“Oviedo Dibujante” o la proeza de un genio

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En el arte dominicano Ramón Oviedo significa maestría, realidad y símbolo. Pronunciar su nombre implica rendirle homenaje. Gracias al coleccionista e investigador, Mario Martínez, se le ha dedicado un libro formidable, revelando el sobresaliente nivel de dibujos incontables.

A más de diez años de su partida a la eternidad, Ramón Oviedo sigue siendo noticia como si iluminara el arte con su presencia. Una exposición impresionante y un libro magnífico sitúan al maestro como el creador visual cimero, no solamente de la República Dominicana, sino del Caribe, de América Latina y del continente americano. Sobra el reconocimiento…

El resplandor de una exposición en Autozama enmarcó la puesta en circulación de “Oviedo, dibujante”, un libro magnífico, tal vez el más hermoso y completo que se haya publicado sobre una categoría y un artista, tanto en sus imágenes y su diseño, como en sus textos escritos por varios autores, o sea una obra maestra bibliográfica, que correspondía a la sublimidad de Ramón Oviedo.

Hoy en día, no solamente los museos y centros culturales presentan exposiciones: arte y espacios se han universalizado. La excelencia de un artista puede brillar en distintos contextos. Así, dibujos de Oviedo, admirables por naturaleza, circundaban una plaza fuera de lo común.

El muy numeroso público -entre amigos y curiosos- no dejaba de mirar las engalanadas paredes, pero se (con)centraba en la presentación elocuente de un libro excepcional. Inicialmente concebido como un catálogo de alto nivel, gracias a Mario Martínez resultó casi una verdadera enciclopedia del dibujo…. con la participación de un equipo.

Es más, lo calificaríamos también como libro-exposición, global y retrospectivo.

El dibujo de Ramón Oviedo

Teniendo la costumbre de tratar un tema, no directamente, sino por las circunstancias que lo motivaron, expresaremos que la publicación surgió a partir de una exposición estelar, presentada en la Galería Nacional de Bellas Artes, y la última de ese nivel bajo responsabilidad nuestra, con una estupenda museografía de Salvador Bergés, gran conocedor del arte en la teoría como en la práctica.

El dibujo, en opinión nuestra, es la más completa y compleja de las categorías artísticas, y la obra de Ramón Oviedo confirma esta propuesta definitoria. No se limita a reproducir la realidad o su versión real-imaginaria, sino transmite una manera de verla, eligiendo formas y líneas de particular interés.

En el caso de Ramón Oviedo, se trata de una opción personal y absoluta. Impactan sus opiniones, que van de lo propio y nacional a lo general e histórico: el libro reproduce, destacándolas gráficamente, estas apreciaciones de un pensador, que provoca la reflexión. Hemos elogiado frecuentemente esta habilidad de los artistas, a veces más “sabios” que los críticos.

Los dibujos manifiestan siempre una gran seguridad, hasta con trazos finos, apresurados y “gestuales”. La figura humana se privilegia, pero ‘describe” con igual potestad la corpulencia de un toro o la elegancia de un caballo.

Es que, pese a miles -no exageramos– de dibujos, Ramón Oviedo no se repite. En un mismo tema, cambia el enfoque, la energía, la dimensión, la técnica, el estilo…. ¿Quién, como él, sería capaz de alternar un academicismo -complaciente aún en tiernos temas familiares – y un expresionismo casi rabioso en fuertes escenarios sociales?

No se trata de facilidad, hay un dinamismo genial, impulsivo y compulsivo -hemos viajado con Ramón, en el avión no paraba de dibujar-, pero el equilibrio, algo orgánico, reina en la composición, hasta cuando plasma violencia del grito, combate o sufrimiento. Nunca dejamos de pensar en el enfrentamiento patriótico del “Pueblo en lucha” -llevado a escala mural-. Es el Oviedo, dibujante de historia, de ayer y de hoy… que sentía una magna admiración por Pablo Picasso y su Guernica.

Singularidades

El lápiz, el grafito, sobre todo la tinta, instrumentan en blanco y negro mayormente -ese negro que tanto quería Henri Matisse-, escenarios y actores: el dibujo de Oviedo hace pensar en el teatro… y el teatro de la vida, fértil, densa, generosa, sensual.

Muchas obras no tienen título. El maestro no lo necesitaba, quizás le hubiera quitado tiempo, o anhelaba que su espectador se compenetre libremente… A menudo, el título limita. Ahora bien, con la incomparable impresión de los dibujos, los disfrutamos e “interiorizamos”: ¡percibimos el original desde la reproducción!

Tendemos a exaltar el drama en el dibujo de Ramón Oviedo, y el libro acompaña esta apreciación. Tal vez, confundimos drama y emoción, porque todas sus obras nos parecen altamente emotivas, para quien las hace… para quien las recibe. Ahora bien, nuestro maestro tiene el sentido del humor, y probablemente su mano ligera multiplicaba los trazos alegremente. En los retratos neorrealistas como el de Carlos Gardel, una franca sonrisa ilumina el rostro, así mismo palpamos la alegría cuando Ramón Oviedo delinea bailarines o gente saltando… El humor puede ser feroz en alguna caricatura, pensamos en la de Juan Bosch.

Tratamos de “traducir” el dibujo de Ramón Oviedo, según las obras reproducidas en “Oviedo dibujante”. Adrede, no hemos querido leer el ensayo nuestro, parte del libro.

Coda

Cuando afirmamos que Ramón Oviedo es el Pablo Picasso de la República Dominicana, no se trata de complacer a familiares e íntimos, es una realidad, por la inmensidad de su producción, por la diversidad de sus obras, por el virtuosismo de su dibujo, por sus múltiples compromisos, por una energía incontenible, y más. Hay un Museo Picasso en París. Aguardamos el Museo Oviedo en Santo Domingo.

Algunos datos sobre el libro “Oviedo DIBUJANTE”

Textos: Marianne de Tolentino, Salvador Bergés, Mario Martínez, Omar Molina, y citas.

Agradecimientos: Fundación Ramón Oviedo, Mario Martínez, Louis Snelders, Omar Molina.

Fotografías: Mariano Hernández. Diseño: Guillermo Beltré.

Impresión: Editora Corripio.

Fuente: Hoy