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COMBATIR LA DESINFORMACIÓN A TRAVÉS DE LA TECNOLOGÍA Y LA EDUCACIÓN

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Para combatir la desinformación es necesario usar la tecnología, pero también es esencial la implicación de administraciones, empresas, plataformas tecnológicas, agencias de verificación y, por supuesto, del propio ciudadano.

Por: Cristina Colom

La tecnología permite que cualquier persona que disponga de un teléfono inteligente o una conexión a internet tenga la capacidad de informarse sin límites ni barreras territoriales. Sin embargo, a pesar de tener un mayor acceso a contenidos, noticias y fuentes directas, se crea la paradoja de una sociedad más desinformada que nunca en la historia de la humanidad.

La desinformación es un reto mayúsculo para cualquier sociedad democrática, algo que además se ve amplificado con la capacidad de difundir todo tipo de contenidos, ya sean falsos, no contrastados, erróneos, manipulados o inventados. Esta capacidad de viralizar en cuestión de segundos informaciones, fotos o datos inexactos a través de las redes sociales o las aplicaciones de mensajería demuestra que tenemos una herramienta con una capacidad de difusión muy potente.

Para solucionar este problema debemos impulsar el espíritu crítico, atacándolo desde la raíz. Debemos trabajar desde el inicio para incorporar en el sistema educativo una alfabetización digital, enseñando a filtrar las fuentes, inculcar un pensamiento crítico y saber determinar cuándo la información es –o no– veraz.

Para solucionar el problema de la desinformación debemos impulsar el espíritu crítico, atacándolo desde la raíz

Lejos de desaparecer, la desinformación va en aumento. El conflicto en Ucrania, ya de por sí dramático, nos muestra que las guerras ahora tienen un nuevo campo de batalla que se libra en el espacio digital. Estamos ante una guerra híbrida facilitada por las nuevas tecnologías y que afecta de pleno a la seguridad y la estabilidad de un país a través de los ataques en el ciberespacio, las campañas de desinformación y la divulgación de noticias falsas, entre otras actuaciones.

De hecho, solo durante las tres primeras semanas se identificaron más de 1.600 bulos mediante el fact-checking: fotografías manipuladas o descontextualizadas por parte de ambos bandos; imágenes de otras guerras asegurando que se trataba de escenarios actuales en Ucrania; oleadas de vídeos falsos difundidos, en gran parte, a través de Youtube y TikTok; incluso hemos contado con el relato elaborado por el presidente ruso, Vladímir Putin, que asegura –sin aportar pruebas– que en la región del Donbás se estaba llevando a cabo un genocidio.

Somos conscientes de que la tecnología se ha usado como una herramienta para generar polarización, difundir discursos de odio y manipular la opinión pública. Sin embargo, no debemos demonizarla: desde Digital Future Society creemos que también puede (y debe) ser parte de la solución para contrarrestar la desinformación, especialmente teniendo en cuenta la aceleración con la que se difunden estos contenidos.

En las sociedades democráticas se han creado agencias de verificación digital que tienen un rol cada vez más relevante para determinar el grado de veracidad de los contenidos. Este papel también lo tienen las propias herramientas tecnológicas, que pueden contribuir a desenmascarar la desinformación. Debemos unir fuerzas para disponer de un ecosistema informativo veraz, sano y robusto. Durante el evento Deconstruyendo la desinformaciónorganizado por Digital Future Society en el marco del Mobile World Congress 2022, se escuchó la voz de la Comisión Europea exponiendo su plan de acción para la lucha contra la desinformación, el cual, de hecho, se dibujó en 2015 tras las ofensivas de Rusia para ocupar Crimea. También fue posible escuchar la voz de las agencias de verificación más relevantes en España, que expusieron la necesidad de utilizar la tecnología para agilizar, optimizar y verificar el proceso de desinformación, si bien también remarcaron la necesidad de entrar en el ámbito educativo desde edades tempranas para filtrar fuentes y sesgos, permitiendo desarrollar desde entonces un auténtico pensamiento crítico. Esta es también la visión de Digital Future Society: tecnología, sí; educación, también. Y para abordar este complejo reto es necesario unir fuerzas: necesitamos la implicación de administraciones, empresas, plataformas tecnológicas y agencias de verificación, pero también la del propio ciudadano. Un paso que es esencial para poder crear una sociedad digital más justa, equitativa y sostenible.

Cristina Colom es directora de Digital Future Society.

Fuente: Ethic

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Para combatir la desinformación es necesario usar la tecnología, pero también es esencial la implicación de administraciones, empresas, plataformas tecnológicas, agencias de verificación y, por supuesto, del propio ciudadano.

Por: Cristina Colom

La tecnología permite que cualquier persona que disponga de un teléfono inteligente o una conexión a internet tenga la capacidad de informarse sin límites ni barreras territoriales. Sin embargo, a pesar de tener un mayor acceso a contenidos, noticias y fuentes directas, se crea la paradoja de una sociedad más desinformada que nunca en la historia de la humanidad.

La desinformación es un reto mayúsculo para cualquier sociedad democrática, algo que además se ve amplificado con la capacidad de difundir todo tipo de contenidos, ya sean falsos, no contrastados, erróneos, manipulados o inventados. Esta capacidad de viralizar en cuestión de segundos informaciones, fotos o datos inexactos a través de las redes sociales o las aplicaciones de mensajería demuestra que tenemos una herramienta con una capacidad de difusión muy potente.

Para solucionar este problema debemos impulsar el espíritu crítico, atacándolo desde la raíz. Debemos trabajar desde el inicio para incorporar en el sistema educativo una alfabetización digital, enseñando a filtrar las fuentes, inculcar un pensamiento crítico y saber determinar cuándo la información es –o no– veraz.

Para solucionar el problema de la desinformación debemos impulsar el espíritu crítico, atacándolo desde la raíz

Lejos de desaparecer, la desinformación va en aumento. El conflicto en Ucrania, ya de por sí dramático, nos muestra que las guerras ahora tienen un nuevo campo de batalla que se libra en el espacio digital. Estamos ante una guerra híbrida facilitada por las nuevas tecnologías y que afecta de pleno a la seguridad y la estabilidad de un país a través de los ataques en el ciberespacio, las campañas de desinformación y la divulgación de noticias falsas, entre otras actuaciones.

De hecho, solo durante las tres primeras semanas se identificaron más de 1.600 bulos mediante el fact-checking: fotografías manipuladas o descontextualizadas por parte de ambos bandos; imágenes de otras guerras asegurando que se trataba de escenarios actuales en Ucrania; oleadas de vídeos falsos difundidos, en gran parte, a través de Youtube y TikTok; incluso hemos contado con el relato elaborado por el presidente ruso, Vladímir Putin, que asegura –sin aportar pruebas– que en la región del Donbás se estaba llevando a cabo un genocidio.

Somos conscientes de que la tecnología se ha usado como una herramienta para generar polarización, difundir discursos de odio y manipular la opinión pública. Sin embargo, no debemos demonizarla: desde Digital Future Society creemos que también puede (y debe) ser parte de la solución para contrarrestar la desinformación, especialmente teniendo en cuenta la aceleración con la que se difunden estos contenidos.

En las sociedades democráticas se han creado agencias de verificación digital que tienen un rol cada vez más relevante para determinar el grado de veracidad de los contenidos. Este papel también lo tienen las propias herramientas tecnológicas, que pueden contribuir a desenmascarar la desinformación. Debemos unir fuerzas para disponer de un ecosistema informativo veraz, sano y robusto. Durante el evento Deconstruyendo la desinformaciónorganizado por Digital Future Society en el marco del Mobile World Congress 2022, se escuchó la voz de la Comisión Europea exponiendo su plan de acción para la lucha contra la desinformación, el cual, de hecho, se dibujó en 2015 tras las ofensivas de Rusia para ocupar Crimea. También fue posible escuchar la voz de las agencias de verificación más relevantes en España, que expusieron la necesidad de utilizar la tecnología para agilizar, optimizar y verificar el proceso de desinformación, si bien también remarcaron la necesidad de entrar en el ámbito educativo desde edades tempranas para filtrar fuentes y sesgos, permitiendo desarrollar desde entonces un auténtico pensamiento crítico. Esta es también la visión de Digital Future Society: tecnología, sí; educación, también. Y para abordar este complejo reto es necesario unir fuerzas: necesitamos la implicación de administraciones, empresas, plataformas tecnológicas y agencias de verificación, pero también la del propio ciudadano. Un paso que es esencial para poder crear una sociedad digital más justa, equitativa y sostenible.

Cristina Colom es directora de Digital Future Society.

Fuente: Ethic

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