¿Qué tanto depende la agropecuaria dominicana de la mano de obra haitiana?

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Las exportaciones del sector bananero caen hasta un 45% por falta de trabajadores

En República Dominicana, el debate sobre la migración haitiana ha dejado de ser un tema periférico para colocarse en el centro de la discusión nacional. Especialmente en sectores como la agricultura, donde la mano de obra extranjera, en su mayoría haitiana, representa una parte importante de la producción.

Sin embargo, recientes medidas del Gobierno han puesto sobre la mesa un cambio de rumbo. Reducir la dependencia de esta fuerza laboral y apostar por la mecanización y el empleo dominicano.

El presidente Luis Abinader ha endurecido su postura en relación con la migración irregular, anunciando nuevas medidas para frenar la entrada de haitianos sin documentación y, al mismo tiempo, reduciendo progresivamente su participación en sectores clave de la economía.

“Ya hemos financiado más de RD$2,800 millones en iniciativas orientadas a mecanizar la agricultura y la construcción”, sostuvo el mandatario en su alocución semanal con la prensa, “LA Semanal”.

Agregó que, como parte de las medidas para incentivar la “dominicanización” de la mano de obra, los beneficiarios del programa Supérate que trabajen en estos sectores podrán continuar laborando y recibiendo el subsidio que actualmente perciben.

No obstante, las cifras revelan una dependencia difícil de reemplazar de la noche a la mañana. Osmar Benítez, presidente ejecutivo de la Junta Agroempresarial Dominicana (JAD), explicó que el 90% de la mano de obra en el sector bananero es no calificada, en su mayoría extranjera. En cultivos como el plátano, la ganadería de leche y el café, la proporción oscila entre el 80% y el 85%, mientras que en arroz, tabaco, cebolla y papa se sitúa entre el 60% y el 80%.

“La estrategia es sustituir esa mano de obra por trabajadores calificados y tecnologías innovadoras”, indicó Benítez durante la inauguración del ciclo de conferencias Hablemos de Innovación a principios de año.

Uno de los sectores más afectados por las medidas migratorias es el bananero. Gil Blas Martínez, presidente de la Asociación Dominicana de Productores de Banano (Adobanano), calificó la situación como “traumática”.

“Nosotros estamos siendo afectados directamente. Cada vez que migración interviene y se lleva a trabajadores, se paraliza la producción. Un contenedor que no sale a tiempo es dinero perdido, y hoy en día, el quintal de guineo anda por los RD$200 en el mercado local. Es insostenible”, expresó Martínez.

De acuerdo con datos ofrecidos por el gremio, el número de productores de banano ha disminuido de 1,800 a 1,300 en los últimos años. Las asociaciones pasaron de 33 a 23, y las exportadoras de 17 a solo 10. En 2021, el país exportó 460 contenedores semanales de banano, generando unos US$360 millones. Para 2024, esa cifra ronda apenas los 280 contenedores y US$202 millones, una caída del 45%.

“Si esta tendencia continúa, el banano podría desaparecer de la línea noroeste, afectando a cuatro provincias cuya economía depende de ese cultivo”, advirtió. Martínez reconoció que el sector ha hecho esfuerzos por incluir mano de obra dominicana, ya que el sistema de producción del banano requiere personal especializado y estable. “Estamos las 52 semanas del año trabajando. Se necesita gente que sepa cortar, fumigar, embolsar, poner cintas, quitar flores. No todo se puede mecanizar”, afirmó.

Asimismo, criticó que se penalice a los trabajadores dominicanos que entran al sistema formal al perder beneficios como el Bono Luz o el Bono Gas. “Eso desincentiva su participación en el campo”, señaló, aunque reconoció el anuncio presidencial que con esos beneficios serán preservados.

A partir de junio, el jornal para los trabajadores del sector bananero aumentará a RD$765 por jornada de ocho horas, una mejora respecto al pago actual de RD$625. Este monto se encuentra por encima del salario mínimo del sector, que ronda los RD$500 diarios. Los productores aseguran que pagan por encima de la ley y cumplen con las auditorías de comercio justo.

“Nos dicen que no se paga bien en el campo, pero nosotros estamos certificados, auditados y vigilados. Pagamos el jornal, y muchas veces por encima. El problema es otro: falta de interés y formación de la mano de obra local”, explica.

Nicole Martínez, representante de Las Antillas Tabacco Company, empresa dedicada a la producción de tabaco, también compartió las dificultades que enfrentan debido a las redadas migratorias. “Hemos tenido muchos retrasos en la cosecha. Cuando Migración hace su trabajo, los haitianos desaparecen por varios días y tenemos que esperar para continuar”, explicó.

En su experiencia, la mano de obra haitiana domina habilidades específicas como la elaboración de sartas, un proceso meticuloso que consiste en colgar las hojas de tabaco para su secado. “Un extranjero cobra RD$25 por sarta; un dominicano hasta RD$40 y no tiene la misma destreza. Esa diferencia impacta directamente en la calidad del tabaco y en los costos de producción”, dijo.

Irremplazable

Para algunos productores, la mecanización total sigue siendo inviable. “El sistema del banano no es mecanizable en su totalidad. Algunas labores pueden automatizarse, como el deshierbe o el abono, pero otras requieren el toque humano”, sostuvo Gil Blas Martínez.

A pesar de los desafíos, el gremio bananero asegura estar comprometido con el orden. Adobanano cuenta con un sistema interno de carnetización de sus trabajadores, con datos biométricos del empleado y del empleador, que facilita la identificación, aunque no equivale a una legalización migratoria.

Martínez recordó que en 2014-2015, gracias a un programa conjunto con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), se otorgaron permisos temporales a más de 12,000 trabajadores haitianos. “Invertimos millones para regularizarlos. Pero muchos se fueron, y el sistema no se renovó”, dijo.

Ante la actual coyuntura, sugiere que se retome un sistema de permisos transitorios por colores, similar al anterior, con clasificaciones por sector: bananero, construcción, turismo, entre otros.

La pregunta de fondo sigue sin respuesta clara: ¿quién trabajará en el campo si los dominicanos no muestran interés? La falta de voluntad o habilidades, combinada con la migración de haitianos, pone al país frente a un desafío estructural.

“Estamos haciendo lo posible para insertar dominicanos en el campo, pero no es fácil. Muchos prefieren otras áreas o emigran. Y cuando los tenemos, su capacitación es limitada o el costo es mayor”, insistió Martínez.

El sector ganadero también siente los efectos de las restricciones migratorias. El presidente de la Asociación Dominicana de Productores de Leche (Aproleche), Eric Rivero, señaló que, aunque la ganadería no tiene la misma intensidad de uso de mano de obra que otros sectores agrícolas, una parte importante de los trabajadores en esta actividad son inmigrantes, muchos de ellos posiblemente en condición de indocumentados.

Explicó que Aproleche participa activamente junto al Ministerio de Agricultura y la Dirección General de Migración en los talleres y acciones que buscan ordenar el tema migratorio en el sector.

Destacó que, para apoyar a los pequeños productores, el Estado, a través del Proyecto de Mejoramiento de la Ganadería en República Dominicana (Promegan), ha subsidiado cerca de un 30% del costo de máquinas portátiles de ordeño, que permiten ordeñar entre 20 a 25 vacas, superando el promedio nacional. Según explicó, ya se han entregado unidades en el sur, el Cibao central y la línea noroeste, y se prevé la entrega de más de 300 máquinas adicionales en los próximos meses.

Rivero indicó que un 90% de los ganaderos son pequeños productores con menos de 15 a 20 cabezas de ganado, lo que convierte a la ganadería de leche en una actividad eminentemente de pequeñas o medianas empresas rurales. Subrayó que el sector genera riqueza y alimentos en comunidades necesitadas y que su fortalecimiento contribuye al desarrollo de las familias rurales.

Además, mencionó que se han tomado medidas para facilitar la contratación formal de trabajadores dominicanos, permitiéndoles conservar ayudas estatales como las tarjetas de solidaridad, aun si ingresan al mercado laboral agrícola.

Desde el sector arrocero, el productor Oliverio Espaillat resaltó que han avanzado en los últimos años, y reconoció el interés del Gobierno en facilitar financiamiento a través del Banco de Desarrollo y Exportaciones (Bandex), en apoyo a las asociaciones de productores y cooperativas, como anunció el presidente de la República.

En cuanto a la mecanización, explicó que esta debe comenzar con una adecuada preparación y nivelación del terreno para permitir el uso de tecnologías durante todo el ciclo de producción.

Señaló que es posible mecanizar labores como la aplicación de herbicidas, insecticidas, fungicidas y bioestimulantes, así como la cosecha, que puede realizarse a granel utilizando únicamente operadores de maquinaria.

Espaillat destacó el papel de los drones en la agricultura, permitiendo una aplicación de insumos de forma precisa, rápida y eficiente. No obstante, advirtió sobre el problema del estatus legal de una gran parte de la mano de obra utilizada en la producción agrícola, y enfatizó que es necesario seguir avanzando para garantizar la alimentación del país, de los turistas y de los mercados de exportación.

Escasez de fuerza laboral

De acuerdo con el “Estudio descriptivo-exploratorio sobre el mercado laboral en el sector agrícola y su necesidad de mano de obra extranjera”, realizado por el investigador José Miguel Macías, en conjunto con el Instituto Nacional de Migración (INMRD), en República Dominicana la población de inmigrantes y sus descendientes asciende a 570,933 personas, equivalentes al 5.6% de la población nacional.

Al analizar de manera específica la participación de los inmigrantes en el mercado laboral, los datos levantados indican que el 74.1% pertenece a la población económicamente activa (PEA). Alrededor del 88.5% de la población migrante y sus descendientes son de procedencia haitiana.

La mayoría de los migrantes provenientes de Haití se emplean en sectores mayormente informales (como la agricultura y la construcción) y ocupan puestos de calificación básica y baja remuneración. Según la Encuesta Nacional de Inmigrantes (ONE, 2018), la población ocupada de inmigrantes haitianos es del 76.8 %, de los cuales el 33.8 % labora en el sector agropecuario.

Fuente: el Dinero