Prepararnos para el Super Niño

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Escrito Por: Juan Ariel Jiménez

Los dominicanos tenemos una relación bastante particular con el clima. Cuando llueve mucho lo celebramos con un sancocho, cuando deja de llover nos preocupamos por el calor, y cuando hace mucha humedad sentimos que “de cualquier cosa uno suda”.

Pero detrás de esas variaciones del clima hay consecuencias económicas muy serias. Para un productor agropecuario, unas semanas con menos lluvia o temperaturas mucho más altas pueden significar una menor cosecha y, en algunos casos, la pérdida de buena parte de lo invertido durante meses.

Y lo que comienza como un problema en una finca termina llegando al bolsillo de todos.

En ese sentido, el fenómeno El Niño ha causado anteriormente serios problemas al sector agropecuario, tanto porque afecta la productividad de la producción local como porque puede disparar los precios internacionales de importantes insumos agropecuarios.

Por eso deberíamos prestar mucha atención a lo que está ocurriendo actualmente en el océano Pacífico.

Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), existe aproximadamente un 75% de probabilidad de que entre octubre y diciembre de 2026 ocurra un evento histórico de El Niño que supere en intensidad los registrados desde 1950. En términos más coloquiales, estaríamos frente a lo que muchos denominan un “Super Niño”.

De materializarse este escenario, el año 2027 podría convertirse en uno de los años más calurosos de la historia, con consecuencias importantes para la producción agrícola mundial y, eventualmente, para los precios internacionales de los alimentos.

Y aquí está el punto fundamental: no sabemos con certeza qué tan fuerte será El Niño ni exactamente cuáles serán sus efectos sobre República Dominicana, pero sabemos que existe un riesgo suficientemente importante de sequía y temparaturas altas como para prepararnos desde ahora.

Además, esta discusión va mucho más allá de 2027, pues la evidencia científica indica que el calentamiento global puede incrementar la frecuencia de eventos extremos de El Niño. Esto nos obliga a pensar en políticas de corto, mediano y largo plazo.

En el corto plazo, una primera medida debería ser proteger mejor a los productores dominicanos mediante una expansión del seguro agropecuario tradicional y la introducción de seguros paramétricos.

Un seguro tradicional normalmente compensa al productor cuando tiene una pérdida en su producción o se deteriora su infraestructura. En cambio, un seguro paramétrico realiza pagos cuando determinadas variables previamente acordadas —por ejemplo, cantidad de lluvia, humedad o temperatura— superan ciertos niveles.

También debemos discutir con los principales países productores de cereales la posibilidad de realizar compras conjuntas o acuerdos de gobierno a gobierno, a fin de lograr mejores precios de los cereales (maíz, soya, sorgo y trigo), lo cual reduciría los costos de producción de la carne de pollo, cerdo y res.

En el mediano y largo plazo, necesitamos invertir seriamente en investigación agropecuaria e infraestructura rural.

En República Dominicana debemos desarrollar variedades y clones capaces de soportar mejor períodos de escasez de agua y temperaturas elevadas. Para lograrlo, necesitamos fortalecer y aumentar el presupuesto del Instituto Dominicano de Investigaciones Agropecuarias y Forestales (IDIAF), así como crear fondos concursables de investigación agropecuaria para universidades con facultades de agricultura.

Otra pieza fundamental es incrementar la inversión en infraestructura rural para la resiliencia climática, incluyendo pequeñas y medianas presas que permitan almacenar agua durante los períodos de lluvia y utilizarla posteriormente durante épocas de sequía, así como el revestimiento de canales de riego para disminuir las filtraciones desde las presas hasta las zonas de producción.

Pero construir más infraestructura sin utilizar mejor el agua tampoco resolverá el problema. Necesitamos producir más alimentos utilizando menos agua.

En las zonas arroceras podemos promover la nivelación de terrenos con láser, una tecnología que permite distribuir el agua de manera mucho más uniforme dentro de la parcela. En la producción de frutas y vegetales debemos expandir significativamente el riego por goteo y la microaspersión, innovaciones que mejoran la eficiencia en el uso del agua.

Ciertamente, todo esto cuesta dinero, pero mucho más costoso sería esperar a que llegue una fuerte sequía, perder cosechas, subsidiar productores quebrados e importar alimentos de emergencia.

Por eso debemos saber dónde están nuestros mayores riesgos, asegurar a nuestros productores, invertir en tecnología, almacenar y distribuir mejor el agua, desarrollar variedades resistentes y anticipar posibles choques internacionales en los precios de los cereales.

Y es que, como dice la frase popular, guerra avisada no mata soldado, y si lo mata es por descuidado. Tenemos suficientes señales de organismos especializados de que estamos frente a una posible intensificación extraordinaria de El Niño y, aunque no sabemos exactamente cuál será su impacto, sí sabemos que tenemos tiempo para prepararnos.

Fuente: Listín Diario