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Usar el aire acondicionado por debajo de 24 grados es malo para la salud y el bolsillo

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Una guía de uso de la climatización: cuánto cuesta y cómo utilizarla para no derrochar

Un salón de una vivienda expuesto a la radiación solar directa y sin barreras de sombra como toldos o persianas puede alcanzar temperaturas muy altas durante el verano. La primera tentación al llegar a la estancia puede ser encender el aire acondicionado si se dispone de él, pero conviene ceñirse a unas directrices para no derrochar energía. La temperatura de confort recomendada por las fuentes consultadas en este reportaje es de 25 o 26 grados, y los sanitarios indican que nunca debería ponerse por debajo de 24º C. El plan de ahorro energético aprobado el pasado lunes por el Gobierno obliga a establecimientos comerciales y edificios públicos a limitar a 27 grados el uso del aire acondicionado. 

Barreras de sombra

25°

Persianas

Toldos

Temperatura del aire 30°

Salón de 20 m2

Salida de

aire caliente

Una hora de aire acondicionado en un salón de 20 metros cuadrados cuesta 36 céntimos.

Enfriar una estancia de 10 metros cuadrados cuesta de media unos 18 céntimos por hora (ver metodología). Unas medidas de eficiencia energética básicas pueden reducir a un tercio el coste de mantener la vivienda en una temperatura confortable. ¿Cómo? Convertir el salón en una isla térmica, con barreras de sombra en el exterior y las puertas cerradas, es el primer paso. Marcar en el termostato una cifra adecuada es esencial: si es demasiado baja, la estancia nunca llegará a esa temperatura, y el aparato no dejará de trabajar y consumir energía. El aire que sale de la máquina siempre sale a la misma temperatura. Solo cambiará el tiempo que trabaja para intentar alcanzar la temperatura objetivo que se ha marcado.

25°

Isla térmica

Salón

Salida de

aire caliente

30°

Resto de

la casa

Vivienda de 60 m2

Medidas de eficiencia energética para ahorrar

El consumo depende de las condiciones del aparato, de las características de la estancia que se pretende refrigerar y del lugar donde esté la vivienda. Con estas variables en mente, el ingeniero experto en instalaciones David Higuera aporta un cálculo ejemplificativo. En un salón de 20 metros cuadrados, con una exposición solar media, un aparato individual debería poder bajar la temperatura de 30 °C a 25 °C en una hora. Esa hora cuesta 36 céntimos, según el cálculo utilizado en este artículo (explicado en la metodología). El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), del Ministerio para la Transición Ecológica, eleva un poco el cálculo, hasta los 40 o 50 céntimos por hora.

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Lo que ayuda a reducir la factura son las medidas de eficiencia energética: cerrar las puertas de la estancia, usar barreras de sombra con el exterior y especialmente, regular el termostato.

Imaginemos un caso extremo, como querer mantener una temperatura constante durante 16 horas, entre las diez de la mañana y las dos de la madrugada, en el citado salón de 20 metros. Cuando la estancia alcance la temperatura deseada, el aparato entrará en reposo y no consumirá apenas energía. Irá encendiéndose y apagándose constantemente para mantener la temperatura. Si son 25 °C, trabajará durante unas 5 de las 16 horas, según el ingeniero Higuera. Cinco horas a 36 céntimos por hora son 1,8 euros al día.

Por eso, la temperatura objetivo adecuada que se fije es importante para no derrochar. Cuando se pide la cifra mínima que permite el regulador, la máquina no dejará de consumir energía en busca de esa temperatura objetivo, que será incapaz de alcanzar, en un esfuerzo que además puede saturarla. Si trabaja durante las 16 horas del ejemplo, costará casi seis euros al día, como refleja el siguiente gráfico.

Coste del aire acondicionado

En un salón de 20 metros cuadrados con un aparato de aire acondicionado tipo ‘split’ individual. Ver metodología al final del reportaje.

Sin medidas de

eficiencia energética

5 euros y 76 céntimos

6 euros

5

4

El coste de la primera 

hora son 36 céntimos

3

Con medidas de

eficiencia energética

1 euro y 80 céntimos

2

1

0

0

1 hora

4

8

12

16

Estas cifras se refieren a los sistemas individuales en los que cada habitación de la vivienda tiene instalado un aparato o splitanclado en la pared. Otro sistema muy utilizado en las viviendas construidas en las últimas décadas en España es el aire centralizado, que presenta un mejor rendimiento, pero que al no permitir aislar una estancia, dispara el gasto. “Son sistemas diferentes. La eficiencia depende de muchos factores, pero por regla general, los sistemas centralizados bien gestionados tienen mayor rendimiento que los descentralizados”, según apunta la Asociación Española de Climatización y Refrigeración (Atecyr). El rendimiento es mejor, pero tiene que refrigerar toda la vivienda a través de los conductos del techo.

Si el cálculo del gráfico anterior se aplica a una vivienda completa de 60 metros cuadrados, la primera hora cuesta 1,08 euros, expone el ingeniero Higuera. Con medidas de eficiencia energética, mantener la casa a 25 °C costaría 5,4 euros al día. Sin medidas, más de 17.

Las temperaturas de confort en verano, 26 o 27 grados

La necesidad de usar la climatización dependerá de la zona y orientación de la residencia, el tipo de aparato y las condiciones climatológicas. Uno de cada cuatro hogares españoles se declararon incapaces de mantener una temperatura adecuada en los veranos comprendidos entre 2007 y 2012, los últimos datos de esta naturaleza recopilados por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Las personas no necesitan estar en un ambiente de 21 °C en verano para sentirse cómodas, ya que la temperatura media del cuerpo humano ronda los 36 °C. La percepción térmica es la media entre la temperatura seca, la que se mide con un termómetro, y la temperatura radiante media, que es la que desprenden las paredes, el techo o el suelo de una estancia. Esta percepción térmica ronda los 36 °C cuando la temperatura de la habitación está entre los 26 y 27 grados, por lo que es suficiente en teoría para que sus ocupantes se sientan cómodos.

El reflejo de poner el aire acondicionado a funcionar a todo trapo al entrar en una estancia no está justificado. El consejo de los expertos es poner los ventiladores a trabajar al máximo, para que muevan mucho el aire, para después dejarlos en automático. El bienestar térmico de las personas depende de numerosas variables, como la temperatura de las superficies que las rodean, a qué velocidad se mueva el aire, la actividad que realicen o qué vestimenta lleven, recuerda un portavoz de la asociación Atecyr.

Otra consigna expresada por los expertos es tener en cuenta la diferencia térmica con el exterior. Se considera prudente configurar el termostato del domicilio a ocho grados centígrados de diferencia. Por cada grado que se suba el termostato se ahorra entre un 5% y un 7% del consumo, recuerdan desde el Ministerio para la Transición Ecológica, además de que el tiempo de encendido debería ajustarse al indispensable mientras los espacios estén ocupados, y apagarse cuando se vacíen. Otro consejo es usar ventiladores, que producen una sensación de descenso de la temperatura de entre tres y cinco grados y su consumo de electricidad es muy bajo.

Un bloque de viviendas con toldos en algunas ventanas, en Sevilla.
Un bloque de viviendas con toldos en algunas ventanas, en Sevilla.PACO PUENTES

El termostato, nunca por debajo de 24 °C: afecta a las vías respiratorias

El aire acondicionado permite aclimatar los espacios a temperaturas más cómodas para el cuerpo humano y alivia los efectos de las temperaturas extremas, pero también se cobra un peaje. Los otorrinos y neumólogos apuntan que el frío y la sequedad del ambiente pueden derivar en cuadros catarrales. Los fisioterapeutas inciden sobre las contracturas cuando el chorro de aire frío impacta directamente en los músculos.

El otorrinolaringólogo Juan Carlos Casado indica que conectar el aire acondicionado por debajo de los 24 grados es “bastante nocivo” para la salud, y recomienda que su uso debería restringirse al “mínimo imprescindible” para lidiar con temperaturas especialmente altas. “La nariz tiene una especie de filtros, los cornetes, que calientan, humidifican y limpian el aire. Si el aire entra frío, ese aire no entra suficientemente caliente a las fosas nasales, a la laringe, a la tráquea y a los pulmones, con lo que se pueden producir infecciones en las vías respiratorias altas y bajas”, explica este miembro de la comisión de laringología y voz de la Sociedad Española de Otorrinolaringología (SEORL).

El cuerpo humano no está bien preparado para los cambios de temperatura muy bruscos, como es pasar de 40 a 20 grados. “No tenemos órganos que sean capaces de asimilarlo”, apunta Casado. “Lo que hace el cuerpo al encontrarse este salto térmico es inflamar las mucosas respiratorias para proteger los órganos nobles, los pulmones. De la inflamación aparecen las -itis:faringitis, esos alfileres que se sienten al tragar; laringitis, o pérdida de la voz; rinitis, esa obstrucción nasal que pone voz de pato”. Suelen ser cuadros banales en personas normales, apuntilla Casado, que recuerda que la mayoría se resuelven espontáneamente, o como mucho con paracetamol.

Estos problemas leves de salud pueden ser más molestos si se deja el aire acondicionado encendido por la noche para combatir las altas temperaturas nocturnas. “Por la noche es totalmente desaconsejable, muchas personas respiran por la boca y roncan. Al respirar por la boca, las probabilidades de que se produzcan irritaciones en la garganta son altísimas”, explica Casado.

Acostarse en una estancia con altas temperaturas, sin embargo, también afecta negativamente a la salud, como explica Dominic Royé, climatólogo y profesor en la Universidad de Santiago de Compostela: “Las altas temperaturas nocturnas, como pueden ser por encima de los 25 °C, impiden que el cuerpo descanse y se recupere, se produce un estrés térmico prolongado. El calor nocturno puede provocar alteración y privación del sueño debido a los procesos necesarios de termorregulación”. Para dormir profundamente el cuerpo necesita reducir las pulsaciones, pero es incapaz porque está ocupado intentando bajar la temperatura, explicaba Royé, coordinador de un estudio internacional que estableció que la mortalidad se eleva un 16% en España a mayor intensidad del calor nocturno.

Una mujer junto a un equipo de aire acondicionado portátil.
Una mujer junto a un equipo de aire acondicionado portátil.PACO PUENTES

Cristina Martínez, de la de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), especifica: “Los neumólogos no nos encontramos efectos graves del aire acondicionado, se suelen limitar a irritación de vías altas y catarros, salvo casos puntuales de contaminaciones por legionelaLos efectos no son graves, pero tampoco tiene sentido un gasto energético que no deriva en un beneficio. No supone un buen uso llegar a temperaturas en las que hay que abrigarse”.

La neumóloga incide en que es importante tener en cuenta que “la humedad relativa de la estancia se encuentre entre un 35% y un 60%”. Por debajo del nivel inferior, ese aire seco produce más irritación en las vías respiratorias. Los aires acondicionados tienen que impulsar el aire a unos 12 °C para conseguir que una habitación se ponga a 26 °C, explican los climatizadores de Atecyr. En este proceso de bajar bruscamente la temperatura, la humedad puede caer por debajo de los niveles recomendables, y convendría utilizar un humidificador para controlarla.

Los músculos también son sensibles al aire refrigerado, como advierte Montserrat Ruiz-Olivares, secretaria general del Colegio Profesional de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid: “Hay que evitar que la corriente de salida impacte de forma directa en nuestro cuerpo. En especial cuando el aire muy frío incide en la espalda, el cuello o la cara, porque al cabo de un tiempo puede provocar tortícolis, lumbalgias o cervicalgias, agravadas por el sedentarismo; incluso, parálisis facial. Hacer micropausas, cambiar de postura y levantarnos durante unos minutos cada hora y realizar algunos estiramientos y movilizaciones hará más difícil que aparezcan esos problemas”.

METODOLOGÍA

El consumo de un equipo de aire acondicionado depende de su potencia y de la cantidad de calor que extraiga para enfriar un espacio. La potencia necesaria para mantener la temperatura interior de una estancia es proporcional a la diferencia de temperatura entre el exterior y el interior. Se ha calculado que para enfriar una estancia de 10 metros cuadrados se necesita un aporte térmico de 1,5 Kw. Considerando un rendimiento del aparato de aire acondicionado de 2,5, el consumo eléctrico sería de 0,6 Kw por hora por cada 10 metros cuadrados. Estimando un coste medio de 30 céntimos el Kw/h (precio final considerando el término de potencia, el término de energía e impuestos), el gasto de enfriar 10 metros cuadrados calculado es 0,18 euros.

Fuente: El País

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Una guía de uso de la climatización: cuánto cuesta y cómo utilizarla para no derrochar

Un salón de una vivienda expuesto a la radiación solar directa y sin barreras de sombra como toldos o persianas puede alcanzar temperaturas muy altas durante el verano. La primera tentación al llegar a la estancia puede ser encender el aire acondicionado si se dispone de él, pero conviene ceñirse a unas directrices para no derrochar energía. La temperatura de confort recomendada por las fuentes consultadas en este reportaje es de 25 o 26 grados, y los sanitarios indican que nunca debería ponerse por debajo de 24º C. El plan de ahorro energético aprobado el pasado lunes por el Gobierno obliga a establecimientos comerciales y edificios públicos a limitar a 27 grados el uso del aire acondicionado. 

Barreras de sombra

25°

Persianas

Toldos

Temperatura del aire 30°

Salón de 20 m2

Salida de

aire caliente

Una hora de aire acondicionado en un salón de 20 metros cuadrados cuesta 36 céntimos.

Enfriar una estancia de 10 metros cuadrados cuesta de media unos 18 céntimos por hora (ver metodología). Unas medidas de eficiencia energética básicas pueden reducir a un tercio el coste de mantener la vivienda en una temperatura confortable. ¿Cómo? Convertir el salón en una isla térmica, con barreras de sombra en el exterior y las puertas cerradas, es el primer paso. Marcar en el termostato una cifra adecuada es esencial: si es demasiado baja, la estancia nunca llegará a esa temperatura, y el aparato no dejará de trabajar y consumir energía. El aire que sale de la máquina siempre sale a la misma temperatura. Solo cambiará el tiempo que trabaja para intentar alcanzar la temperatura objetivo que se ha marcado.

25°

Isla térmica

Salón

Salida de

aire caliente

30°

Resto de

la casa

Vivienda de 60 m2

Medidas de eficiencia energética para ahorrar

El consumo depende de las condiciones del aparato, de las características de la estancia que se pretende refrigerar y del lugar donde esté la vivienda. Con estas variables en mente, el ingeniero experto en instalaciones David Higuera aporta un cálculo ejemplificativo. En un salón de 20 metros cuadrados, con una exposición solar media, un aparato individual debería poder bajar la temperatura de 30 °C a 25 °C en una hora. Esa hora cuesta 36 céntimos, según el cálculo utilizado en este artículo (explicado en la metodología). El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), del Ministerio para la Transición Ecológica, eleva un poco el cálculo, hasta los 40 o 50 céntimos por hora.

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Lo que ayuda a reducir la factura son las medidas de eficiencia energética: cerrar las puertas de la estancia, usar barreras de sombra con el exterior y especialmente, regular el termostato.

Imaginemos un caso extremo, como querer mantener una temperatura constante durante 16 horas, entre las diez de la mañana y las dos de la madrugada, en el citado salón de 20 metros. Cuando la estancia alcance la temperatura deseada, el aparato entrará en reposo y no consumirá apenas energía. Irá encendiéndose y apagándose constantemente para mantener la temperatura. Si son 25 °C, trabajará durante unas 5 de las 16 horas, según el ingeniero Higuera. Cinco horas a 36 céntimos por hora son 1,8 euros al día.

Por eso, la temperatura objetivo adecuada que se fije es importante para no derrochar. Cuando se pide la cifra mínima que permite el regulador, la máquina no dejará de consumir energía en busca de esa temperatura objetivo, que será incapaz de alcanzar, en un esfuerzo que además puede saturarla. Si trabaja durante las 16 horas del ejemplo, costará casi seis euros al día, como refleja el siguiente gráfico.

Coste del aire acondicionado

En un salón de 20 metros cuadrados con un aparato de aire acondicionado tipo ‘split’ individual. Ver metodología al final del reportaje.

Sin medidas de

eficiencia energética

5 euros y 76 céntimos

6 euros

5

4

El coste de la primera 

hora son 36 céntimos

3

Con medidas de

eficiencia energética

1 euro y 80 céntimos

2

1

0

0

1 hora

4

8

12

16

Estas cifras se refieren a los sistemas individuales en los que cada habitación de la vivienda tiene instalado un aparato o splitanclado en la pared. Otro sistema muy utilizado en las viviendas construidas en las últimas décadas en España es el aire centralizado, que presenta un mejor rendimiento, pero que al no permitir aislar una estancia, dispara el gasto. “Son sistemas diferentes. La eficiencia depende de muchos factores, pero por regla general, los sistemas centralizados bien gestionados tienen mayor rendimiento que los descentralizados”, según apunta la Asociación Española de Climatización y Refrigeración (Atecyr). El rendimiento es mejor, pero tiene que refrigerar toda la vivienda a través de los conductos del techo.

Si el cálculo del gráfico anterior se aplica a una vivienda completa de 60 metros cuadrados, la primera hora cuesta 1,08 euros, expone el ingeniero Higuera. Con medidas de eficiencia energética, mantener la casa a 25 °C costaría 5,4 euros al día. Sin medidas, más de 17.

Las temperaturas de confort en verano, 26 o 27 grados

La necesidad de usar la climatización dependerá de la zona y orientación de la residencia, el tipo de aparato y las condiciones climatológicas. Uno de cada cuatro hogares españoles se declararon incapaces de mantener una temperatura adecuada en los veranos comprendidos entre 2007 y 2012, los últimos datos de esta naturaleza recopilados por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Las personas no necesitan estar en un ambiente de 21 °C en verano para sentirse cómodas, ya que la temperatura media del cuerpo humano ronda los 36 °C. La percepción térmica es la media entre la temperatura seca, la que se mide con un termómetro, y la temperatura radiante media, que es la que desprenden las paredes, el techo o el suelo de una estancia. Esta percepción térmica ronda los 36 °C cuando la temperatura de la habitación está entre los 26 y 27 grados, por lo que es suficiente en teoría para que sus ocupantes se sientan cómodos.

El reflejo de poner el aire acondicionado a funcionar a todo trapo al entrar en una estancia no está justificado. El consejo de los expertos es poner los ventiladores a trabajar al máximo, para que muevan mucho el aire, para después dejarlos en automático. El bienestar térmico de las personas depende de numerosas variables, como la temperatura de las superficies que las rodean, a qué velocidad se mueva el aire, la actividad que realicen o qué vestimenta lleven, recuerda un portavoz de la asociación Atecyr.

Otra consigna expresada por los expertos es tener en cuenta la diferencia térmica con el exterior. Se considera prudente configurar el termostato del domicilio a ocho grados centígrados de diferencia. Por cada grado que se suba el termostato se ahorra entre un 5% y un 7% del consumo, recuerdan desde el Ministerio para la Transición Ecológica, además de que el tiempo de encendido debería ajustarse al indispensable mientras los espacios estén ocupados, y apagarse cuando se vacíen. Otro consejo es usar ventiladores, que producen una sensación de descenso de la temperatura de entre tres y cinco grados y su consumo de electricidad es muy bajo.

Un bloque de viviendas con toldos en algunas ventanas, en Sevilla.
Un bloque de viviendas con toldos en algunas ventanas, en Sevilla.PACO PUENTES

El termostato, nunca por debajo de 24 °C: afecta a las vías respiratorias

El aire acondicionado permite aclimatar los espacios a temperaturas más cómodas para el cuerpo humano y alivia los efectos de las temperaturas extremas, pero también se cobra un peaje. Los otorrinos y neumólogos apuntan que el frío y la sequedad del ambiente pueden derivar en cuadros catarrales. Los fisioterapeutas inciden sobre las contracturas cuando el chorro de aire frío impacta directamente en los músculos.

El otorrinolaringólogo Juan Carlos Casado indica que conectar el aire acondicionado por debajo de los 24 grados es “bastante nocivo” para la salud, y recomienda que su uso debería restringirse al “mínimo imprescindible” para lidiar con temperaturas especialmente altas. “La nariz tiene una especie de filtros, los cornetes, que calientan, humidifican y limpian el aire. Si el aire entra frío, ese aire no entra suficientemente caliente a las fosas nasales, a la laringe, a la tráquea y a los pulmones, con lo que se pueden producir infecciones en las vías respiratorias altas y bajas”, explica este miembro de la comisión de laringología y voz de la Sociedad Española de Otorrinolaringología (SEORL).

El cuerpo humano no está bien preparado para los cambios de temperatura muy bruscos, como es pasar de 40 a 20 grados. “No tenemos órganos que sean capaces de asimilarlo”, apunta Casado. “Lo que hace el cuerpo al encontrarse este salto térmico es inflamar las mucosas respiratorias para proteger los órganos nobles, los pulmones. De la inflamación aparecen las -itis:faringitis, esos alfileres que se sienten al tragar; laringitis, o pérdida de la voz; rinitis, esa obstrucción nasal que pone voz de pato”. Suelen ser cuadros banales en personas normales, apuntilla Casado, que recuerda que la mayoría se resuelven espontáneamente, o como mucho con paracetamol.

Estos problemas leves de salud pueden ser más molestos si se deja el aire acondicionado encendido por la noche para combatir las altas temperaturas nocturnas. “Por la noche es totalmente desaconsejable, muchas personas respiran por la boca y roncan. Al respirar por la boca, las probabilidades de que se produzcan irritaciones en la garganta son altísimas”, explica Casado.

Acostarse en una estancia con altas temperaturas, sin embargo, también afecta negativamente a la salud, como explica Dominic Royé, climatólogo y profesor en la Universidad de Santiago de Compostela: “Las altas temperaturas nocturnas, como pueden ser por encima de los 25 °C, impiden que el cuerpo descanse y se recupere, se produce un estrés térmico prolongado. El calor nocturno puede provocar alteración y privación del sueño debido a los procesos necesarios de termorregulación”. Para dormir profundamente el cuerpo necesita reducir las pulsaciones, pero es incapaz porque está ocupado intentando bajar la temperatura, explicaba Royé, coordinador de un estudio internacional que estableció que la mortalidad se eleva un 16% en España a mayor intensidad del calor nocturno.

Una mujer junto a un equipo de aire acondicionado portátil.
Una mujer junto a un equipo de aire acondicionado portátil.PACO PUENTES

Cristina Martínez, de la de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), especifica: “Los neumólogos no nos encontramos efectos graves del aire acondicionado, se suelen limitar a irritación de vías altas y catarros, salvo casos puntuales de contaminaciones por legionelaLos efectos no son graves, pero tampoco tiene sentido un gasto energético que no deriva en un beneficio. No supone un buen uso llegar a temperaturas en las que hay que abrigarse”.

La neumóloga incide en que es importante tener en cuenta que “la humedad relativa de la estancia se encuentre entre un 35% y un 60%”. Por debajo del nivel inferior, ese aire seco produce más irritación en las vías respiratorias. Los aires acondicionados tienen que impulsar el aire a unos 12 °C para conseguir que una habitación se ponga a 26 °C, explican los climatizadores de Atecyr. En este proceso de bajar bruscamente la temperatura, la humedad puede caer por debajo de los niveles recomendables, y convendría utilizar un humidificador para controlarla.

Los músculos también son sensibles al aire refrigerado, como advierte Montserrat Ruiz-Olivares, secretaria general del Colegio Profesional de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid: “Hay que evitar que la corriente de salida impacte de forma directa en nuestro cuerpo. En especial cuando el aire muy frío incide en la espalda, el cuello o la cara, porque al cabo de un tiempo puede provocar tortícolis, lumbalgias o cervicalgias, agravadas por el sedentarismo; incluso, parálisis facial. Hacer micropausas, cambiar de postura y levantarnos durante unos minutos cada hora y realizar algunos estiramientos y movilizaciones hará más difícil que aparezcan esos problemas”.

METODOLOGÍA

El consumo de un equipo de aire acondicionado depende de su potencia y de la cantidad de calor que extraiga para enfriar un espacio. La potencia necesaria para mantener la temperatura interior de una estancia es proporcional a la diferencia de temperatura entre el exterior y el interior. Se ha calculado que para enfriar una estancia de 10 metros cuadrados se necesita un aporte térmico de 1,5 Kw. Considerando un rendimiento del aparato de aire acondicionado de 2,5, el consumo eléctrico sería de 0,6 Kw por hora por cada 10 metros cuadrados. Estimando un coste medio de 30 céntimos el Kw/h (precio final considerando el término de potencia, el término de energía e impuestos), el gasto de enfriar 10 metros cuadrados calculado es 0,18 euros.

Fuente: El País

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