¡Procusto operando!

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Fruto de una profunda miseria humana, las tendencias al rechazo del aventajado surgen como resultado de un escrutinio interno y de la valoración concienzuda de aquellas taras difíciles de superar.

Escrito Por: Guido Gómez Mazara

Cuentan que Procusto, antes de ser derrotado por Teseo, concentraba toda su ira frente al que se destacaba. Por eso, su rito esencial consistió en el sadismo de mutilar los más altos y estirarles las piernas a los pequeños. Así nació la patología, destacándose la amarga propensión a boicotear toda expresión de talento a su alrededor.

Fruto de una profunda miseria humana, las tendencias al rechazo del aventajado surgen como resultado de un escrutinio interno y de la valoración concienzuda de aquellas taras difíciles de superar. Y es muy sencillo: nadie puede engañarse frente al irrefutable veredicto de su conciencia. Lo “otro” es maquillar destrezas, engrandecer encantos, apelar al dinero como fuente de validación y creerse en facultad de distorsionar mediante argucias arteras al que toma la decisión final.

Cuando las tareas públicas están caracterizadas por una noción de promoción o premio, a mil kilómetros de las virtudes ciudadanas y los méritos académicos, se cuelan aquellos cuyo sentido de destrezas se traduce en lisonjeros, alcahuetes, alabarderos de poca monta y carentes del sentido ético. Que ellos prosperen es la mejor evidencia del modelo de sociedad invertido que debemos superar. Atrás el talento: su lógica existencial.

Preservarse y/o no dejarse contaminar de esas posturas malsanas requiere de un espíritu sano, decidido a no invertir tiempo en desgarramientos y a superarlos siempre sin reproducir sus manías.

Desgraciadamente, el mundo de lo digital devela exponencialmente los Procusto locales porque se incriminan con facilidad. Todo lo escriben, coordinan sus acciones vulgarmente, sus bocinas traducen líneas políticas diariamente y dejan rastros con monumental torpeza. Además, la glotonería los impulsa a controlar los espacios bajo su jurisdicción y a pretender obstruir todo lo que no puedan someter a su obediencia. De ahí que quienes se destacan y amplían su radio reputacional por su desempeño eficiente terminen “atentando” contra sus agendas estrictamente personales, orquestadas bajo la insana tesis de que lo único esencial en su retorcido mundo es intentar apagar lo que brilla con luz propia.

La meritocracia representa el trampolín por excelencia del espectro promocional en el territorio público y privado.

Intentar conspiraciones en interés de obstruir carreras produce heridas innecesarias y se convierte en materia prima para despertar fieras en periodos de pausa, pero siempre dispuestas al combate.

Fuente: Hoy