Emely Tueni “Detalles de mi vida”

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Al leerlo no quería llegar al final. ¡Qué gran estreno como escritora para la veterana periodista Emely Tueni! En “Detalles de mi vida” -su primer libro– atrapa al lector a través de una simple pero envolvente narrativa. Muchos de los que ya lo han leído coinciden.

El Banco Central, responsable de su edición, a través del intelectual José Alcántara Almánzar, director del Departamento Cultural -labor que viene realizando por 30 años- hizo esta valoración: “Con una prosa muy propia de quien ha ejercido durante largo tiempo el oficio de cronista, la autora narra el proceso de llegada de los Tueni al país, su aclimatación a nuestra idiosincrasia y luego su asentamiento como dominicanos de origen árabe, dedicados a los negocios, a través de pequeñas empresas en las que fueron hombres y mujeres prósperos”.

Mi opinión: “Detalles de mi vida” es muy buen relato -revelador e informativo, por demás-. Con vivencias personales, familiares, amorosas y profesionales, tejidas a través de un hilo conductor entre las épocas más significativas de la historia dominicana, transcurridas en la segunda mitad del pasado siglo y los primeros años de estos 25, que también pasan.

Un viaje por nuestra historia a través de su historia. Su niñez, en plena consolidación de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, donde ‘se vivía en una especie de limbo agobiante’, la cotidianidad en su amada Ciudad Colonial, sus años de colegiada en el Quisqueya y Serafín de Asís, ambos aún dirigidos por monjas, y en el Instituto de Señoritas Salomé Ureña.

Con la precisión de quien posee una memoria privilegiada, Emely relata cómo fue creciendo la ciudad de Santo Domingo, la calle El Conde, las avenidas Mella y Duarte, y el exclusivo sector Gascue, donde vivía la gente de dinero y poder, en sus hermosas residencias con jardines que parecían extraídos de algún cuento de hadas. Al igual, hace referencia a Villa Francisca, Villa Consuelo y San Carlos, sectores populares, colindantes, que se poblaban, conforme pasaba el tiempo, con gente que llegaban de los pueblos.

A lo largo de unas 267 páginas, hace una especie de ensayo sociológico, mostrando las desigualdades de clases sociales, imperantes siempre. Destaca los personajes de la ciudad, los primeros cines, de ricos y pobres, (El Max, Diana, Apolo, Olimpia, Santomé, Independencia…), lo que se comía en cada uno, los cortejos entre enamorados, las enfermedades de la época, como la difteria, los juegos infantiles, la música, cuando llegó la televisión, e incluso la forma cómo ‘despertaba la ciudad’, con su característico olor a cuaba y café, seguida de la puesta en escena del panadero, lechero, marchantas, periodiqueros y el vendedor de pescados y mariscos (alimentos reservados solo para quienes podían comprarlos, entre estos su papá). Con lo referido, Emely también hace un análisis comparativo, de ese pasado y del presente. Por igual, de celebraciones como: Semana Santa, antes, de estricto y solemne recogimiento y, Navidad, una época más de reencuentro familiar que comercial.

Sin perder la magia de la buena narrativa, cuenta la época de la Emely pianista, en la casa de Maricusa Delmonte, en el Conservatorio Nacional de Música, dirigido por el estricto intelectual Manuel Rueda, y en la Escuela Elemental de Música Elila Mena, donde conoció a la fallecida periodista Susana Morillo, la que luego se convertiría en compañera de trabajo en el Listín Diario, las únicas dos mujeres de la redacción.
Además, cuando abandonó la carrera de Sociología, en la entonces Universidad de Santo Domingo, por la de Periodismo, en el Instituto Dominicano de Periodismo Salvador Pittaluga, quien la recomendó a Rafael Herrera, director del Listín Dario, siendo ambos sus mentores.

Su pausa para ser ama de casa y madre de María Alexandra, Emely Ann y Federico, su ingreso al Listín Diario, al Hoy, a la radio, la Televisión, con sus grandes amigos, el compositor Rafael Solano y la comunicadora Socorro Castellanos, así como al mundo de las relaciones públicas.

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Inquieta al fin, da un salto a su propio programa de televisión, En Pareja, ideado junto a Solano, en un viaje a París. El autor de ‘Por amor’ la acompañó por poco tiempo, luego, su hija María Alexandra, jugó un rol protagónico durante sus 20 años de permanencia. Ahora, esos programas se encuentran en YouTube.

El periodismo, asunto de genética

Estudió Periodismo porque no se visualizaba toda una vida como ama de casa, se lo propuso a su primer esposo Federico Astwood, que ya era figura de la televisión, y él aceptó con el requisito de que no ejerciera. Por ahí, vino el divorcio. Se graduó estando embarazada de su único hijo varón. Así nació la periodista que se conoce hoy, y con la cual gozo de una hermosa amistad.

Sin embargo, el periodismo está en su ADN familiar. En el Líbano, su primo Gebran Ghassan Tueni fue propietario de uno de los diarios más importantes. Tuvo una vida trágica, una de sus hijas y la esposa murieron de cáncer, un hijo en un accidente, y él de regreso a su país en un ataque a un carro bomba. El diario era el An Habar (El Día), preferido por la intelectualidad libanesa, considerado un equivalente al New York Time o Le Monde, tenía sucursal en Francia y otros países.

Su padre casó con Nidia Tueni, hermana del papá de Emely, una destacada poeta, en honor a ella una calle de Beirut lleva su hombre.

En sus detalles, cita otras tragedias familiares como la muerte de sus tres pequeños hermanos, entre ellos Alexandra, quien murió asfixiada tras comerse un maní, causando gran dolor.

Emely tiene la dicha de disfrutar del resto de sus hermanos Henriette, José Miguel y Antonio de Jesús. Pase a la página 27..

Fuente: Hoy