Escrito Por: Leonel Fernández
Plinio Apuleyo Mendoza, una de las voces más representativas del periodismo colombiano, fallecido el pasado 28 de julio, conoció a Gabriel García Márquez en un café de Bogotá, a finales de los años 40.
No fue un encuentro afortunado. Mendoza se encontraba conversando con Luis Villar Borda, entonces estudiante de derecho de la Universidad Nacional de Colombia, cuando desde la distancia se oyó una voz que le interpelaba por su nombre.
Se trataba del futuro Premio Nóbel, que había caminado atropelladamente entre las distintas mesas para encontrarse con su compañero de estudios. Se sentó sin que nadie lo invitara a hacerlo. Iba vestido de manera llamativa, con un saco de hombros anchos y una camisa multicolor. Se tomó una taza de café, no preguntó por el pago y se marchó insinuándole a la camarera la posibilidad de un encuentro esa noche.
Dejó un mal recuerdo. Lo consideraron un caso perdido. Pero años después, en 1955, volvieron a encontrarse en París, donde Plinio Apuleyo se hallaba estudiando en la Universidad de la Sorbona y García Márquez había llegado desde Ginebra, cubriendo una conferencia internacional para el periódico El Espectador, del cual era corresponsal.
De ahí nació una amistad de más de medio siglo, de sueños compartidos, de solidaridad y compadrazgo. Al quedar García Márquez sin ingresos en París, debido al cierre de El Espectador por la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla, fue Plinio Apuleyo quien le colaboraba con recursos o logrando el pago por algunos de sus artículos en publicaciones extranjeras.
Ideales revolucionarios
Como todo joven latinoamericano de la época, tenían inclinaciones de izquierda. Imbuidos de una alta curiosidad, viajaron juntos por los países socialistas de Europa del Este. Visitaron Alemania Oriental, Polonia, Hungría, Checoslovaquia y la Unión Soviética.
Aunque tenían observaciones distintas sobre cada lugar, culminaron decepcionados con la experiencia que habían tenido. La burocracia extrema, el carácter uniforme de las construcciones, la pobreza y la tristeza en los rostros de la gente, así como por los mecanismos de control social, les produjo una desorientación emocional al percibir el contraste entre la utopía revolucionaria y el mundo lúgubre del estalinismo.
De ese recorrido surgieron los reportajes de García Márquez, publicados luego, sin su autorización, en forma de libro, con el título de Viaje por los países socialistas; posteriormente reeditado como Viaje por los países de Europa del Este.
De Europa, Plinio Apuleyo Mendoza fue el primero en retornar a América Latina, estableciéndose en Caracas a finales de 1957. Fue designado director de la Revista Momento, en la que, de manera curiosa, Juan Bosch, entonces exiliado en Venezuela, publicó los artículos Gobierno y Revolución; y Gobierno y Agitación.
Esos textos fueron reeditados después por la revista dominicana Renovación, dirigida por Julio César Martínez, y fueron los que sirvieron de base para la polémica del líder político con el sacerdote jesuita Láutico García, en víspera de las elecciones presidenciales de 1962.
Mendoza logró que su amigo Gabo fuera también contratado por la referida publicación. Así las cosas, el autor de La Hojarasca se trasladó a Venezuela para de manera casi inmediata ser testigo del desmoronamiento de la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez, quien huyó hacia la República Dominicana de la época de Trujillo.
Venezuela evolucionó hacia un modelo democrático con la firma del Pacto del Punto Fijo y la elección de Rómulo Betancourt. Pero, de manera casi simultánea, se llevaba a cabo en la Sierra Maestra el proyecto revolucionario liderado por el joven abogado Fidel Castro.
El 1ro. de enero de 1959, el Ejército Rebelde depuso la dictadura de Fulgencio Batista, quien al igual que su colega venezolano huyó a República Dominicana, teniendo que hacer pagos millonarios al dictador local.
Plinio Apuleyo Mendoza y Gabriel García Márquez desarrollaron una gran simpatía por la Revolución Cubana. A diferencia de lo que habían experimentado en Europa del Este, entendían que la de Fidel Castro sí representaba una auténtica revolución en favor de los tradicionalmente marginados.
Asistieron a la conferencia Operación Verdad para cubrir los juicios revolucionarios en contra de los esbirros de la dictadura de Batista y junto a otros periodistas de la región, fueron fundadores de Prensa Latina, la agencia cubana orientada a quebrar el monopolio informativo de los medios de comunicación estadounidenses.
Conflictos y rupturas
Las tensiones internas protagonizadas por los miembros del viejo Partido Socialista Popular con los periodistas integrados a la agencia de prensa cubana, derivaron en la renuncia de Gabriel García Márquez y de Plinio Apuleyo Mendoza.
Como resultado, el Nobel colombiano no retornó a Cuba, sino a partir de los años 70, fraguando una cercana amistad con Fidel Castro; mientras Mendoza, en cambio, al igual que otros intelectuales latinoamericanos y europeos, selló una ruptura definitiva con la revolución a partir del caso del poeta Heberto Padilla.
No obstante esas diferencias ideológicas entre los dos periodistas y escritores colombianos, la amistad personal entre ellos logró sobrevivir. Plinio Apuleyo fue el padrino de Rodrigo, el primogénito de García Márquez y su esposa Mercedes Barcha.
Además, con sus libros, El olor de la guayaba; La llama y el hielo; Gabo, cartas y recuerdos; y Aquellos tiempos con Gabo, se convirtió en la principal fuente testimonial de la evolución de Gabriel García Márquez, en el ámbito literario, periodístico, ideológico y político.
Luego de unos inicios de inclinación intelectual por los movimientos de izquierda, Plinio Apuleyo Mendoza terminó siendo uno de los grandes apologistas del movimiento neoliberal, como lo muestran sus colaboraciones en los libros Manual del perfecto idiota latinoamericano; y El regreso del idiota.
Sea como fuere, siempre será recordado como un gran periodista y escritor. Pero, sobre todo, como el amigo de Gabo.
Fuente: Listín Diario

