VIH en RD: el estigma que duele más que la enfermedad

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Cifras se mantienen estables en República Dominicana con cerca de 85,000 casos estimados, según autoridades

Detrás de las aproximadamente 85,000 personas que viven con VIH (virus de inmunodeficiencia humana) en República Dominicana hay miles de historias de hombres y mujeres que han aprendido a convivir con el virus mientras enfrentan un desafío que muchas veces trasciende la propia condición de salud: el miedo al rechazo, los prejuicios y el estigma social.

El Consejo Nacional para el VIH y el SIDA (Conavihsida), explicó a través del Portal Único de Solicitud de Información Pública (SAIP), que aproximadamente 84,000 personas vivían con VIH en 2024, mientras que para 2025 la estimación ascendió a unas 85,000, una variación moderada que refleja la relativa estabilidad de la epidemia en la población general.

La cifra se ha mantenido relativamente estable durante los últimos años, en el marco de una epidemia controlada y con una prevalencia estimada en la población general cercana al 0.9 % y 1.0 %, es decir, alrededor de una persona por cada 100 habitantes.

Pero detrás de las estadísticas persisten historias marcadas por el temor a ser descubiertas. Durante años, el miedo acompañó a Junior Ramírez a las consultas médicas, a las entrevistas de trabajo y hasta a sus desplazamientos. Hoy, con una vida estable y una carga viral indetectable, cuenta su historia para hablar de lo que la ciencia ha conseguido y de lo que el estigma social todavía no permite superar en República Dominicana.

Aunque Junior, de 42 años, nunca pidió ocultar su nombre, para proteger su integridad quien escribe decidió utilizar un nombre ficticio. Él, sin embargo, no habla del VIH como quien cuenta una enfermedad que le ocurrió a otra persona. Lo hace desde la experiencia de quien recibió un diagnóstico y durante años tuvo que aprender a convivir con un secreto.

Habla sin bajar la voz y con la seguridad que le han dado los años y el tratamiento. Sabe que el VIH puede controlarse, que una persona con carga viral indetectable no transmite sexualmente el virus y que vivir con VIH no significa dejar de vivir. Pero también sabe que esa realidad científica todavía no ha sido comprendida por toda la población.

La historia de Junior comenzó en 2013, en su natal pueblo La Romana, cuando recibió el diagnóstico de VIH. En ese tiempo no solo enfrentó la incertidumbre propia de un diagnóstico que cambiaría su vida. También tuvo que lidiar con el temor de que alguien descubriera su condición y con los prejuicios que, según relata, todavía rodean al VIH.

En el 2016 cuando comenzó a acudir a un centro público especializado en la atención de personas que viven con el virus, descubrió que incluso entrar a una consulta podía convertirse en una forma involuntaria de revelar un secreto. Un día un allegado de su padre lo vio en el lugar. Después fue hasta donde él y se lo dijo sin rodeos: “Tu hijo está cortao”.

La frase terminó llegando hasta Junior. Sin una explicación previa, su padre le preguntó: “¿Tú estás cortao?”

Para Junior, aquella escena resume una parte de lo que significa vivir con VIH en una sociedad donde todavía persisten los prejuicios. No bastaba con enfrentar un diagnóstico médico, también debía vivir con el miedo de que alguien pudiera descubrirlo simplemente por verlo entrar a un centro de atención.

Por otro lado, Cristhofen Martínez, (nombre ficticio) un maestro de 44 años, fue diagnosticado con VIH en 2015. Desde entonces, ha aprendido a convivir con una condición que, según explica, está bajo control, pero también con un estigma social que, asegura, ha sido mucho más difícil de sobrellevar. “Yo fui a mi cita médica recientemente y el doctor me dijo que yo soy un hombre completamente sano”, cuenta. Sin embargo, esa tranquilidad médica contrasta con el temor que todavía siente de ser reconocido cuando acude a sus consultas.

Para reducir el riesgo de encontrarse con alguien conocido de su pueblo, Cristhofen se traslada hacia Santo Domingo y procura llegar al centro médico a las 5:00 de la mañana. Incluso está dispuesto a pagar el doble por una consulta de madrugada, solo para proteger su privacidad. “Yo voy a la consulta a las 5:00 de la mañana para tomar menos riesgo de que alguien de mi pueblo me vea”, relata.

VIH: el miedo de ser descubierto

El doctor Carlos Adón, director e investigador del Instituto Dominicano de Estudios Virológicos (IDEV), sostuvo que el miedo al estigma está profundamente arraigado entre las personas que viven con VIH en República Dominicana, al punto de que algunas adoptan diferentes medidas para evitar ser reconocidas cuando acuden a recibir atención médica.

Explicó que algunos pacientes llegan al centro utilizando gafas, máscaras y mascarillas e incluso se trasladan atenderse a otras provincias para reducir las posibilidades de ser identificados por conocidos.

El especialista indicó que esta situación lo llevó incluso a modificar el horario de atención y comenzar a ofrecer consultas desde las 5:00 de la mañana, debido a que muchos prefieren acudir de madrugada para tener menos riesgos de ser vistos visitando un centro especializado para pacientes de VIH. “Yo abro las puertas de este centro a las 5 de la mañana porque la gente prefiere atenderse de madrugada por temor a que lo vean”, afirmó.

El coordinador de la organización Amigos Siempre Amigos (ASA), Leonardo Sánchez, coincide con el doctor Adón al señalar que, aunque está comprobado que una persona con VIH puede alcanzar una expectativa de vida similar a la de la población general cuando recibe tratamiento antirretroviral, todavía persisten el estigma y la discriminación.

Sánchez atribuye parte de esta situación a que el VIH continúa asociado en el imaginario social con la sexualidad, un tema que, según explica, todavía está rodeado de múltiples tabúes en la cultura dominicana. “Aún prevalecen muchos tabúes en la población, dado que es una infección de transmisión sexual”, sostuvo.

Explicó que esos mismos prejuicios relacionados con la sexualidad se trasladan al VIH y alimentan percepciones equivocadas sobre la condición. “Todavía pensamos que es una enfermedad que es un castigo de Dios, que mata, que pone a una situación de vulnerabilidad y hace que las personas con VIH tengan temor de comunicar su estado inmunológico.

Ramón Acevedo, consultor comunitario internacional en VIH, narró que iniciar el tratamiento tras recibir un diagnóstico positivo puede convertirse en otra historia marcada por el miedo y el estigma.

“Anoche recibí el caso de una persona con dos décadas de haber sido diagnosticada y que todavía no ha iniciado tratamiento, solo por el temor de tener que acudir a un espacio vinculado a la prestación de servicios de salud para personas con VIH”, relató.

“Hay personas que desde Samaná prefieren irse a atender a Barahona y viceversa, solo por el temor de que su condición de salud sea divulgada en su entorno de convivencia cotidiana”, agregó Acevedo.

Mientras que el epidemiólogo Miguel Ángel Rosa Rubio, supervisor clínico en Family Services Network of New York, explicó que una persona que vive con VIH en República Dominicana puede experimentar miedo o vergüenza debido a la falta de confidencialidad, el estigma comunitario, experiencias previas de maltrato y el autoestigma.

El doctor señaló que ese temor no surge únicamente de percepciones individuales, sino que está relacionado con experiencias reales de discriminación y con la ausencia de una cultura sólida de respeto a los derechos de los pacientes.

El VIH hoy solo es “un problema de estigma”

El VIH ya no se considera una enfermedad catastrófica o terminal, sino una infección crónica controlable, gracias a los avances científicos y a la eficacia de los tratamientos antirretrovirales actuales.

Aunque los avances médicos permiten que una persona que vive con VIH pueda llevar una vida saludable y alcanzar la supresión viral, el estigma social continúa siendo una de las principales barreras que enfrenta esta población en República Dominicana.

Así lo afirmó el doctor Robert Paulino Ramírez, investigador principal del Instituto de Medicina Tropical y Salud Global de la Universidad Iberoamericana (Unibe), quien explicó que el país vive una paradoja: dispone de herramientas biomédicas eficaces para controlar el virus, mientras persisten prejuicios y actitudes sociales que dificultan que las personas puedan vivir su condición con libertad.

Destacó que el tratamiento antirretroviral es gratuito a través del Servicio Nacional de Salud (SNS) y que existen esquemas eficaces para lograr la supresión viral. “El VIH dejó de ser, hace más de una década, un problema exclusivamente médico; hoy es, sobre todo, un problema de estigma”, afirmó.

Paulino Ramírez explicó que la discriminación se manifiesta en distintos espacios, incluido el laboral, familiar y educativo. El temor a que se conozca el diagnóstico lleva a algunas personas a ocultarlo, perder oportunidades o enfrentar señalamientos. En el caso de niños, niñas y adolescentes, la desinformación puede provocar exclusión y acoso escolar. También señaló que el estigma puede ser mayor en personas que, además de vivir con VIH, pertenecen a grupos que enfrentan otros prejuicios sociales.

Paulino Ramírez advirtió que las consecuencias del estigma trascienden el ámbito social. Sostuvo que el temor a ser juzgado puede retrasar la realización de pruebas y el inicio del tratamiento. También señaló consecuencias para la salud mental, entre ellas ansiedad, depresión y aislamiento.

Por ello, consideró que enfrentar el estigma requiere mucho más que campañas informativas ocasionales y plantea la necesidad de trabajar de manera sostenida en el conocimiento, la empatía y las estructuras institucionales. “Mientras no cerremos esta brecha entre lo que la ciencia puede ofrecer y lo que la sociedad está dispuesta a aceptar, seguiremos teniendo personas que tienen acceso al medicamento, pero no a una vida plena”, concluyó.


El VIH dejó de ser, hace más de una década, un problema médico; hoy es, sobre todo, un problema de estigma”
Robert Paulino Ramírez
Investigador de Unibe

Yo abro las puertas de este centro a las 5 de la mañana porque la gente prefiere atenderse de madrugada”
Carlos Adón
Director e investigador del IDEV

Aún prevalecen muchos tabúes en la población, dado que es una infección de transmisión sexual”
Leonardo Sánchez
Coordinador de Amigos siempre amigos

Todavía se mantiene una narrativa donde el VIH se asocia con conductas inmorales, promiscuidad o castigo”.
Miguel Ángel Rosa Rubio
Epidemiólogo radicado en New York

Hay personas que desde Samaná, prefieren irse atender a Barahona y viceversa, solo por el temor de que lo vean”.
Ramón Acevedo
Consultor internacional de VIH

Fuente: el Caribe