La importancia de soñar en grande: el caso del cacao

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Escrito Por: Juan Ariel Jiménez

El legendario corredor de automóviles Bobby Unser decía que “el éxito es donde la preparación y la oportunidad se encuentran”. Aunque la frase suele aplicarse al deporte o a las trayectorias personales, en realidad describe muy bien lo que también ocurre con los países. En la vida económica de una nación, las oportunidades aparecen de vez en cuando, pero solo los países preparados logran convertirlas en progreso real.

Y es que el desarrollo económico no es cuestión de suerte. Es el resultado de combinar visión con políticas públicas bien pensadas que preparan a los sectores productivos para aprovechar los buenos momentos cuando estos llegan. En pocas palabras, se trata de soñar en grande y ejecutar en los pequeños detalles.

Un buen ejemplo de cómo funciona esta combinación entre oportunidad y preparación lo encontramos en el sector cacao, un cultivo que forma parte de la historia agrícola de la República Dominicana y que posee un enorme potencial para generar ingresos en las zonas rurales del país.

En los últimos años, el mercado internacional del cacao vivió un fenómeno extraordinario. Entre 2022 y 2025 el precio internacional llegó a multiplicarse por cinco, impulsado por diversos factores que afectaron la oferta global. Para los países productores, era una oportunidad histórica.

Sin embargo, esa oportunidad encontró a la República Dominicana sin una estrategia clara que permitiera aprovechar plenamente el momento. Mientras los precios internacionales subían a niveles sin precedentes, la producción nacional se mantuvo en caída durante los años 2024 y 2025. Como resultado, el aumento registrado en las exportaciones dominicanas de cacao se debió fundamentalmente al efecto precio, y no al aumento de la producción. En otras palabras, el país ingresó más divisas porque el cacao valía más en el mercado internacional, no porque estuviéramos produciendo más cacao ni generando mayor actividad económica en el campo.

Esto debería invitarnos a reflexionar, sobre todo cuando observamos lo que ha ocurrido en otros países de América Latina que decidieron soñar en grande y apostar con decisión al desarrollo de su sector cacaotero.

Tomemos el caso de Ecuador.

En 2004, las exportaciones ecuatorianas de cacao ascendían a unos 162 millones de dólares. Para 2025, superaron los 4,000 millones de dólares. En otras palabras, el país multiplicó sus exportaciones por casi 25 veces.

Detrás de ese extraordinario crecimiento no hay coincidencias ni buena suerte. En 2012 Ecuador lanzó el Proyecto de Reactivación del Cacao Nacional Fino y de Aroma, una política pública que impulsó la renovación de plantaciones, promovió la expansión del área cultivada e introdujo mejoras importantes en la productividad agrícola. Gracias a esta estrategia, el país logró duplicar el terreno cultivado y triplicar la productividad, lo que permitió que más de 100 mil familias de pequeños productores vieran aumentar significativamente sus ingresos.

Algo similar ocurrió en Perú.

En 2004 las exportaciones peruanas de cacao ascendían apenas a 29.5 millones de dólares. Para 2025, esa cifra superó los 1,400 millones de dólares, lo que significa que el país multiplicó sus exportaciones por 47 veces.

Tampoco fue casualidad. En 2010 Perú impulsó una amplia estrategia de cooperación público-privada a través de la Mesa Técnica Nacional de la Cadena Agroproductiva de Cacao y Chocolate, un espacio donde el Estado, los productores, las cooperativas y los exportadores comenzaron a trabajar de forma coordinada para fortalecer el sector, mejorar la productividad y ampliar los mercados internacionales.

En ambos casos hubo algo en común: soñaron en grande.

Tanto en Ecuador como en Perú se entendió que el cacao no era simplemente un cultivo más dentro de la agricultura, sino una oportunidad estratégica para impulsar el desarrollo rural, generar divisas y mejorar los ingresos de miles de pequeños productores. A partir de esa visión, se diseñaron políticas públicas específicas y se construyeron alianzas entre el Estado y el sector privado para llevar el sector a otro nivel.

La comparación inevitable nos lleva entonces a preguntarnos qué ha ocurrido en la República Dominicana.

Nuestro país también tiene una tradición cacaotera importante y un enorme potencial productivo. De hecho, las exportaciones dominicanas pasaron de 55.9 millones de dólares en 2004 a 662 millones de dólares en 2025, lo cual representa un crecimiento significativo.

Sin embargo, cuando colocamos estas cifras en perspectiva regional, la diferencia se vuelve evidente. Mientras Perú multiplicó sus exportaciones por 47 veces y Ecuador por 25 veces, la República Dominicana apenas las multiplicó por 12 veces en el mismo período.

Y, aun así, todos los años celebramos el aumento de las exportaciones sin detenernos a analizar cuánto de ese crecimiento se debe realmente a mejoras en la producción y cuánto responde simplemente a cambios en los precios internacionales.

Aquí aparece una diferencia importante entre celebrar lo pequeño y soñar en grande.

Celebrar lo pequeño implica conformarnos con avances modestos sin cuestionarnos si podríamos estar haciendo mucho más. Soñar en grande, en cambio, implica reconocer el enorme potencial que tenemos como país y construir una estrategia que nos permita alcanzarlo.

Hoy el precio internacional del cacao ha vuelto a niveles más cercanos a su promedio histórico. Pero esto no significa que oportunidades similares no volverán a presentarse en el futuro. Los mercados agrícolas son cíclicos y, tarde o temprano, habrá nuevos momentos de auge. La pregunta es sencilla: ¿estaremos preparados cuando llegue el próximo?

Si queremos que la respuesta sea sí, debemos empezar desde ahora. Esto implica renovar plantaciones envejecidas, invertir en investigación agrícola, mejorar la productividad, ampliar el acceso al financiamiento rural y desarrollar la infraestructura que permita reducir los costos de producción y transporte. Significa también fortalecer las cooperativas de productores, mejorar los procesos de fermentación y secado del cacao, y consolidar una alianza estratégica entre productores, exportadores y el Estado.

Pero quizá lo más importante de todo es el cambio de mentalidad. Como país debemos dejar de conformarnos con avances modestos y debemos dejar de justificar los retrocesos. De una vez por todas, debemos empezar a aspirar a la excelencia. Debemos soñar en grande y ejecutar en los pequeños detalles.

Porque cuando vuelva a presentarse una gran oportunidad para el cacao dominicano —o para cualquier otro sector productivo del país— lo ideal sería poder decir que esta vez la oportunidad sí encontró a la República Dominicana preparada.

Fuente: Listin Diario