Las Dunas de Baní  y el país en que vivimos 

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Escrito Por: Pablo McKinney

Si una alcaldía cualquiera del país, no es capaz de proteger la tumba de nuestros muertos en el cementerio municipal. Si la Policía Nacional no ofrecen ninguna seguridad al ciudadano, sino todo lo contrario. (El ciudadano de bien le teme a su mal). Si las autoridades competentes, (y sobre todo las incompetentes), no logran frenar la ocupación/ devastación/ destrucción de Las Dunas de Baní, delante de guardias, policías, vecinos, guardaparques, serenos o intranquilos, y a pesar de un supuesto acuerdo de protección ¿? firmado entre el ministerio del asunto y la Armada Dominicana, con asiento en las mismas dunas, o sea, la  base naval de Las calderas.  

Si el Estado Dominicano no es capaz de llevar a un sindicato de docentes (ADP) a su propia legalidad para defender el derecho a educarse de los estudiantes más pobres entre los pobres estudiantes pobres; si el INTRANT no es debidamente empoderado para imponer orden en las calles con la ley en la mano. Si las Dunas de Baní van empequeñeciéndose en un juego cínico de incapacidad, falta de voluntad política, de una investigación real de parte de los aparatos de seguridad del Estado y sus largas manos. Si entre todos, hemos sido incapaces de frenar las mafias invasoras que invaden, vuelven a invadir y ya hasta se conectan al servicio eléctrico nacional. Entonces, ¿en qué país vivimos? Hacia dónde vamos, si venimos del caos  y marchamos hacia el desconsuelo, vulnerables como huérfanos. 

Cada gobierno compite con el anterior en no cumplir lo prometido, a pesar de que todos, en su momento de gloria electoral, han controlado prácticamente todos los poderes del Estado. Entonces, si no somos capaces de proteger nuestros muertos, ordenar nuestras calles, educar a nuestros niños, y un etcétera más largo que un olvido; vencido, uno debe preguntar y pregunta, ¿en qué país vivimos? Qué salida tenemos los dominicanos, acosados por un caos fascista, lavandero y fornicador que, triunfal y aplaudido, amenaza, insulta, recibe apoyos y crece en cada proceso electoral.  

Si las Dunas van desapareciendo en un juego cínico de incapacidad, corrupción, falta de voluntad política, bandas cívicos militares, mafias históricas y delincuentes de siempre, entonces, ¿en qué país vivimos? ¿Hacia dónde vamos, si venimos de un polvo, caminamos entre el lodo, y ya, hasta en Las Dunas de Baní “estamos tocando el fondo”, don Gabriel, “estamos tocando el fondo”.