PLD-FP en el laberinto de su dilema 

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Escrito Por: Pablo McKinney 

Al momento en que esto se escribe, y a partir de los resultados de las encuestas públicas y privadas a las que uno ha tenido acceso en estos últimos años, digamos que, mal contados, minutos más o menos, el PLD y la FP representan algo más de un 40% del electorado y el PRM un 35%. Pues mire Ud. que en el 25% restante (algo más de dos millones cien mil almas) está la victoria. Solo que, antes de que llegue la hora definitiva de las urnas, cada uno de esos tres partidos, más sus aliados naturales, y los grupos de compra y venta de cada proceso electoral, tienen que enfrentar sus demonios y resolver sus dilemas, que en este caso, nada tienen que ver con el romántico “Dilema” del mago de la media voz, Juan Lockward, ay, “Cuando yo te olvide…”.

Así, tanto al PLD como a la FP, le está llegando la hora de, -sin ser la Fermina Daza de “El amor en los tiempos del cólera”, elegir a quién entregará su amor, o sea, los votos que para la segunda vuelta se le habrán quedado sin dueño. Lo que no es tan fácil predecir, pues una orden de cualquiera de ellos no garantiza la transferencia automática de sus votos al PRM, si es que pasara a la segunda vuelta, por supuesto. 

Los rencores. En este enigmático laberinto de verdes y morados, al PRM podrían salvarle los rencores, la ruptura definitiva entre Danilo Medina y Leonel Fernández. Y es que como en el 2020 y el 2024, la derrota de Leonel o Danilo, no sería exactamente perder, sino que ganase el otro y también viceversa. Además, -y esto supera las querellas de ambos-, la victoria de cualquiera de ellos, decreta el inicio de la fusión hacia el partido vencedor, como ocurrió con el PRM y el que fuera alguna vez, “el partido de la esperanza nacional”, el PRD, pero los más jóvenes.  

Otras tareas. Pero el PRM tiene otras tareas. La primera de ellas es la aplicación de la Ley del Martín Fierro, que consiste en mantener la unidad a cualquier precio el día después de elegido el candidato. La otra, remite a reponerse cuanto antes de lo que, para el gobierno y su relato del cambio y la lucha contra la corrupción, representó el caso SENASA. De otros dilemas sin Lockward seguiremos hablando.