Pautas para que lleguen cosas buenas

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Escrito Por: José Miguel Gómez

El cerebro recuerda y revive más los eventos traumáticos, negativos y difíciles de la vida. De las experiencias dolorosas y sufribles, las amígdalas cerebrales, el hipocampo y el sistema límbico lo expresan emocionalmente. Sin embargo, los eventos y experiencias gratificantes que entran al circuito de recompensas por vía dopaminérgica, pasan a la corteza prefrontal. Es de ahí que, las emociones llegan primero que el pensamiento e influyen en las respuestas y en las decisiones que asumimos en la vida.

Vivir rumiando pensamientos negativos, catastróficos, de desesperanza, pesimista y fatalista, de forma recurrente se convierten en sistema de creencias limitado y distorsionado que hacen que lleguen cosas negativas, produciendo dolor emocional y social.

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Para hacer que lleguen las cosas buenas a la vida, hay que empezar desde el cerebro, con las actitudes emocionales positivas, con pensamientos optimistas, esperanzadores y realistas.

Siempre se debe asumir propósitos alcanzables, buscar de refugios positivos: leer, música, caminar, espiritualidad, tertulia, amigos saludables, encuentros familiares, redes positivas y controladas de forma responsable.

Para motivar, recibir y dejar llegar las cosas buenas, hay que construirlas desde las buenas prácticas de vida, a través del merecimiento, la reciprocidad, la autocompasión, la bondad y la gratitud con los demás y con el entorno donde socializamos.

Está altamente estudiado en la neurociencia, la neuro-plasticidad cerebral-nuevas células conectadas con químicos y hormonas positivas para la vida, que se activan desde buenas acciones oxigenantes y nutrientes.

Saber elegir a personas de buena vibra, con empatía, creatividad, alegría, amor, solidaridad y altruismo, mejorando la autoestima, la satisfacción, el entusiasmo y la calidad y calidez humana.

Hoy se sabe que las personas terminamos siendo la media de las cinco personas o espacios donde mas socializamos, compartimos y vivimos. Cuando nos juntamos con personas tóxicas, chismosas, amargadas, envidiosas y resentidas, corremos la vulnerabilidad y el riesgo de terminar como el grupo o las personas que inciden en nuestras vidas.

Para que lleguen cosas buenas en nuestras vidas hay que aprender a cuidar a los demás a reconocer, validar, reforzar, premiar y estimular a las demás personas. Además, salir todos los días a sumar personas, no ha restar y maltratar personas.

La esperanza es saber que cosas buenas van a suceder en la vida. Sabemos que hay días difíciles, personas difíciles, grupos tóxicos y adversidades; sin embargo, es inteligente emocionalmente aprender a poner límites y decir que no para no dañar nuestra vida.

Las cosas buenas se trabajan, se conquistan, se construyen en el día a día; no llegan sola, no es suerte, ni chepa, son resultados de una vida acompañada desde la sanidad, la beneficencia y de la cultura de los buenos tratos hacia las demás personas.

La energía positiva, el premio o la recompensa en la vida llega a través de la misericordia, de fe, la gratitud y la bondad. Hay que dar en la vida para recibir, hay que tratar humanamente bien, para sentir el respeto, la admiración y la protección emocional y social.

Estas son pautas para preparar y dejar llegar las cosas buenas a nuestras vidas. Pero, para lograrlo, hay que accionar y fluir en la vida a través de las actitudes emocionales positivas, con un cerebro sano, una personalidad sana y sabias decisiones que permitan establecer la empatía y la reciprocidad.

Fuente: Hoy