Santo Domingo: una ciudad sin corazón

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Crónica de un desencuentro emocional con el desorden de Santo Domingo

Escrito Por: José Luis Taveras

Me embelesa la vida urbana, pero con orden y cercanía. Santo Domingo niega esas premisas. Se supone que en la ordenación de toda ciudad rige un patrón urbanístico; en la capital dominicana ni se infiere. Para empezar: ¿dónde está su downtown? Me refiero a ese distrito central que concentra armoniosamente la vida histórica, financiera y comercial.

Santo Domingo es una ciudad promontorio: corrida y desbordada. Un relato de desencuentro urbano. En cualquier urbe, reconocer ese eje central no demanda de mayores observaciones; en la capital dominicana es un esfuerzo escabroso.

Cada ciudad tiene una crónica emocional sugerida en su vida y arquitectura. Es un espíritu envolvente que gravita como silente sombra de su pasado. En unas, más que en otras, ese espíritu se conecta con fluidez. Y es que entre urbe y visitante se trenza un entendimiento emocional en ocasiones empático, otras veces místico y hasta hostil.  Los centros se sienten; más que espacios para andar, son vivencias para atesorar. El retrato de una ciudad no es el que capta una cámara digital, es el que sintoniza su espíritu.

El llamado polígono central se propone como centro de Santo Domingo, pero sin su identidad. Provocar esa insinuación distintiva no es un proyecto del otro mundo. Es construir un relato coherente que identifique el carácter único de la zona a través de una estrategia de city branding que potencie las vocaciones temáticas, conecte los espacios claves y fomente una narrativa propia en la vida citadina.

Tal plan conlleva equilibrar ambientes a través de una gestión armoniosa de ornato, reordenamiento de vías, ampliación de paseos, seguridad municipal, señalización distintiva (logotipos, tipografías, lemas y colores) que sintetice los valores del nuevo centro, así como ejes verdes que unan los focos dispersos de la ciudad.

La pregunta sin respuesta es ¿qué le da distintividad al llamado polígono central como pretendido downtown de Santo Domingo? La mayoría diría que la concentración de altas torres desde donde se puede contemplar el skyline de la ciudad; otros agregarían las dos grandes avenidas que corren de norte a sur en paralelo. Eso no es todo: downtown es un conjunto de experiencias visuales y emocionales conectadas con una marca.   Además de albergar las grandes sedes corporativas y financieras, es un espacio que fomenta la vida comunitaria; un núcleo cultural y de esparcimiento. 

¿Dónde están los paseos interiores, las amplias calzadas y los descansos para un tranquilo promenade por la 27 de Febrero o la Abraham Lincoln? ¿Se podría caminar seguro en horas pico o de noche de norte a sur o viceversa por la Lincoln como lo haría cualquier transeúnte por el paseo de La Castellana en Madrid? Hace una década eso era una posibilidad segura al menos en la Winston Churchill, hoy no deja de ser una osadía. He visto cómo los mototaxis se suben caprichosa e impunemente a las aceras peatonales para eludir atascos. Peor: una vez presencié cómo un agente de la Digesett le abría paso a un motorista para que lo hiciera. 

Todavía Santo Domingo lidia con problemas básicos de convivencia. El tránsito es instintivo. Es fuerza y arrebato. En esa espiral de violencia no declarada el peatón es un héroe sin medallas y solo con historia cuando es un número en patología forense. Elevados, metros, autobuses, teleférico, agentes, semáforos, rutas, cámaras, 911… y la ciudad no cede; sigue siendo un pandemonio.

Una ciudad sin centro es una ciudad sin corazón, y Santo Domingo grita por esa ausencia. La capital es un circo acrobático sin lonas de salvamento, donde la vida, tendida sobre una delgada cuerda, se balancea como rutina. Todo es al galope sobre el costado de las urgencias. El tránsito es batalla tribal que gana quien impone su sinrazón con más brutalidad.

En diez años Santo Domingo será una ciudad embrollada en sus propios nudos, sin un centro de descanso visual ni plácida caminata. Y es que en ella presente y futuro se tropiezan varados en el mismo tapón. Urge un plan de rescate. Pronto, hasta pensar en el futuro será cosa del pasado.

Fuente: Diario Libre