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La maldición de ser patrio trasero 

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El Bulevar de la vida por Pablo McKinney

La invasión rusa a Ucrania ha enviado más de una señal al resto del mundo. 

La primera de ellas remite a una crisis de la democracia liberal que no cesa de profundizarse en una Europa cada vez más débil y fraccionada, en unos Estados Unidos ante el peligro de un populismo trumpista que mantiene dividida su sociedad, más el club de movimientos populistas, fascistas de ultraderecha que amenazan con ganar elecciones en más de un país de tradición democrática. 

En el nuevo tablero mundial, China y Rusia juegan con las reglas del libre mercado, pero ninguno de ellos sigue los lineamientos de la democracia liberal, sino una mezcolanza de capitalismo autoritario de partido único y sin las libertades ciudadanas que han caracterizado a las democracias liberales. 

Hoy la lucha no se da entre socialismo democrático Vs. democracia liberal, sino entre una democracia liberal en crisis que tiene de frente como alternativa a unas democracias autoritarias política y económicamente exitosas o por lo menos estables, y unos movimientos de corte fascista en crecimiento, ya dije. 

El otro mensaje va dirigido a los pueblos de la periferia de las naciones de vocación imperial, Estados Unidos, China, y una Rusia que, para ingresar al club, necesita recuperar las exrepúblicas soviéticas, razón por la cual ya había  ocupado territorios de Georgia, Moldavia y la misma Ucrania. 

Los países ubicados en la “zona de influencia” de los  imperios debemos definir nuestra estrategia. Qué hacer frente a unos señores que se sienten con el derecho de mantener bajo  su control a los países de su entorno, a cualquier costo, incluido el golpe de estado, el asesinato de sus líderes y hasta el genocidio.

La agresión rusa contra Ucrania ha remitido al mundo a la crisis de los misiles de octubre de 1962, cuando Cuba, acosada por  Estados Unidos, instaló bases con misiles nucleares del ejército soviético, como forma de frenar la decisión norteamericana de arrasar al país que en 1961 se había declarado socialista. Mientras a los dominicanos, ¡Claro!, nos ha recordado aquel abril de 1965, cuando “con sus marines de nudoso pañuelo” Estados Unidos hizo contra nuestro país, justo y lo que Rusia ha hecho contra el pueblo de Ucrania.

En su periferia, los países imperiales solo pueden tener enemigos o súbditos, vasallos en plan Siglo XXI, pero eso sí, con banderita, himno nacional y Congreso. Nostalgia de Juan Bosch, ¡ay!

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El Bulevar de la vida por Pablo McKinney

La invasión rusa a Ucrania ha enviado más de una señal al resto del mundo. 

La primera de ellas remite a una crisis de la democracia liberal que no cesa de profundizarse en una Europa cada vez más débil y fraccionada, en unos Estados Unidos ante el peligro de un populismo trumpista que mantiene dividida su sociedad, más el club de movimientos populistas, fascistas de ultraderecha que amenazan con ganar elecciones en más de un país de tradición democrática. 

En el nuevo tablero mundial, China y Rusia juegan con las reglas del libre mercado, pero ninguno de ellos sigue los lineamientos de la democracia liberal, sino una mezcolanza de capitalismo autoritario de partido único y sin las libertades ciudadanas que han caracterizado a las democracias liberales. 

Hoy la lucha no se da entre socialismo democrático Vs. democracia liberal, sino entre una democracia liberal en crisis que tiene de frente como alternativa a unas democracias autoritarias política y económicamente exitosas o por lo menos estables, y unos movimientos de corte fascista en crecimiento, ya dije. 

El otro mensaje va dirigido a los pueblos de la periferia de las naciones de vocación imperial, Estados Unidos, China, y una Rusia que, para ingresar al club, necesita recuperar las exrepúblicas soviéticas, razón por la cual ya había  ocupado territorios de Georgia, Moldavia y la misma Ucrania. 

Los países ubicados en la “zona de influencia” de los  imperios debemos definir nuestra estrategia. Qué hacer frente a unos señores que se sienten con el derecho de mantener bajo  su control a los países de su entorno, a cualquier costo, incluido el golpe de estado, el asesinato de sus líderes y hasta el genocidio.

La agresión rusa contra Ucrania ha remitido al mundo a la crisis de los misiles de octubre de 1962, cuando Cuba, acosada por  Estados Unidos, instaló bases con misiles nucleares del ejército soviético, como forma de frenar la decisión norteamericana de arrasar al país que en 1961 se había declarado socialista. Mientras a los dominicanos, ¡Claro!, nos ha recordado aquel abril de 1965, cuando “con sus marines de nudoso pañuelo” Estados Unidos hizo contra nuestro país, justo y lo que Rusia ha hecho contra el pueblo de Ucrania.

En su periferia, los países imperiales solo pueden tener enemigos o súbditos, vasallos en plan Siglo XXI, pero eso sí, con banderita, himno nacional y Congreso. Nostalgia de Juan Bosch, ¡ay!

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