La primera marcha de la derecha Azteca

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Crónica de la cobertura mediática de la marcha del 15 de noviembre. TV Azteca buscó imponer una narrativa de represión y caos, mientras que los medios tradicionales no alcanzaron a construir su propia narrativa. La construcción de realidad mediática con nuevos métodos y los mismos viejos fines

Las ocho columnas de todos los periódicos del domingo 16 de noviembre fueron para la marcha del día anterior, pero da la impresión de que las redacciones no supieron muy bien en dónde enfocarse. Pese a la evidencia de su ausencia, algunos vieron marchar a la generación Z: “Se moviliza Marcha Z contra crimen y la 4T” dice Reforma, “La Generación Z, ni dormidos ni tibios”, dice El Sol de Durango, “Salen jóvenes a manifestarse en el país”, dice La Crónica de Baja California. Otros son más precavidos y se cuidan de mencionar a la juventud: “Marchan por La Paz y contra la inseguridad” (El Sol de Puebla), “`Necesitamos alzar la voz`: tapatíos marchan por seguridad” (El Informador de Guadalajara); “¡Queremos paz!” (AM, de León, Gto.) “`Queremos paz`”, claman” (Excelsior); “Multitudinaria protesta” (Diario de Yucatán); “Marchan contra Sheinbaum y la impunidad” (El Siglo de Durango). Sin embargo ninguno de estos encabezados menciona la violencia o la desorganización, y no parecen extrañar la falta de discursos ni oradores.

Algunos, los menos, sí mencionan la violencia. La Prensa (CDMX) lo bautiza como “Día de furia”; El Universal le da gusto a todos: “Protestan entre sombreros, Gen Z y petardos”; el Vanguardia (Saltillo) da cuenta de la contradicción evidente: “Marchan contra violencia… y se desata la batalla” al igual que lo hace El Debate (Culiacán): “La generación Z pasó del clamor de justicia a la violencia”. El que parece se hizo a las prisas es el de La Jornada pues se olvidó del sujeto de su frase: “Condena a violencia desatada después de manifestación Z”.

Las portadas de los impresos siguen siendo una guía para saber por dónde van los intereses de los diferentes grupos políticos y económicos, pero ahora parece haber muy poca sincronía, muy poco acuerdo. Unos vieron a la Generación Z marchar, otros no vieron violencia, en lo único en lo que estuvieron de acuerdo es que ninguno vio a Salinas Pliego, a pesar de estar detrás de la convocatoria, a pesar del enorme despliegue de sus empleados, marchando y reporteando.

Un conductor de TV Azteca sale a la calle

El conductor estrella de Canal 40 (ADN Noticias, le llaman ahora) se puso los tenis y salió a reportear a las calles. Acompañado de sus guardaespaldas recorre la marcha que su empresa y sus aliados del PRI, PAN y exPRD le arrebataron a los jóvenes que la convocaron, noobs de la política que fueron fácilmente rebasados por la derecha por la ultraderecha.

Manuel López San Martín, se llama ese conductor. No recuerdo haberlo visto trabajar así, en la calle. Lo suyo es leer noticias perfectamente acicalado. Encabeza a un equipo amplio de reporteros como parte de una gran cobertura que desplegó su empresa, TV Azteca, por todo el país. Entrevista a sus conocidos y aliados, como Emilio Álvarez Icaza, pero también a desconocidos que lo abordan y mandan saludos al “Tío Richi” y los felicitan por “tener tantos pantalones”.

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La mayoría de sus entrevistados son adultos mayores de 40. Un par de ellos comienzan con un deslinde: “No soy zeta”, aseguran con firmeza, como si al verles pudiéramos confundirlos con alguien 30 años menor. Aunque quizá lo dijeron con mayúscula: “No soy Zeta”, y entonces tiene más sentido el deslinde. Incluso entrevista a una bisabuela.

  • Es la primera marcha convocada por una operación de redes sociodigitales y una televisora concesionada en defensa de un magnate con aspiraciones políticas.

López San Martín sigue caminando hasta que al fin encuentra a un Gen Z, un joven encapuchado que fue a protestar por el impuesto a los videojuegos violentos. Manuel lo deja hablar sin interrumpirlo mientras el muchacho se avienta toda la lista de juegos violentos que conoce.

La cobertura de López San Martín refleja las vaguedad de la marcha. Algunos hablan de medicinas, otros de sus pensiones, otros de la paz, otros en contra de la delincuencia en su colonia, en contra de los médicos cubanos. La constante que repiten todos sus entrevistados es “estamos en contra de este gobierno” y al fondo la multitud corea “¡Fuera Morena!. A varios el reportero les tiene que recordar a Carlos Manzo, darles la línea.

Más adelante otra persona se le acerca y dice “Estamos muy contentos por la marcha, pero estaríamos más contentos si Ricardo Salinas Pliego pagara sus impuestos”. Manuel no sabe cómo reaccionar, alcanza a balbucear “Sí paga”, pero su interlocutor, mucho más hábil para la interacción callejera, le da la mano y se despide.

Antes de llegar al Zócalo le avisan que ha comenzado la batalla. Se despide de la transmisión y abandona el terreno de juego, no sin antes asegurar que esta marcha quedará en los libros de historia. Se quedan los reporteros-tropa de TV Azteca a recibir los empujones, las pedradas, el gas de extinguidor y los regaños desde el estudio.

El reportero que quería narrar realidad

El reportero y el camarógrafo de TV Azteca que se han quedado en el Zócalo transmiten el avance de la policía antimotines que desaloja la plancha luego de dos horas de zafarrancho. Un grupo de uniformados se acerca a ellos, se paran frente a la cámara y el reportero les dice “Déjame hacer mi trabajo”. Los encaminan rumbo a la salida. Los conductores desde el estudio le preguntan qué está pasando.

El reportero responde “Nos están resguardando”, José Luis Mora, el conductor que está en el estudio, le replica alterado “No, no, no, no los están resguardando, los están sacando”. Y sigue: “Lo agreden, lo reprimen, lo retiran”. Alejandra Molina, la co-conductora, complementa: “Ojalá así trataran a los cárteles de la droga”. Me distraigo pensando por qué pensará esa conductora de televisión que es una buena idea enfrentar a los cárteles de la droga con policías antimotines desarmados, que ni toletes traen. Escudos de policarbonato contra cuernos de chivo. Además en una proporción de diez a uno, según se alcanza a ver en la toma de la webcam del Zócalo.

  • Los influencers se ven contentos, orgullosos de su primera marcha

Regreso de mi distracción y veo al reportero, que sigue ahí en la plancha ya sin policías a su alrededor, mientras el conductor alterado sigue quejándose de la represión contra la prensa y la violación al derecho de informar. Se acerca al reportero un policía, un mando. Le toca la espalda con deferencia. “Por favor, nos vamos a retirar”. El conductor alterado casi grita: “El régimen ha encapsulado la plaza pública como nunca, como si se tratara de la peor amenaza en la historia del México moderno”.

El conductor cierra el enlace con ese reportero que no colabora: “Hoy sábado 15 de noviembre, la policía de la Ciudad de México, estos gobiernos, insistimos, que nos han dicho que son de derechos, de plenitud, de acceso a la ciudadanía al espacio público, de la libre manifestación, en fin, esos gobiernos son los que hoy vulneraron a los ciudadanos, los que lo lastiman en lo físico, pero más importante, los que buscan lastimarlos en la integridad”.

Mientras da su comentario editorial, la producción pasa el video de una mujer que intentaba avanzar entre los antimotines en busca de su familia. Uno de los policías la empuja con su escudo mientras otro elemento le jala el cabello. En menos de un minuto pasaron ese video 16 veces. La represión en loop.

A diferencia del reportero que pretendía narrar los sucesos tal cual los había visto, los conductores del estudio son más conscientes de que su chamba está en riesgo. Saben que su despido es inminente, que los reemplazarán por IA antes de pagar la deuda con el fisco.

La mesa de influencers apartidistas

Ya por la noche, López San Martín presenta su mesa de análisis. Sus invitados son Jimena Villicaña, Arturo Herrera y Edson Andrade. Jimena fue coordinadora de jóvenes de la campaña de Xóchitl Gálvez, participó en el capitoliazo que asaltó el senado por la Reforma Judicial y ha encabezado las protestas en Michoacán (de donde es oriunda). Arturo es el enlace de Javier Negre en México, desde La Derecha Diario y Edson es un influencer que hizo campaña por Xóchitl Gálvez y que ahora apareció en videos convocando a la marcha en nombre de la generación Z. Puro apartidista.

Cualquiera que quiera ver y analizar las estrategias discursivas de la nueva derecha debería ver esta mesa. Son transparentes.

Mientras tanto en el otro canal de TV Azteca, Javier Alatorre, transparente también, se para encima de la bandera de One Piece para reportar también los eventos de la marcha nacional.

Los influencers se ven contentos, orgullosos de su primera marcha. Se deslindan del grupo de choque que removió las vallas de metal y que dejó cien policías heridos. Presumen con orgullo sus ojos irritados por los gases. Edson menciona en cada intervención sus redes sociales. Arturo es quien se ve más satisfecho y también el más entrenado para el discurso, listo para su candidatura del 2027.

Una mala marcha es una buena marcha

La marcha estuvo muy desorganizada en los términos tradicionales, fue muy pequeña comparada con lo que se auguraba, no lograron tomar el Palacio como era su intención y no obtuvieron tampoco los cadáveres que habrían llenado sus noticieros y sus discursos. Aún cuando el componente principal de las manifestaciones en todo el país eran las bases panistas y priístas, no se puede comparar con las multitudinarias marchas convocadas por esos partidos moribundos. Pero fue un éxito.

  • Una marcha donde lo importante no sería el discurso de algún orador que nadie escucha, sino que fue una escenografía de una producción televisiva que intenta e intentará presentar la imagen de un país colapsado.

Una marcha donde era innecesario un templete para oradores porque los oradores están en cada espacio de noticias de TV Azteca. Es la primera marcha convocada por una operación de redes sociodigitales y una televisora concesionada en defensa de un magnate con aspiraciones políticas. Es la primera marcha donde una guarimba mexicana se enfrenta a policías desarmados, les asegura que se van a morir, que vienen armados y de parte de los carteles de la delincuencia organizada. Una de esas guarimbas, equipada con cizallas, sierras eléctricas y cuerdas, es la primera en lograr remover las vallas metálicas de Palacio. También es la primera donde los manifestantes se pasean con símbolos nazis, se hacen pintas judeófobas y se portan pancartas de misoginia y homofobia —tan vulgares que parecían haber sido escritas por Ricardo en persona— sin que ningún acto de rechazo lo pudiera impedir.

Una marcha donde lo importante no sería el discurso de algún orador que nadie escucha, sino que fue una escenografía de una producción televisiva que intenta e intentará presentar la imagen de un país colapsado.

El constructo mediático

En La construcción social de la realidad, Berger y Luckmann sostienen que la vida social se organiza a partir de significados que las personas producen y comparten hasta volverlos instituciones: primero se externalizan, luego se objetivan y, por último, se legitiman. Hablan de “constructos”: marcos de sentido que nacen de la experiencia cotidiana y que, con el tiempo, se vuelven parte del mundo.

Berger y Luckman no hablaron de eso, pero podríamos hablar de esta operación de Salinas Pliego como un constructo mediático. Un constructo que no sigue ese camino lento ni socialmente arraigado descrito por ellos, sino la construcción de una realidad alternativa que no emerge de la experiencia común de la gente, sino de la intervención deliberada de un aparato de comunicación que intenta imponer una narrativa específica —de caos, de miedo, de desgobierno, de colapso— independientemente de los datos y de la percepción real de la población. Una sustitución de realidad.

La estrategia consistiría en recopilar cerezas de agravios —delincuencia común, percepción de inseguridad, escasez de medicinas— y repetirlos hasta hacerlos pasar por una realidad generalizada. Es una institucionalización acelerada, vertical, sostenida no por la vida social y su reiteración, sino por la repetición mediática. Algo como lo que Walter Lippmann llama pseudoenvironments: mundos simbólicos más fuertes que la realidad.

El constructo mediático reorganiza selectivamente la información, magnifica hechos aislados, invoca espontaneidad en acciones prefabricadas y convierte el malestar específico de un grupo en el supuesto sentir general del país. Un ejercicio de poder simbólico que supone que la gente dejara de creer en lo que vive y empezará a creer en lo que le dicen que vive. 

El constructo mediático reorganiza selectivamente la información, magnifica hechos aislados, invoca espontaneidad en acciones prefabricadas y convierte el malestar específico de un grupo en el supuesto sentir general del país. Un ejercicio de poder simbólico que supone que la gente dejara de creer en lo que vive y empezará a creer en lo que le dicen que vive. Los aliados y sus empleados de TV Azteca intentan rehacer México desde la pantalla, para fines que nada tienen que ver con un mejor país, un país más justo, un país libre de violencia, sino solamente para que su dueño se libre de pagar impuestos.

Los bots no marchan

Hace una semana dije en este espacio que señalar la presencia de bots en las convocatorias a la marcha sería contraproducente, pues le daría municiones de agravio a los marchadores. En casi todas las manifestaciones que hubo en el país apareció alguien con una pancarta que decía “No soy bot”. Eso no le quita el valor y la pertinencia al reportaje de Salvador Frausto, pero sí valdría para lo presentado por Miguel Ángel Elorza, a quien también le criticaría haberles dado foro y presencia a los influencers, que ahora se llaman perseguidos políticos por haber aparecido en el espacio de La Mañanera.

Fuente: Diario Red