Venezuela a través de las encuestas: los venezolanos confían más en Chevron que en su propia presidenta

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Los sondeos, un producto casi de contrabando en el país, vuelven a circular tras la caída de Maduro. Los números reflejan una esperanza contenida, recelo hacia el gobierno y una preocupación económica que todo lo atraviesa

Venezuela lleva años siendo un país difícil de medir. No porque los venezolanos no tengan opiniones, sino porque expresarlas ha tenido un costo muy alto. En la última etapa de Nicolás Maduro, los sondeos se apagaron, algunos encuestadores tuvieron que esconderse y la gente pasó a responder a cualquier pregunta política con un no sabe, no contesta. En los últimos meses, sin embargo, nuevos datos han empezado a ver la luz. Y lo que cuentan es que los venezolanos se mueven hoy entre una esperanza que nunca antes se había disparado tan rápido y una desconfianza que no termina de ceder. Es la “expectativa vigilante”, como lo define Saúl Cabrera, presidente de Consultores 21, una firma con 40 años de trabajo en el país.

Los números no son comparables y varían según el encuestador, pero muestran algunos escenarios comunes. Que María Corina Machado sigue siendo la líder indiscutible, independientemente de la encuesta. Que Delcy Rodríguez no cuenta con la confianza de la mayoría de sus conciudadanos, aunque todavía hay un tercio de venezolanos que aprueba su gestión. Y que Estados Unidos y Donald Trump han alcanzado una popularidad inédita en un país que pasó dos décadas escuchando que el imperialismo era el enemigo. Los venezolanos quieren un cambio, pero también dan prioridad a que se resuelva primero su precariedad económica.

Los sondeos en Venezuela son generalmente encargos privados que circulan entre corporaciones, fondos de inversión y embajadas que pagan para saber en qué terreno se mueven. La mayoría no sale en los periódicos. Además, no todas las encuestadoras son lo que parecen. Junto a firmas con trayectoria, conviven otras creadas expresamente para producir números favorables al gobierno, que aparecen en coyunturas electorales y desaparecen cuando ya no hacen falta.

Venezuela habla mucho últimamente de esperanza, un sentimiento frágil, construido sobre expectativas, pero que hace meses que puede volverse a medir. En febrero de 2026, ORC Consultores registró que el 81% de los venezolanos se declaraba esperanzado frente al futuro del país, el nivel más alto de toda su serie histórica. En diciembre de 2025, cuando cientos de barcos estadounidenses acechaban en el Caribe, ese mismo indicador estaba en el 51%. El salto se produjo en pocas semanas, después del 3 de enero, cuando Maduro acabó arrestado.

“El primer cambio que observamos con el tiempo no fue en las encuestas, sino en los teléfonos”, explica Oswaldo Ramírez, director de ORC. “La gente dejó de borrar los mensajes políticos y empezó a reenviar memes sobre Maduro. Eso también es un dato”. Ramírez pasó casi un mes en la clandestinidad, acusado de estar detrás de la recolección de actas para demostrar el fraude electoral de julio de 2024.

Las contradicciones de Venezuela también se reflejan en los números. Seis de cada diez venezolanos creen que en un plazo corto vivirán mejor. Y al mismo tiempo, casi seis de cada diez evalúan negativamente cómo viven hoy, según la encuesta de Datanalisis de finales de abril, un sondeo privado al que EL PAÍS tuvo acceso parcialmente. Esa paradoja —optimistas sobre el futuro y pesimistas sobre el presente— es un buen retrato del estado de ánimo del país en este momento.

Según esta encuesta, la emoción más frecuente que reportan vuelve a ser la esperanza, con un 40%, por encima de la frustración y la ansiedad. Pero la presión económica no cede: inflación, devaluación y bajos salarios concentran casi el 80% de las respuestas cuando se pregunta cuál es el problema más urgente. “La economía no es un problema más, es la lente desde la que los venezolanos interpretan todo lo demás”, afirma Luis Vicente León, al frente de Datanalisis.

Los venezolanos tienen dos prioridades: mejoras económicas y cambio político. Y no necesariamente van de la mano. En la encuesta de ORC, el 85% de los encuestados considera que la estabilización económica debe venir antes que una transición democrática inmediata. Al mismo tiempo, el 57% afirma que no le daría al gobierno actual una oportunidad electoral aunque mejore la economía. En Datanalisis, el 62% dice que hay que resolver primero lo económico, aunque el cambio político tarde más.

“Eso no significa que no quieran elecciones ni cambios; los quieren, y con claridad”, advierte Luis Vicente León. “Lo que nos dice el estudio es que prefieren que ese proceso llegue en condiciones”. Casi la mitad prefiere que, antes de ir a elecciones, se construya un acuerdo nacional con reglas y garantías, frente a un 33% que las quiere cuanto antes, aunque los acuerdos estén incompletos.

Cuando Consultores 21 puso a sus encuestados ante el dilema de elegir entre democracia o estabilidad económica sin democracia, dos de cada tres eligieron la primera. “La gente se dio cuenta de que la política económica la hacen los políticos”, explica Cabrera. “No son variables separadas.” Según los números de Cabrera, dos de cada tres venezolanos quieren que se convoquen elecciones y tres de cada cuatro esperan que sea en el corto plazo.

Las respuestas sobre los liderazgos políticos tienen pocos grises. Según ORC, cuando se le pregunta de forma espontánea a quién votaría si hubiera elecciones este domingo, el 44% responde María Corina Machado sin que nadie sugiera su nombre. Es su piso, no su techo. Ningún otro político venezolano se acerca: Edmundo González aparece con el 12% y Delcy Rodríguez con el 8,5%.

Que Machado lleve más de un año entre la clandestinidad y el exilio sin que su liderazgo haya cedido es en sí mismo un dato. “Vamos para tres décadas en que varios líderes opositores valorados terminan engullidos por las circunstancias políticas. No ha sido así con María Corina, por el momento”, apunta Cabrera, quien empieza a ubicar en sus encuestas a Juan Pablo Guanipa, colaborador cercano de Machado y recién excarcelado, en un incipiente tercer lugar.

En las filas del chavismo, en cambio, la caída de Maduro no erosionó el apoyo existente. Uno de cada cuatro venezolanos sigue siendo chavista o justificando al chavismo. “El chavismo está en plena mutación”, advierte Cabrera.

Hay otro dato que resume el estado de ánimo del país. Cuando se pregunta en quién confían los venezolanos para lograr su bienestar, las empresas petroleras, con un 59%, obtienen más respaldo que Trump (52%) y que María Corina Machado (49%), según la muestra de ORC. Y por supuesto más que Delcy Rodríguez, la presidenta de un país donde tres de cada cuatro ciudadanos no confían en ella.

La desconfianza total la lidera Rodríguez con un 74,4%, mientras que Machado inquieta al 19% y Trump al 15%. Otros sondeos confirman la tendencia: según Atlas Intel, la aprobación de Rodríguez ha caído mes a mes, de un 37% en febrero a un 31% en abril.

El destino de Venezuela es ahora mismo imprevisible, pero las encuestas retratan la desconfianza de un país gobernado todavía por los herederos de una revolución que quebró la economía y reprimió a sus ciudadanos. Una revolución que ya no tiene cómo hacer del antiimperialismo su bandera, cuando los venezolanos confían hoy más en Donald Trump que en su presidenta. Y más en las empresas extranjeras que vienen a extraer su petróleo que en cualquier político local.

Fuente: EL PAIS