“Puedo decir la cosa más estúpida y ustedes me aplaudirán”, se ufanó este fin de semana durante una gira para apoyar a los candidatos republicanos
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se encontraba a mitad de su discurso en un mitin electoral en Clarksville, Tennessee, este sábado, rodeado de sus simpatizantes habituales: muy blancos, vestidos con prendas rojas, gorras con la insignia MAGA y mensajes de respaldo al republicano. “Es sorprendente. Puedo decir la cosa más estúpida y ustedes me aplaudirán”, presumió ufano. Efectivamente, los presentes, entre risas, aplaudieron.
Un poco más adelante, en el mismo mitin, el presidente recordaba las órdenes ejecutivas que ha firmado durante su año y medio de mandato para cambiar en los documentos oficiales el nombre del golfo de México y del lago Ontario, en la frontera con Canadá, por golfo de América y lago América, respectivamente. “Nos hace falta ahora un mar, o un océano. ¿Qué tal un océano Trump?”, proponía sobre la posibilidad de renombrar el Atlántico o el Pacífico, de nuevo entre aplausos y carcajadas de sus seguidores.
Sus bravuconadas no son especialmente nuevas. El mandatario estadounidense ha basado su imagen y su éxito electoral en declaraciones de este tipo, escandalosas y agresivas, amenazas que puede o no acabar cumpliendo, para delicia de su público, que jalea a su líder unas declaraciones que jamás toleraría a ningún otro político. Ya lo dijo él en su primer mandato: que si abriera fuego contra un peatón en plena Quinta Avenida de Nueva York, no perdería ni un solo voto.

Pero sí ha endurecido el tono y ha multiplicado las provocaciones notablemente durante la recta final antes de las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre en las que los republicanos están por detrás en las encuestas. El mandatario, convencido cual moderno Luis XIV de que el Partido Republicano es él, se ha embarcado en una ambiciosa gira que le lleva, día sí y día no, por Estados de todo el país donde ganó en las presidenciales de 2024. Y en cada mitin Trump, que nunca se ha caracterizado por morderse la lengua, dice cada vez más lo que le parece: bien para repetir chascarrillos, bien para dar largos rodeos en los que puede perder el hilo o bien para arremeter con crueldad e insultos contra personas que detesta, muy especialmente los rivales demócratas.
En cada mitin, en cada comparecencia ante la prensa, se muestra más desafiante, más provocador, más polarizador. ¿Altos precios del combustible? Son algo temporal, asegura. E insiste en que merece la pena pagarlos para evitar que Irán se haga con un arma nuclear — el argumento con el que lanzó la guerra en febrero. ¿Irán? Su economía es un desastre, pero el enemigo podría “destruir” las ciudades californianas de San Diego y Los Ángeles. ¿Los centros de datos que tanto odian los votantes? ¡Excelente fuente de riqueza! El mandatario ha sorprendido a su propio partido al anunciar un acuerdo para la compra de diésel a Rusia —y contribuir con ello a la guerra de Moscú contra Ucrania—, al prometer cheques de 5.000 dólares para cada ciudadano. Pero solo si su partido gana las elecciones.
En diversas comparecencias ha arremetido con insultos contra personalidades a las que detesta, desde la flamante premio Nobel de la Paz Navi Pillay —“no la conoce nadie”— a la fiscal general de Nueva York, Letitia James (“perra asquerosa”). El sábado culpaba al presidente ucranio, Volodímir Zelenski, de los altos precios mundiales del diésel por bombardear las refinerías rusas, aunque la carestía se deba a la situación en el golfo Pérsico.
Sabe que este tipo de referencias, por muy groseras o falsas que sean —o precisamente por eso—, triunfan entre sus leales. Y también que en un país tan polarizado como es Estados Unidos, donde apenas quedan indecisos, la clave de los resultados el 3 de noviembre estará, sobre todo, en qué partido movilice más a sus votantes, cueste lo que cueste. Ser un Trump más Trump que nunca y convertir esta cita con las urnas en un referéndum sobre su persona es, a sus ojos, la mejor manera de galvanizar a sus simpatizantes. “Finjamos que aparezco en las papeletas como candidato”, insta a sus fieles. “Soy muy popular. De verdad que lo soy”, sostenía contra viento y marea a sus devotos en Clarksville este sábado.
Fuera de las filas de incondicionales, el panorama ya no es el mismo que durante la campaña electoral, cuando atiborraba el Madison Square Garden de Nueva York durante horas. Ni el de cien días después de su regreso a la Casa Blanca, cuando centenares de personas guardaban cola durante horas para escucharle en un polideportivo en las afueras de Detroit. Los recintos de sus mítines son ahora más pequeños y, aun así, las cámaras de televisión muestran filas vacías. Ni siquiera la cadena conservadora de televisión Fox, a la que tanto debe de su carrera política, retransmite ya íntegramente esos actos, para enfado del mandatario.

Cada nueva encuesta es un nuevo vapuleo para el presidente. Solo una cuarta parte de los votantes aprueban la gestión económica de Trump, un porcentaje que se recorta al 20% para el manejo específico de la inflación, según un sondeo que ha publicado este domingo el Financial Times. Dos tercios de los consultados opinan que la economía va en mala dirección. Otra consulta del Pew Research Center esta semana encontraba que el apoyo al presidente entre quienes le votaron en 2024 ha caído al 67%, mientras que en julio pasado aún se encontraba en el 75%.
En su propio partido ya algunos legisladores se apresuran a poner distancia entre ellos y su líder. Después de que Trump anunciara el viernes un acuerdo con el presidente ruso, Vladímir Putin, para que Moscú suministre combustible diesel a Estados Unidos y poder así rebajar precios, más senadores republicanos que demócratas -cuatro y tres, respectivamente- miembros del Comité de Asuntos Exteriores han suscrito este domingo un comunicado en el que exigen al mandatario que cancele el trato por ilegal. “Estados Unidos no debe proporcionar a Putin un salvavidas financiero mientras Rusia sigue matando civiles ucranios”, han escrito.
Trump insiste en que todo va de maravilla y sus mítines, la solución perfecta a cualquier posible desánimo republicano. “Se han hecho legendarios, han marcado una enorme diferencia para el entusiasmo del partido. Estaban esperando que ocurrieran, aunque no hubiera pensado que volvería a estar en mítines”, escribía este domingo en su red social. “Me encantan, la música, el entusiasmo increíble”, agregaba, al anunciar visitas esta semana a Ohio y Alaska.
Un toque de nostalgia
En su gira, siempre acude allá donde los candidatos republicanos se encuentran en apuros. En parte, esta gira tiene un cierto toque incluso nostálgico. A punto de convertirse en un presidente de salida —lo que el lenguaje político estadounidense define como un “pato cojo”—, sobre todo si su partido perdiera el 3 de noviembre su mayoría en ambas cámaras del Congreso, su recorrido incluye estados firmemente trumpistas, como Tennessee, que parecen seleccionados para recordarle los buenos tiempos. Que tiene fans que le apoyan.
“Casi siempre vas a un Estado donde está reñido, y tiene sentido, pero he ido a Alabama, donde gané por 45 puntos, o algo así de loco. He ido a Texas, donde ganamos por 17 ó 18… ¿Qué hago en Tennessee? No hace falta que haga campaña aquí. Pero a veces está bien ir a un sitio donde no hace falta, para dar gracias a la gente que ha votado tres veces por ti”, explicó a sus fieles en Clarksville el sábado.
Sea a un Estado republicano, o a otro donde la pelea está mucho menos clara, hay algo que el presidente no perdona: quiere que se hable de él en esas visitas que, a juzgar por lo que dice, a veces parecen exasperarle: “No sabía que iba a ser un sábado por la tarde. Podría estar haciendo muchas otras cosas un sábado por la tarde”, comentó también en Clarksville. Y Trump se enfada cuando se le hace caso omiso.
En redes sociales se ha quejado de que Fox News no haya emitido sus mítines. “Esos actos electorales son representativos de lo que de verdad ocurre en nuestro gran Partido Republicano”, ha opinado. “Nuestra gente se merece ver nuestros mítines, e informaciones sobre nuestros mítines, en Fox News, o van a dejar de verla muy rápido (¡como yo estoy haciendo ahora mismo!)”.
La queja sobre la cobertura no se ha quedado en una mera anécdota. Este sábado, mientras el presidente regresaba de Tennessee a la Casa Blanca, el Departamento de Justicia confirmaba que ha abierto una investigación a las cinco grandes cadenas de televisión sobre la cobertura que hacen del presidente y si su decisión de no grabar sus intervenciones mientras estuvo en pie la orden de Trump de negar a tres medios el acceso al recinto presidencial.
Fuente: EL PAIS

