La madre

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Escrito por: Pablo McKinney

Siempre hay un sentimiento de tranquila y agradecida nostalgia cuando a un hijo le toca pensar en la madre. De feliz agradecimiento por tanta entrega, amor, disciplina y cariño habla un hijo dominicano (presidente de la república o guachimán de condominio) cuando recuerda sus años de infancia pensando en su madre.

En estos tiempos, muchos no entienden aquello que pensaron los griegos, rescató Lope de Vega y cantó Sabina, sobre cuidarse del peligro de llegar uno a ser tan pobre que solo tenga dinero. Le ha ocurrido a más de uno, que después de revisar sus finanzas, chequear cuentas, pasar balance a los millones perdidos en cuentas por cobrar, llega a la errónea conclusión de que no es rico, solo porque no tiene fortuna ni bienes materiales. Craso error.

Sabe uno que un hombre rico “es aquel cuyos hijos corren hacia sus brazos a pesar de tener las manos vacías”, pero existe otra sentencia remitida al mágico momento en que Ud. toma su celular, anuncia que sale hacia la urbe sureña (Baní), y dos horas después (porque no terminan de inaugurar la avenida de circunvalación) se presenta en la casa familiar para felicitar a su madre por su cumpleaños 96 y tener, además, la dicha añadida de que ella, consciente, lo entienda, lo agradezca y comience con lo suyo, lo de siempre, que ha sido preocuparse para ocuparse del hijo, “que tu espalda, mijo”, ¿y las Paola?, te guarde esos mangos, en la nevera está el locrio que te gusta. Te mandé a comprar arepa”.

Doña Yolanda tenía el mágico poder de conjugar el cariño y la dedicación, el beso y el abrazo con el boche preciso y la pela a tiempo, con el castigo implacable de, en la noche, prohibirnos ver “Bonanza” porque en la tarde habíamos ido a marotear mangos, a nadar en el canal y a guerrear con tomates en la finca de La Famosa.

Por eso, hoy no importa si el país se desangra en sus odios, si nuestras élites siguen propiciando la creación de un monstruo con apoyo popular por indignación acumulada; por hoy, puede continuar reinando el “patriotismo” selectivo, el oportunismo cínico y la memoria conveniente. Por este día solo es verdad e importante, que Doña Yolanda Ortiz cumple 96 años y en salud. Todo lo demás puede esperar. Ya habrá tiempo para regresar al mundo de los muertos y sus querellas…

Fuente: Listin Diario