Recuperar la confianza

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Escrito Por: Margarita Cedeño

La confianza en las instituciones democráticas vive uno de sus momentos más delicados. En la República Dominicana y en gran parte de América Latina, la ciudadanía siente que lo político se ha alejado de sus necesidades y que la corrupción se ha vuelto un ruido permanente que erosiona la legitimidad pública. Se trata de una percepción que nace de experiencias concretas, de servicios que no responden, de decisiones que no se explican y de una narrativa pública contaminada por la opacidad. Sin embargo, la confianza puede reconstruirse. La historia política demuestra que los ciclos de desconfianza pueden revertirse cuando se combinan reformas genuinas, liderazgo ético y participación social. Recuperarla exige una voluntad decidida de transformación. El primer paso indispensable es abrir la gestión pública a la luz. La transparencia debe convertirse en una forma de gobernar, que implica publicar datos completos sobre presupuesto, contrataciones, indicadores de desempeño, avances y retrasos. Una ciudadanía informada observa, compara, exige y participa. Diversos estudios en la región muestran que la confianza se fortalece cuando el Estado demuestra capacidad real para cumplir lo que promete y cuando reduce los espacios de discrecionalidad que generan sospechas. Abrir los datos, además, permite que periodistas, académicos y organizaciones sociales se conviertan en aliados de la verdad, fiscalizando con rigor y ayudando a corregir errores antes de que se conviertan en crisis. Pero la transparencia debe ir acompañada de una rendición de cuentas efectiva. Nada afecta más la confianza que la sensación de impunidad. Cuando la ciudadanía percibe que quienes cometen actos de corrupción o abusos de poder no enfrentan consecuencias, el mensaje que recibe es que “la ley no es la misma para todos”. La confianza se reconstruye mostrando lo contrario. Se necesita un sistema de justicia independiente, controles internos que funcionen sin interferencias y sanciones rápidas y visibles para los que traicionen el interés público. Cada caso investigado con transparencia y cada sanción aplicada con firmeza envían el mensaje de que el Estado se respeta a sí mismo y respeta a su gente.

La segunda gran columna para recuperar la confianza es la participación ciudadana auténtica. Cuando las personas sienten que las decisiones se toman lejos de su realidad, crece el distanciamiento. La ciudadanía quiere ser escuchada, no solo cada cuatro años, sino de manera continua. Esto se logra con consultas públicas accesibles, presupuestos participativos, mecanismos de vigilancia comunitaria, plataformas digitales para denunciar irregularidades, mesas locales donde la comunidad discuta prioridades y evalúe el avance de los proyectos. Nada acerca más a la política que integrar a la gente en la toma de decisiones. Una democracia viva exige diálogo constante.

La tercera clave es reinventar la cultura política con una visión ética y humana del servicio público. El funcionamiento del Estado es el rostro cotidiano de la democracia. Cuando una oficina pública atiende con respeto, cuando un trámite es ágil, cuando un funcionario escucha y responde con empatía, la ciudadanía recibe el mensaje de que el Estado está a su servicio. La confianza se refuerza en lo sencillo y en lo concreto, en ese contacto diario que puede dignificar o frustrar. Profesionalizar la función pública, capacitar en liderazgo ético, reconocer a los servidores ejemplares y eliminar las prácticas burocráticas innecesarias pueden ser medidas que transforman la experiencia ciudadana y devuelven la dignidad al servicio estatal.

Finalmente, reconstruir la confianza es un pacto entre Estado y ciudadanía. Las instituciones deben comprometerse con la verdad, la apertura y la integridad; y la ciudadanía debe asumir un rol activo como vigilante, crítica y coautora de las soluciones. Hay que restaurar la confianza a través de discursos y demostrar con hechos que lo público pertenece a todos. Cuando la ciudadanía ve coherencia entre palabra y acción, entre promesa y resultado, el puente se reconstruye. La democracia respira cuando la gente confía.

Fuente: Listin Diario