Nadie está seguro en el Gobierno de Trump: la purga en el Pentágono sigue con el despido del secretario de la Armada

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La salida de Phelan, unida a las de tres secretarias del Gabinete en las últimas semanas, resucita el convulso recuerdo del primer mandato del presidente republicano tras un año de estabilidad

Durante el primer año de su regreso al poder, Donald Trump logró cambiar la imagen de la Casa Blanca de su primer mandato como un lugar convulso, en el que el jefe, haciendo honor a su pasado de estrella de la telerrealidad que se hizo famoso al grito de “¡Estás despedido!“, podía echar a sus colaboradores en cualquier momento y de cualquier manera, a menudo, a golpe de tuit. Así se deshizo de un fiscal general, un secretario de Estado, un asesor de Seguridad Nacional, un director de comunicación y del jefe del FBI, lista que completaron las renuncias: 14 miembros de su Gobierno lo dejaron entre 2017 y 2021, así como cuatro jefes de Gabinete, y otros tantos portavoces de la Casa Blanca.

Esta segunda vez se rodeó de un equipo tan leal y con tan pocas ganas de llevarle la contraria que dio la impresión de que su guardia pretoriana había venido para quedarse a su lado hasta el final. Estas últimas semanas, en la que se han sucedido las defenestraciones de la fiscal general, Pam Bondi, y la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, así como la renuncia de la de Trabajo, Lori Chavez-DeRemer, acosada por el escándalo, ha quedado claro que solo era eso: una impresión.

El despido —o la presión para que renunciara él mismo, según la afición de cada cual al eufemismo— del secretario de la Armada, John Phelan, fue este miércoles la última baja sensible de un alto cargo de la Administración de Trump (sin rango esta vez de miembro del Gabinete). También sirvió como otra prueba de que sigue la purga que el secretario de Defensa, Pete Hegseth, está llevando a cabo en el Pentágono. Hegseth y Phelan llevaban meses enfrentados, así que el segundo ha vuelto a sus quehaceres previos al servicio público: es un multimillonario coleccionista de arte que recaudó fondos para la campaña de reelección de Trump.

Y parece que esa última parte, que fue la que a todas luces más pesó en el nombramiento de alguien sin experiencia en el liderazgo militar, sigue intacta, a juzgar por un mensaje de Trump en su red social, Truth. Lo publicó este jueves, pocas horas después de usar ese mismo medio para anunciar que había ordenado a los buques de la Armada que ya no dirige Phelan que disparen contra los barcos que pongan minas en el estrecho de Ormuz.

“Es un viejo amigo y un empresario de gran éxito, y ha desempeñado una labor sobresaliente como mi secretario de la Armada durante el último año. John ayudó a mi Administración a reconstruirla, tras haber quedado rápidamente mermada y casi abandonada bajo la gestión del adormilado Joe Biden», escribió el presidente, antes de añadir que Phelan había “decidido dejar su cargo”.

Donald Trump, este jueves en una reunión en el Despacho Oval.
Donald Trump, este jueves en una reunión en el Despacho Oval.Kylie Cooper (REUTERS)

Las informaciones publicadas por los medios estadounidenses tras el escueto anuncio del Pentágono indican que en esa salida no primó precisamente la voluntad del despedido. La destitución de Phelan es la de mayor rango en la purga llevada a cabo por Hegseth. El expresentador de Fox News de pasado turbulento (que incluye denuncias de abusos sexuales y por problemas con el alcohol) asumió un cargo para el que no tenía más preparación que su paso por el Ejército como una cruzada para volver a dotarle de valores nacionalistas cristianos y para inocularle testosterona guerrera tras años de padecer lo que él denuncia como una dictadura de lo wokeFueron los años, siempre según ese punto de vista, en los que el ardor guerrero se echó en el olvido y medraron las minorías y las mujeres.

Antes de sacarse de encima a Phelan, Hegseth se deshizo del jefe del Estado Mayor Conjunto, de la jefa de Operaciones Navales o del general que ejercía de segundo del Estado Mayor del Ejército, entre otros cargos sensibles. Tal vez no parezca la idea más sensata cambiar al secretario de la Armada de un país en guerra. Pero llueve sobre mojado. El 2 de abril, Hegseth destituyó sin aducir motivo al jefe del Estado Mayor del Ejército, Randy George.

Entonces, como ahora, la purga se atribuyó a las tensiones en el seno del Pentágono. Estas son especialmente graves entre el secretario de Defensa (de Guerra, le gusta llamarse a sí mismo, pese a que el Congreso no ha autorizado ese cambio de denominación) y el del Ejército, Dan Driscoll, al que, según cuentan fuentes bajo compromiso de anonimato, tiene por el enemigo en casa.

Driscoll, de la cuerda del vicepresidente, J. D. Vance, posible candidato a suceder a Trump en 2028, está considerado en Washington como el relevo natural de Hegseth, que, indican esas fuentes, aún no se ha recuperado del escándalo Signalgate. Estalló cuando un periodista de The Atlantic acabó por error en un grupo privado de ese sistema encriptado de mensajería en el que varios miembros del Gobierno compartieron imprudentemente planes de ataque a los hutíes en Yemen.

Aquella crisis de reputación de un Gobierno que echaba a andar y que dio preocupantes muestras de no estar a la altura de los protocolos de seguridad que se le suponen desembocó en la primera salida de relieve del entorno de Trump. Pocas semanas después, el presidente envió Mike Waltz, tras 101 días como su consejero de Seguridad Nacional, a servir como embajador ante la ONU. Fue él quien metió al periodista en el famoso chat de Signal.

Divisiones internas

Pasaron 10 meses hasta que se quebró de nuevo la imagen de armonía en el Gabinete de Trump, que al presidente le gusta abonar con retransmisiones en directo de sus reuniones, en las que todos se deshacen en halagos con el líder. En marzo pasado, el republicano destituyó a la polémica secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, responsable del despliegue en Minnesota que acabó con los agentes federales matando a tiros a dos ciudadanos estadounidenses.

A Bondi, la fiscal general, la despidió el jefe por su gestión de los papeles de EpsteinChavez-DeRemer se fue para mitigar los daños antes de que saliera a la luz una investigación de sus abusos de poder en el Departamento de Trabajo.

Así que el nuevo pasatiempo favorito en Washington consiste en aventurar quién será el siguiente en salir por la puerta de la Casa Blanca, en vista de que los niveles de popularidad de Trump están por los suelos, y de que tiene tan poca paciencia como experiencia previa en armar crisis de Gobierno.

Las principales webs de predicción, modernas casas de apuestas, llevaban este jueves en cabeza a Tulsi Gabbard, directora nacional de Inteligencia, tránsfuga demócrata que dijo en el Congreso que no creía que Irán estuviera cerca de obtener la bomba atómica y que desde entonces no acaba de volver a ganarse el favor de Trump. A Gabbard la seguían Howard Lutnick, secretario de Comercio señalado por los papeles de Epstein y las mentiras con las que trató de sacudirse esos vínculos con el millonario pederasta, y Hegseth, de quien estos días se ha publicado que la Administración le está buscando sustituto.

Hasta que eso pase, el secretario de Defensa parece decidido a seguir buscando en plena guerra recambios a otros, como Phelan, al que sucede momentáneamente en el puesto Hong Cao. Hasta el miércoles, era su segundo al frente de la Armada estadounidense.

Fuente: EL PAIS