El mandatario colombiano se salta la prohibición para participar en política electoral, a pesar de los intentos de Iván Cepeda por desmarcarse
Obligado a remontar en una campaña que se ha puesto cuesta arriba, el senador Iván Cepeda, el candidato de la izquierda colombiana en la segunda vuelta del 21 de junio, no consigue soltar el lastre que representan muchas de las posturas más vehementes de Gustavo Petro. Omnipresente, el presidente no ceja, se empecina en participar en política electoral y no deja que los reflectores se aparten de su figura, a pesar de que el candidato intenta marcar distancia, al menos en los asuntos más sensibles para su aspiración.
En la última semana, el candidato del oficialista Pacto Histórico le cerró definitivamente la puerta a la idea de una Asamblea Nacional Constituyente, convocó a los líderes (y votantes) del centro político y aceptó los resultados de la primera vuelta del 31 de mayo, en la que obtuvo 40,9% de los votos, por detrás del candidato de ultraderecha Abelardo de la Espriella, con 43,7% –una ventaja de más de 650.000 votos, en contra de todos los pronósticos, que daban favorito a Cepeda–. Señales de apertura y moderación que el presidente, que respalda sin disimulo su candidatura, no ha compartido del todo, o si mucho ha aceptado a regañadientes.
“Estoy listo a dialogar, como lo he venido haciendo, con sectores del centro político a los cuales respeto y reconozco. Comprendo las críticas, en muchos casos justas, a lo que hemos hecho en estos cuatro años”, concedió Cepeda en uno de sus mensajes a lo largo del fin de semana, un puente festivo en Colombia. Ya había advertido, cuando se distanció definitivamente de una Constituyente de la que nunca estuvo convencido, que el proyecto de la extrema derecha es una propuesta “regresiva y autoritaria”, una “amenaza” para la democracia colombiana que debería congregar en torno a su nombre al centro, el liberalismo democrático y los sectores reformistas. Justamente los mismos en los que más suspicacias despertaba la Constituyente que Petro llevaba meses agitando, y que Cepeda, como senador del Pacto, había considerado inconveniente desde el primer momento.
Entre esos liderazgos de centro se destacan Sergio Fajardo, que obtuvo un millón de votos en la primera vuelta, o Claudia López, ambos muy críticos del ascenso de De la Espriella, sin llegar a darle todavía su respaldo a Cepeda. Sin ir muy lejos, un grupo de 30 personalidades simpatizantes del centro político –entre ellos Cecilia López y José Antonio Ocampo, ministros al comienzo de este Gobierno– publicó este martes un manifiesto con el que esperan contribuir a alejar a Colombia de la “polarización política extrema” y del “agravamiento de la violencia”, sin decantarse por ninguno de los dos finalistas.
“Una vez terminados los escrutinios, reconozco los resultados de la primera vuelta de la elección presidencial”, declaraba Cepeda en otro mensaje del domingo, con lo que pasaba definitivamente la página de las confusas denuncias de fraude en las que se ha empecinado Petro, que sigue sin reconocer el desenlace de la primera vuelta. Cepeda ya había dicho desde el lunes posterior a las elecciones que su campaña no tenía pruebas de “irregularidades protuberantes”, pero en un primer momento se hizo eco de la postura del presidente, lo que le costó numerosas críticas.
A lo largo de los tres días del puente festivo, en plena campaña, Cepeda escribió una veintena de mensajes en sus redes sociales, muchos de ellos agradecimientos escuetos de una línea a figuras públicas, columnistas e intelectuales que le expresaron su apoyo. El presidente Petro, más del doble de publicaciones, la inmensa mayoría de innegable tinte electoral, varios dirigidos directamente a De la Espriella, a pesar de los constantes llamados desde distintas orillas para que se abstenga de participar en política electoral –una prohibición explícita de la legislación colombiana que los mandatarios suelen ignorar, aunque ninguno lo había hecho de manera tan flagrante hasta ahora–. Incluso le respondió “Heil Hitler” a un columnista que cantó su voto por el aspirante ultra.
La campaña de la izquierda ha hecho un cambio de narrativa que apuesta por la decencia, un atributo asociado a Cepeda. La estrategia, que plantea una dicotomía entre la vida y la muerte, juega con la idea de que el partido está en el medio tiempo, en charla técnica, y todavía queda la segunda parte para remontar el marcador. En lo más inmediato, necesitan movilizar otros sectores –tanto de centro como abstencionistas– para recuperar el impulso perdido. Y desde su campo reconocen que sería más fácil hacerlo si Petro cediera algo de su exacerbado protagonismo en el debate público. Esa se antoja como la más difícil de las tareas.
Para el analista Sergio Guzmán, de la consultora Colombia Risk Analysis, “el principal activo y el principal riesgo de la campaña de Cepeda es Gustavo Petro”. Para el candidato es muy difícil desmarcarse del presidente y tener credibilidad al hacerlo, sostiene, dado que una gran parte del éxito y viabilidad de su campaña es la defensa de la continuidad del proyecto político. “Ahora que Petro parece estar salido de quicio, tuiteando hasta ‘Heil Hitler’, y fijando ese tuit, le va a costar trabajo a Cepeda venderse como un moderado”, advierte.
Cepeda ha tejido alianzas con sectores afines en la Alianza por la Vida, una coalición electoral más amplia que incluye al exministro del Interior Juan Fernando Cristo, la fragmentada Alianza Verde, sectores disidentes del Partido Liberal, el expresidente Ernesto Samper y el excanciller Luis Gilberto Murillo, entre otros. Aliados como Cristo y el senador verde Ariel Ávila tienen la tarea de convencer a los indecisos y los votantes más de centroizquierda. Pero Petro constantemente parece dirigirse solo a la militancia del Pacto Histórico, salidas contraproducentes en el propósito de ampliar el rango.
El candidato de la izquierda “está atrapado por la lógica que le impuso Petro a la campaña”, sometido a una “contradicción terrible”, advierte Sandra Borda, investigadora y académica de la Universidad de Los Andes. Al observar los resultados de la primera vuelta, concluye que “Cepeda no pudo ampliar la base electoral que construyó Petro durante cuatro años en el Gobierno”. Por lo tanto, no puede separarse explícitamente del presidente, pues se arriesga a perder los votos que le está aportando su base electoral. “Petro le está boicoteando la campaña a Cepeda”, señala Borda. Con su discurso, “le está imponiendo el obstáculo más alto al candidato para que se mueva hacia los moderados, el centro y los indecisos”.
Fuente: EL PAIS

