El conteo rápido otorga una ligera ventaja al izquierdista a la espera del escrutinio oficial
La proyección de voto para las elecciones presidenciales de Perú otorga una ligera ventaja del candidato de izquierdas, Roberto Sánchez, que tendría el 50,3% de los votos, sobre la candidata derechista, Keiko Fujimori, con el 49,7%, según los datos de Ipsos. Este recuento rápido está basado en una muestra representativa de las mesas electorales de todo el país para extrapolar los resultados todavía provisionales. La diferencia, de solo el 0,6%, es mínima y está dentro del empate técnico, pero ahonda la incertidumbre de un país sumido en la inestabilidad política que ha visto pasar ocho presidentes en una década.
“Este es el día de la recuperación de la democracia”, dijo un Sánchez emocionado ante sus seguidores, a los que saludó desde un balcón en el centro histórico con su sombrero de Cuzco puesto. Al rato, Keiko Fujimori, muy seria, salió para decir dos cosas: que de momento “no hay ningún ganador en esta contienda y por lo tanto serán días largos hasta conocerlo” y que “se necesita contar cada una de las actas”. Recalcó con su voz el “cada una”.
Es la cuarta vez que la derechista llega a una segunda vuelta con resultados muy ajustados, como cuando fue derrotada por Pedro Pablo Kuczynski en 2016 por 42.000 votos. Aunque el escrutinio oficial ya había avanzado hasta el 79% de los votos pasada la medianoche y colocaba en cabeza a Fujimori con el 51,9% frente a Sánchez (48%), todavía puede ser lento y proceloso.
Así fue en la primera vuelta, cuando los peruanos tardaron un mes en conocer quién sería el rival de Keiko Fujimori para la presidencia de entre la insólita cifra de 35 aspirantes, en medio de acusaciones de fraude que fueron descartadas. Lo que sí hubo fue problemas logísticos y un escrutinio agónico que le costaron el puesto al presidente de la autoridad electoral, con la sombra de ese fiasco muy presente este domingo entre los votantes limeños, donde la derecha tiene uno de sus bastiones. En teoría, esta vuelta debería ser más sencilla y rápida al tratarse solo de dos candidatos, pero el Tribunal Electoral ya había advertido de que los resultados definitivos pueden llegar en un mes “o antes, dependiendo de la carga procesal que tengamos”, dijo su presidente.
En un clima polarizado, los peruanos han elegido entre dos modelos muy alejados entre sí. El que plantea Fujimori reivindica el divisivo legado de su padre, el autócrata Alberto Fujimori, y el de Sánchez, a la figura del expresidente Pedro Castillo, encarcelado por intentar dar un autogolpe en 2022. Sánchez ha tratado de atraer los votos de los partidarios de Castillo, que se concentran en las empobrecidas zonas rurales andinas, y que ven al expresidente como una víctima de las maniobras del poderoso Congreso para desalojarlo del puesto.
El izquierdista ha prometido indultar al expresidente si gana, y en un gesto simbólico, se presentó al cierre de las urnas este domingo en la prisión de Barbadillo, en Lima, en la que se encuentra Castillo. Se trata de un centro penitenciario especial para los mandatarios que estrenó Alberto Fujimori cuando fue condenado a 25 años por violaciones de derechos humanos y corrupción, en un país en el que ahora mismo, junto a Castillo, hay otros tres expresidentes presos ―Martín Vizcarra, Ollanta Humala, Alejandro Toledo―, todos por corrupción.
Sánchez ha ido modulando su discurso izquierdista y cambió su programa de Gobierno una semana antes de los comicios para mitigar el temor que suscita entre una parte de la ciudadanía y entre los sectores económicos del país, uno de los principales exportadores de cobre del mundo. Aseguró que respetaría la autonomía del banco central, clave para mantener a raya la estabilidad monetaria y la inflación, y las inversiones extranjeras, y lanzó un plan de industrialización para generar valor añadido a la exportación de materias primas. Para atajar la inseguridad ciudadana, propuso reforzar la policía y subir el sueldo a los agentes, y se ha aliado con técnicos económicos para combatir la desigualdad y elevar el sueldo mínimo.
Con el lema ‘Vuelve Fujimori, vuelve el orden’, Keiko ha puesto el foco en la crisis de inseguridad que atraviesa el país, el tema que más preocupa a los peruanos, con un aumento de los homicidios y las extorsiones a pequeños comerciantes, tiendas y sobre todo a los conductores del transporte urbano. Para reducirla, prometió organizar patrullas en las que participen militares en la calle, la expulsión inmediata de los inmigrantes que cometan delitos y que los presos trabajen por sus alimentos, entre otras medidas.
Durante toda la campaña, Keiko ha buscado hacer una analogía entre la lucha contra el terrorismo que emprendió su padre en los noventa con el combate a la criminalidad de hoy. El de Alberto Fujimori es un legado manchado por su gobierno autoritario después de dar un autogolpe, por la corrupción y por las violaciones de derechos humanos cometidas bajo su mandato, que incluyen las matanzas de Barrios Altos y la Cantuta, además de desapariciones y esterilizaciones forzadas de miles de mujeres indígenas. Cumplió 16 años en la cárcel, pero fue indultado al final de su vida en un procedimiento cuestionado por los organismos internacionales y falleció en 2024.
Muchos peruanos acudieron a votar este domingo entre la desgana y el hartazgo. Ninguno de los dos candidatos parece haber despertado el entusiasmo fuera de sus bases, y para muchos se trató de escoger el mal menor o de frenar al aspirante que temen, en vez de votar al que quisieran tener. Es el caso de Bruno Espejo, de 35 años. “Me considero progresista, pero no voté por Sánchez en primera vuelta, y cuando empezó a usar la imagen de [el expresidente encarcelado] Pedro Castillo, que no cumplió sus promesas y era muy débil, yo inferí que se trataba de una instrumentalización del voto popular del sur rural. Fujimori ha cooptado las instituciones del Estado, el Congreso, la fiscalía, la defensoría del pueblo…otorgarle a ella el poder absoluto, a la hija del dictador, es para mi imposible, así que he votado por Sánchez”, dice.
El antifujimorismo, un movimiento muy diverso, ha logrado frenar en tres ocasiones a Keiko, y parece haberse activado al final de la campaña. Pero también Sánchez despierta temores que suman votos para Fujimori, como la idea de que es un radical –“ya tenemos el precedente de Venezuela, Cuba, Bolivia… y mira cómo están”, dijo un médico en Lima que ha escogido a Fujimori– o de que va a acabar con la democracia: “Yo he votado por Keiko, y espero que esta vez no le roben las elecciones, que es lo que hace la izquierda”, afirmó Mariana Rodríguez, de 72 años, cuando acudía a votar en Lima.
Ambos candidatos se han comprometido a respetar los resultados oficiales, aunque no hay todavía un horizonte temporal de cuándo se conocerán, lo que agrega tensión a la incertidumbre en un país donde el primer logro para quien sea ganador será concluir su mandato.
Fuente: EL PAIS

