuestro próximo senador en Washington”. Durante la próxima hora, los centenares de personas que se congregan en este recinto aplaudirán, reirán y jalearán cada palabra que salga de la boca de la nueva estrella de la política estadounidense, que ha convertido ya en marca de la casa su uniforme de camiseta negra ajustada y vaqueros. Estamos en Lansing, capital de Míchigan, donde se libra una de las batallas más apasionantes de las elecciones de medio mandato para las que quedan poco más de tres semanas.

Seguidores de Abdul El-Sayed, durante un acto el pasado jueves, en una imagen de la cuenta de Facebook del candidato demócrata.

Unos días antes de esta cita, El-Sayed respondió por teléfono a las preguntas de EL PAÍS. En esa conversación dejó claro que su prioridad es luchar por la mejora de la vida de los ciudadanos de Míchigan. Pero también dio una idea de lo que se le avecina a Donald Trump si el próximo 3 de noviembre él y unos cuantos demócratas más desembarcan en el Capitolio y, como sugieren algunas encuestas, obtienen la mayoría en la Cámara de Representantes y ―quizás― también en el Senado.

―¿Cuál es su plan si ganan las elecciones?

―Tenemos que hacer la vida más asequible para la gente común. Eso supone acabar con una guerra estúpida en la que no deberíamos haber entrado. Supone reconstruir las agencias del Gobierno que están fallando por culpa del Departamento de Eficiencia Gubernamental de Elon Musk. Y supone también dar la batalla por una sanidad mejor en lugar de los recortes que ha ejecutado la Administración republicana. Pero también es fundamental que exijamos responsabilidades a Trump y a su equipo por todo el mal que han hecho.

―¿Quiere decir eso que el Congreso que se forme en 2027 debería abordar la destitución o impeachment del presidente?

―No me corresponderá a mí como senador iniciar el proceso, sino a la Cámara de Representantes. Mi prioridad son los precios de la gasolina y de los alimentos y el acceso a la sanidad de los ciudadanos de Míchigan. Pero también creo que cuando tenemos gente como [el secretario de Defensa] Pete Hegseth, que ha fracasado en esta guerra, o [el secretario de Salud] Robert F. Kennedy es importante investigar a fondo qué han hecho y por qué.

En la conversación telefónica no da más detalles. Pero al insistir tras el acto en Lansing a qué se refiere cuando pide investigar la actuación de la Administración republicana, El-Sayed pone un ejemplo: cómo gestionó el Gobierno este verano un brote de diarrea explosiva causado por lechugas contaminadas de Cyclospora. “Todo comenzó con una lechuga contaminada con heces. Miles de ciudadanos sufrieron las consecuencias de que la Administración dejara sin fondos al departamento responsable de estas crisis sanitarias. Quiero saber qué pasó. Me gustaría preguntar a Kennedy: ¿Quién autorizó la lechuga con mierda? Porque hasta ahora nadie ha explicado nada. Ese es solo un ejemplo de muchos”.

La batalla de Míchigan

El próximo 3 de noviembre, los estadounidenses tendrán que renovar toda la Cámara de Representantes y un tercio del Senado, además de elegir un sinfín de cargos estatales y locales. Hasta hace poco, hacerse con el control de la Cámara alta parecía poco menos que imposible. Pero la impopularidad de Trump y la sorprendente fortaleza de algunos candidatos como James Talarico en Texas o Mary Peltola en Alaska hacen que eso que parecía un sueño esté ahora en el ámbito de lo imaginable.

En este escenario, la batalla de Míchigan es especial por varios motivos. Aquí, Trump ganó a la demócrata Kamala Harris en 2024 por la mínima, con una diferencia de solo 80.000 papeletas. A este Estado del Medio Oeste con algo más de 10 millones de habitantes le toca ahora renovar el escaño de un senador demócrata que había decidido retirarse. Y todo parecía preparado para que la herencia pasara a manos de la congresista Haley Stevens, que contaba con el apoyo entusiasta del establishment del partido y del muy generoso lobby israelí.

Pero en su camino se cruzó El-Sayed, un médico de 41 años, musulmán, hijo de inmigrantes egipcios y con buenas conexiones con la órbita de los socialistas de Alexandria Ocasio-Cortez y Zohran Mamdani. El-Sayed fue ganando fuerza este verano con una campaña cuyo lema, “Dinero fuera de la política, dinero en tus bolsillos y sanidad para todos”, repite machaconamente en cualquier ocasión.

En su éxito tuvo mucho que ver una estrategia en redes sociales muy atrevida, con vídeos donde se le veía levantar pesas, una de sus pasiones, o haciendo coreografías de grandes hits de divas como Whitney Houston y Taylor Swift, siempre adaptando las letras de las canciones a su lema de campaña.

Abdul El-Sayed y la exvicepresidenta Kamala Harris, en un acto en Detroit el pasado 22 de septiembre.David Guralnick (via REUTERS)

Su discurso en contra de la gigantesca influencia del dinero en la política estadounidense atrajo a muchos jóvenes decepcionados con sus gobernantes y a quienes estaban indignados con el apoyo de su país al Gobierno israelí en su matanza en Gaza. Lo que parecía imposible ocurrió y el semidesconocido aspirante derrotó a la experimentada política. Pero a un alto precio. La victoria de El-Sayed sobre su rival demócrata, por un puñado de votos, mostró hasta qué punto los demócratas estaban divididos entre sus dos almas. Desde entonces, pesos pesados como el expresidente Barack Obama o la exvicepresidenta Kamala Harris han tratado de restañar las heridas del partido con su apoyo al candidato por Míchigan.

Una meta histórica

Si gana el próximo 3 de noviembre, El-Sayed habrá hecho historia. Porque se convertiría en el primer senador musulmán de Estados Unidos. Y demostraría además que la ola progresista que inició Mamdani en Nueva York no está confinada a grandes ciudades liberales. Un senador llamado Abdul El-Sayed podría ser la señal que necesita la congresista Ocasio-Cortez para comprobar que hay agua debajo de la piscina y lanzarse a una candidatura presidencial en 2028. Su victoria confirmaría que los izquierdistas también pueden conquistar territorios bisagra, aquellos al alcance de la mano de los dos partidos. Él es consciente de todo esto, pero prefiere hablar de otros temas.

―¿Es Míchigan la prueba definitiva para ver hasta dónde puede llegar el ala progresista de los demócratas?

―Quizás. Pero mi atención está más en el futuro de los ciudadanos de Míchigan que en el futuro del partido.

Las encuestas reflejan por ahora una ligerísima ventaja de El-Sayed que en realidad se parece más a un empate técnico con Mike Rogers, su contrincante republicano, un antiguo congresista muy cercano a Trump. Todos estos factores pesaban en el encuentro de este viernes con votantes en Lansing, hasta convertir el acto en algo electrizante.

Los candidatos a senador por Míchigan, el demócrata Abdul El-Sayed, y el republicano Mike Rogers, el pasado jueves durante el debate que celebraron en Grand Rapids.Paul Sancya (AP/LaPresse)

El acto estaba lleno de convencidos de la causa. Como Joshua Pearl, de 19 años, que se sumó a la campaña de El-Sayed este verano atraído sobre todo por su discurso duro contra Israel. “Me vuela la cabeza la idea de que mis impuestos sirvan para financiar un genocidio”, asegura. Pero también hay otros como Chuck Golden, de 85 años, que ha votado a veces a los republicanos y a veces a los demócratas y está hoy aquí para comprobar él mismo si puede confiar en este nuevo candidato. A este ingeniero jubilado lo que más le motiva en estos momentos es castigar a Trump.

El discurso del miedo al islam

La candidatura de El-Sayed ha demostrado cómo los republicanos están dispuestos a usar su fe musulmana como arma electoral. En el debate de televisión que ambos protagonizaron este jueves, el republicano Rogers le acusó de recibir financiación de Hamás, Hezbolá y Al Qaeda. Usó hasta una decena de veces la palabra musulmán. Trump arremete habitualmente contra el demócrata de Míchigan, al que prefiere llamar por su segundo nombre, Mohamed, en una estrategia parecida a la de referirse a Obama como Hussein.

Tras el debate, el presidente llamó a El-Sayed “yihadista lunático que odia a Estados Unidos y a los negros”. Esta última mención tiene sentido porque apunta a alguna de las debilidades del demócrata, que tiene mucho apoyo de jóvenes y musulmanes, pero es mucho menos popular entre afroamericanos, judíos y mayores. El pasado agosto se vio obligado a pedir perdón por sus palabras de unos meses atrás, cuando tras un ataque antisemita a una sinagoga dijo que “la gente herida suele herir a gente”, un comentario que se entendió como un intento de relativizar la culpa del agresor.

En esta campaña, El-Sayed rehúye un discurso de orgullo de su fe musulmana y de reivindicar el hito que supondría su llegada al Senado. En su lugar, opta por un tono más patriota, en el que siempre ensalza a unos Estados Unidos en los que quepan todas las diferencias.

―Un cuarto de siglo después de los atentados yihadistas del 11-S, la islamofobia sigue siendo un problema real. ¿Qué supondría para la comunidad musulmana tener su primer senador?

―Estados Unidos es lo suficientemente grande para todos. Hay quienes quieren hacer un país más pequeño. Nosotros queremos hacerlo más grande, en el que quepamos todos. En este movimiento que construimos musulmanes, judíos, cristianos, hindúes, sijs y ateos aspiramos a unirnos para centrarnos no en nuestras diferencias, sino en lo que nuestra nación puede ser para todos.

―¿Pero cree que su victoria tendría un significado especial para los musulmanes de Estados Unidos?

―Todas las comunidades quieren verse representadas y considero importante que nuestros líderes reflejen la realidad de nuestra nación. Por eso, independientemente de quién seas, espero que esta contienda te recuerde que tú también eres parte de esta comunidad. Tanto si rezas como yo o no, sin importar a quién ames o cómo te identifiques respecto al color de tu piel. Estamos demostrando la grandeza de este país y lo mucho que significa para todos nosotros.

Cuando a El-Sayed se le pide que eche la vista hacia atrás y diga qué supone que el hijo de inmigrantes egipcios que llegaron a Estados Unidos a finales de los setenta consiguiera un título de Medicina en Columbia y esté ahora a un paso de conquistar el Senado, él echa mano de su abuela. “No fue a la escuela, pero es la persona más sabia que he conocido”, responde.

Pero al instante vuelve al modo electoral: “Nunca vivió en Estados Unidos, pero comprendía la suerte que tuve de nacer y criarme aquí. Quiero construir un futuro para personas como ella, muy inteligentes y capaces, pero sin las oportunidades que necesitan. Y quiero ayudar a construir un país en el que cualquier niño pueda mirar al futuro y decir: ‘Me espera una vida increíble; tengo la gran fortuna de haber nacido y crecido aquí’. Digo esto consciente de lo improbable que resulta mi caso”.

Faltan solo unas semanas para saber si El-Sayed va a conseguir algo que hace muy poco parecía imposible. Su discurso contra la corrupción puede atraer a votantes de todas las ideologías, aunque está por ver si la división de los demócratas no le pasa factura. Mientras, él se muestra convencido de que esta apuesta arriesgada merece la pena, sobre todo por su gran obsesión: asegurar un sistema de sanidad público universal, algo habitual en otros países pero que en Estados Unidos suena revolucionario.

Así lo explica él: “No se trata de copiar modelos de otros lugares. Este es el mejor país del mundo. Cuando nos decidimos a hacer algo, nadie lo hace mejor. Y creo que ha llegado el momento de plantar cara a las grandes empresas que nos exprimen simplemente porque enfermamos”.

Fuente: EL PAIS