Escrito Por: Lautaro Rivara
Un decálogo sobre sobre diez días que parecieron una década, y que sometieron al (des)orden internacional a la máxima presión concebible
Israel dobló la cerviz, al probar por fin el fruto amargo de enfrentar a una potencia regional equivalente, a una entidad estatal simétrica, bien dotada de drones y misiles balísticos de última generación. Algo que se rebeló mucho más complejo que bombardear de manera inclemente un territorio diminuto, desarmado y llano de inocentes para propiciar su limpieza étnica como sucede hoy por hoy en el Gueto de Gaza. El mito viril del domo de hierro vuelve a derrumbarse: sus sistemas defensivos falibles y limitados en el tiempo y el espacio, expusieron al mundo y a la población de colonos sus propias vulnerabilidades. El daño a infraestructuras sensibles, incluso críticas, resulta inocultable.
2) La doctrina militar israelí está preparada para librar guerras ofensivas relámpago o, como estipula la Doctrina Dahiya, para arrasar organización irregulares y territorios enteros por saturación, sin distinguir entre combatientes y no combatientes, como lo hizo en Gaza y el Líbano, contraviniendo todos los principios del derecho militar: proporcionalidad, distinción, humanidad, etcétera. Pero las propias contradicciones de la sociedad colonial, la falta de cohesión interna ante la política maximalista de Netanyahu, la fuga permanente de colonos, la estrechez de su territorio, la escasa disponibilidad de reservistas, y su dependencia de la logística, la inteligencia y el armamento de sus aliados occidentales (y de la colaboración de no pocas monarquías árabes) dificultan y con mucho enfrentar una larga guerra de desgaste como la que propuso Irán frente al desafiante ataque israelí del 13 de junio.
3) El primer y segundo punto coadyuvan a entender el tercero: la intervención norteamericana sobre las instalaciones nucleares de Irán (sobre todo en Fordo) fue mucho más medida y consensual de lo que anunció una cuidadosa y estridente propaganda de guerra, con un estilo gangsteril de indudable manufactura trumpiana. La agresión buscó dar un balón de oxígeno al proxy israelí, asfixiado por veinte ronda de ataques que afectaron, con escasos precedentes, la vida social, política y productiva de la entidad colonial. El pánico generalizado, los costos económicos de una economía paralizada, el éxodo masivo y las restricciones a la salida de los ciudadanos israelíes dan una buena medida del aprieto en que se encontraban el Likud y Benjamin Netanyahu.
4) Mucho más que una consonante separan a Irán de Irak. El gobierno de los Ayatolás no es el de Sadam Husein, en parte por haber asimilado la experiencia histórica del colapso iraquí, así como el del afgano y el libio. La república islámica lleva décadas preparándose para acontecimientos de esta naturaleza, y cuenta además con un escenario internacional mucho más equilibrado y favorable para resistir los embates del eje occidental, sean político-militares (una agresión aérea, o incluso una invasión) o bien sean económicos (como las medidas coercitivas unilaterales, menos gravosas ante la diversificación de mercados que permite la emergencia de un mundo tendencialmente multipolar).
El pánico generalizado, los costos económicos de una economía paralizada, el éxodo masivo y las restricciones a la salida de los ciudadanos israelíes dan una buena medida del aprieto en que se encontraban el Likud y Benjamin Netanyahu.
5) Así, los intentos de Rusia, China y Turquía de poner paños fríos colaboran activamente en favor de la desescalada (sin ir más lejos, el Canciller iraní Abás Araqchi se reunió con Putin horas antes de darse a conocer un eventual alto al fuego). También contribuyó el temor occidental de que potencias nucleares como algunas de las mencionadas, o incluso otras como Corea del Norte o Pakistán, pudiesen transferir a la nación persa sus propias competencias nucleares; algo que suscitó escándalo en Occidente, pero que no se diferencia de la propuesta de Emmanuel Macron de extender el paraguas nuclear francés a toda Europa en su guerra –aún indirecta y limitada– contra Rusia.
6) En la misma línea debemos considerar el valor añadido que tiene para Irán el Eje de la Resistencia. Aunque severamente debilitado con los ataques de Israel contra Hamás en Gaza y Hezbolá en Líbano (que incluso descabezaron sus respectivas jerarquías militares), el dominio de los Hutíes de Yemen del Mar Rojo y del Estrecho de Mandeb, así como el tácito control iraní del Estrecho de Ormuz (cuyo bloqueo fue aprobado por el Parlamento pero no efectivizado de momento), dan a esta entente la nada despreciable capacidad de paralizar la mayor parte del flujo de hidrocarburos de la Península Arábiga, amenazando con golpear a Trump donde más le duele: con un encarecimiento global de los combustibles que significaría una disparada de la inflación en los propios Estados Unidos, siendo ésta la variable más importante de política económica doméstica (esto, sin contar con la casi segura afectación de las cadenas de suministros globales).
7) El inicio de estas hostilidades hace parte de una profecía autocumplida: Irán, que según la propia inteligencia norteamericana no tenía bombas nucleares, ni la voluntad ni la posibilidad de desarrollarlas en un mediano plazo (Tulsi Gabbar dixit) fue arrastrado hacia un punto de quiebre existencial; a partir de ahora, tendrá muchos más motivos y argumentos para conseguir un arsenal que, como bien sabe Corea del Norte, es el único mecanismo disuasorio eficaz contra las tácticas de la guerra híbrida, a través de la cual se busca propiciar los tan mentados «cambios de régimen». Sobre lo antedicho, y aún tomando por buenas las estimaciones del nada equidistante Organismo Internacional de Energía Atómica, el nivel de enriquecimiento de uranio alcanzado por la república islámica aún está muy lejos del umbral del 90 por ciento requerido para fabricar armamento nuclear.
8) Que el objetivo final del tandem Trump-Netanyahu no es ni garantizar el derecho de Israel a defenderse (ya analizamos de manera detallada aquella vieja zoncera aquí) ni esparcir el maná democrático por Medio Oriente lo demuestra la invitación a la palestra de Reza Pahlavi, hijo del último Sha de Persia, una suerte de Juan Guaidó levantino. El objetivo: el cambio de un régimen enemigo por otro subalterno. La fantasía: restaurar la antigua monarquía pro-occidental depuesta por la revolución islámica de 1979. Sobre los estándares democráticos, no fueron pocos los analistas que repararon en un detalle sintomático: mientras el bloqueo del Estrecho de Ormuz fue debatido y decidido en el parlamento iraní, el acto de guerra de Donald Trump contra Irán se saltó la requerida aprobación del Congreso, violando de manera flagrante la constitución norteamericana, tal como lo denunciaron varios congresistas.
El proyecto MAGA de Donald Trump atravesó el cimbronazo más importante de su política exterior en lo que va de su segunda presidencia. La falta de alineamiento del elenco oficial fue evidente
9) El proyecto MAGA de Donald Trump atravesó el cimbronazo más importante de su política exterior en lo que va de su segunda presidencia. La falta de alineamiento del elenco oficial fue evidente, como ni siquiera había sucedido con la violenta agenda migratoria o con la errática marcha y contra-marcha de la política arancelaria. Los posicionamientos del vicepresidente J.D. Vance, de la directora de inteligencia Tulsi Gabbard, del ex asesor estrella Steve Bannon (hoy, tras la salida del gobierno de Elon Musk, cada vez más cerca de volver al redil) o incluso del influyente comunicador Tucker Carlson, resultan elocuentes al respecto. Así, los consensos en torno a cómo incidir en la transición hegemónica están lejos de ser monolíticos, ni tampoco es clara la definición de delegar todos los conflictos en curso (Ucrania, Medio Oriente, etcétera) en los aliados y subalternos, para reconcentrar así todos los esfuerzos y capacidades del viejo hegemón en la estratégica y dilatada disputa con China, auténtica madre de todas las batallas geopolíticas.
10) Por último, estos diez días que parecieron una década (la aceleración del tiempo histórico es otra característica distintiva de las transiciones hegemónicas), revelaron la inquietante autonomía estratégica de la que goza Netanyahu. Esto impone una pregunta decisiva: ¿cuáles son los márgenes de injerencia del proxy israelí a la hora de definir la propia política exterior norteamericana, a veces incluso contra sus propios intereses, valiéndose para eso de un poderoso lobby sionista que cuenta con recursos ingentes y con una bancada importantísima en el Congreso? Esta vez, en lo que respecta a Irán, el pirómano de Tel Aviv se quedará con los fósforos en la mano, mientras Trump vuelve a reclamar para sí el título de bombero. Mientras tanto, los incinerados por el pirómano –con el paradójico concurso del “bombero”– seguirán siendo los palestinos de Cisjordania, Jerusalén y Gaza, inmolados en una limpieza étnica que se benefició en estos días de un poderoso distractivo. Al menos, por algunas cuantas horas, las bombas no viajaron en dirección a Gaza, sino en dirección a los territorios ocupados, iluminando los cielos opacos de un enclave colonial que lleva meses sumido en la más completa oscuridad.
Fuente: DIARIO RED

