Memorando y violencia

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Es otra más y no será la última. Queda el eco de los anuncios alegres de Punto Vida, récords en Casas de Acogida y el “nunca antes se había hecho”,…

Escrito Por: Carmen Imbert Brugal

Mientras la exigua pero tenaz intelligentia criolla intentaba descifrar un memorando que convierte el territorio en reservorio de material humano desconocido, un hecho dramático desvió la atención.

El memorando no es acuerdo, pero sí obligación-no vinculante-galimatías que amerita consultas urgentes para acotejar lo pactado en el vademécum de la manoseada transparencia oficial, empañada cada día. Es más que previsible que en este caso no habrá reversa. No puede haber arrepentimiento, ni revivir el argumento de la escucha activa del gobierno. La conveniencia dicta y la genuflexión también.

Acorde con la sinuosidad de los términos utilizados por el canciller, “pronto” estarán en el país personas deportadas por EUA, antes de regresar a sus naciones de origen y permanecerán “días” en el territorio.

No serán refugiados tampoco ingresarán al sistema migratorio dominicano. Categoría de parias con asiento en la isla y con posibilidad de convertirse en cualquier cosa y amén.

La apuesta es al paso del vendaval porque así ha sido. Fuerza no hay para contrarrestar discursos ni para señalar las flagrantes contradicciones que afectan la figura presidencial, cómoda en la poltrona de la aceptación colectiva. Sin convocatorias para exigir, con los apóstoles de la ética, tan vehementes y levantiscos en otra época, hoy callados y satisfechos, la ambigüedad prevalecerá hasta que algún huésped audaz decida denunciar violación a sus derechos.

El supra mencionado desvío de atención lo produjo el asesinato de Esmeralda Moronta de los Santos. La víctima, atendiendo la exhortación de las autoridades y lo previsto por leyes y protocolos existentes, interpuso una querella contra su agresor en la correspondiente Unidad Integral de Atención a la Violencia de Género, Intrafamiliar y Delitos Sexuales.

Quedó en el papel la queja como en la Unidad el desastre. No hubo protección, alarma ni conmiseración, hubo dejadez y burocracia esa que después es usada para las estadísticas, para publicar la cantidad de denuncias recibidas.

El asesino, decidido, esperaba afuera del local, la persiguió hasta lograr el objetivo anunciado, presentido y que pretendía evitar la querella.

Es otra más y no será la última. Queda el eco de los anuncios alegres de Punto Vida, récords en Casas de Acogida y el “nunca antes se había hecho”, como proclama tediosa.

Los feminicidas se suicidan y los huérfanos de la violencia están ahí y crecen con posibilidades de reeditar el patrón. El suicidio, además de burlar la sanción impide confirmar hipótesis que acercan a los motivos del crimen e incluyen celos, inseguridad, incapacidad para aceptar el fin de la relación. Imposible olvidar a los presos que en la cárcel matan a su pareja y luego se suicidan. El tema se diluirá en esta sociedad de emociones fugaces, atrapada en una “nueva normalidad” marcada por la violencia, la impunidad y el desafío estridente, público, a las autoridades desde el reinado de influencers y artistas urbanos que delinquen convencidos de que “nadie puede conmigo”. Hace décadas algunos preguntaban ¿Qué funciona en RD? La respuesta aludía una compañía de servicios telefónicos, un restaurant ubicado en la autopista Duarte y una empresa de autobuses, valdría ahora la pregunta con temor a la respuesta. 

Fuente: Hoy