Escrito Por: Pablo McKinney
El peligro que para el país representa la pobreza, lo fallido de su Estado, la inestabilidad generalizada y el caos total de la república de Haití, se ha convertido en uno de los principales desafíos para las autoridades dominicanas, a partir de una expresión que viene del Siglo de Oro: “!Quién le poner puertas al hambre!”. He ahí la dura tarea del Estado dominicano. Mejor tarde que nunca.
Tantos años de mafias cívico-militares, andaduras como chivos sin ley, contrabando y corrupción por doquier, más el descuido irresponsable de todos los gobiernos en mejorar las condiciones de vida de los habitantes de las cinco provincias fronterizas, han dejado sus huellas. Por eso, ahora, -que la sociedad haitiana es la suma de todos los fracasos-, el Estado dominicano intentará poner puertas al hambre haitiana. ¡Que Dios le inspire y la Magdalena le ampare”, señor Presidente.
Para explicarnos la respuesta gubernamental a tal desafío, el martes, el Presidente Abinader presentó a un grupo de periodistas el Plan Frontera Fuerte, que busca fortalecer la zona, impulsar la inversión como mecanismo de cohesión social, construir obras fundamentales, promover la producción sostenible, romper el histórico aislamiento de la comunidades fronterizas e intensificar el combate al delito transnacional. Para lograrlo, -nos contó el ministro de Defensa (EN) Fernández Onofre al presentar el Plan-, se ampliarán o construirán más mercados binacionales, se ampliará la verja fronteriza, mientras las FF. AA., tendrá a su cargo fortalecer sus capacidades de acción y protección, además, se hará más eficiente la supervisión, se instalará una escuela vocacional en Montecristi, y se integrará el sistema 9-1-1 a las provincias fronterizas, entre otras muchas acciones.
Ahora, queda pendiente la próxima invitación presidencial para presentarnos en detalles lo que, en el Plan, tiene que ver con el desarrollo económico y humano, que deberá partir de una mejoría de los servicios públicos, y la ampliación de las oportunidades de emprendimientos, y trabajo, mucho trabajo.
La pobreza no rima con soberanía, y solo sirve para unificar a los pobres y fundir la cultura y sus costumbres, en especial en áreas prácticamente binacionales. Hablo de comunidades hermanadas por las carencias y la geografía y, por lo mismo, obligadas a entenderse y sobreponerse a los planes de sembradores del odio que fomentan en ambos lados de la frontera.
¡Comience ayer, señor gobierno! La pobreza no rima con soberanía.

