La ola conservadora

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El avance conservador en América Latina refleja el desgaste de los proyectos políticos que dominaron la escena desde comienzos del siglo.

Escrito Por: Guido Gómez Mazara

El avance conservador en América Latina refleja el desgaste de los proyectos políticos que dominaron la escena desde comienzos del siglo. Pero los cambios de época no admiten imitaciones automáticas ni garantizan éxitos permanentes, especialmente en un escenario internacional atravesado por nuevas disputas hegemónicas.

El que observa con detenimiento la conducta electoral de toda la región latinoamericana llega a la conclusión de un auge y éxito de las visiones conservadores. Atrás quedaron los días de expansión de la política estructurada con posterioridad al ascenso de Hugo Chávez, que proponía opciones distantes de las organizaciones tradicionales y dispuestas a la decapitación de los liderazgos históricos.

Si bien es cierto que en su momento las políticas de subsidios recibieron el apoyo social, las simpatías comenzaron a colapsar cuando aquellos reprodujeron los vicios que decían combatir, y multiplicaron la cultura de la ineficiencia anclados en dogmas impracticables. Esto abrió la posibilidad a nuevos actores con lazos a los viejos aparatos organizativos y sus ideas.

La fascinación por el pasado emerge como respuesta a la insatisfacción con un presente que nubla las esperanzas de un mejor futuro. Lo difícil es renunciar a darles un contenido de carácter social, económico y político local a las fuerzas empujadas por los nuevos vientos. Creer que la condición de conservador puro y simple allana los caminos del éxito constituye una postura muy simplista. 

Los péndulos en política no acontecen por azar ni es posible calcar experiencias de otras naciones para que resulten exitosas aquí. Subirse al tren puede terminar en un descarrilamiento.

Las experiencias de Argentina, Chile, Honduras, Colombia, y potencialmente en España y Brasil, entrañan una repulsa ciudadana a las modalidades de gestiones incapaces de evolucionar sobre las encrucijadas que motivaron sus triunfos. Muchos de los desplazados por la fuerza del voto no entendieron que lo inteligente era hacerse a un lado y promover relevos que no cargasen con los rechazos propios de estar largos años en el centro del debate público. Al igual que las opciones de izquierda, la ola conservadora sufrirá eventuales desgastes, y observaremos de nuevo cómo la rabia ciudadana termina en votos opositores.

Cada época define el marco de la actuación política y es de torpes no leer las coordenadas establecidas para reiterar valores, jugar al acomodo, esquivar incomprensiones y afianzar criterios alrededor de la política y las debidas dosis de pragmatismo. El hilo invisible que une todo es un ambiente internacional sumamente tensionado, con líneas de disputa definidas y un marcado interés en recuperar los ámbitos hegemónicos propios de la Guerra Fría, aunque en la actual coyuntura expresados en cuestiones concernientes a comercio, narcotráfico, migración, corrupción y dominio tecnológico.

No estamos ante el modelo conservador clásico e inspirado en golpes militares y desconocimiento de los derechos humanos. El de ahora es digitalmente activo, capaz para dar la batalla en el terreno de los argumentos y ciertamente feroz en el reclamo.

Fuente: Hoy