La industria de hidrocarburos traza la ruta para hacer ‘fracking’ en Colombia

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Las empresas apuntan al potencial en ocho cuencas para duplicar la producción de petróleo

El sector de los hidrocarburos en Colombia está ansioso por comenzar con los proyectos de fracking. La llegada de Abelardo de la Espriella a la presidencia trae la promesa de llevar al país, por primera vez, a la extracción comercial de petróleo y gas atrapados en lo que la industria llama yacimientos no convencionales, es decir, rocas de baja permeabilidad a través de las cuales es difícil que el hidrocarburo fluya. El proceso implica fracturar esas rocas con una presión altísima (con agua, arena y químicos) para liberarlo. Esa técnica es el fracturamiento hidráulico, o fracking, que en Colombia está desde hace años en una zona jurídica gris que lleva a que, sin estar prohibido, tampoco se haya practicado de forma comercial.

En campaña, De la Espriella prometió hacer “fracking a lo que dé”, con la condición de dejar fuera los páramos y los santuarios de agua, como Santurbán. Dicha promesa ya tiene una hoja de ruta trazada. Según la consultora estadounidense Welligence Energy Analytics, Colombia tiene potencial de yacimientos no convencionales en ocho cuencas, repartidas entre el Caribe, el corredor del río Magdalena, el nororiente fronterizo con Venezuela y la Amazonía. La que concentra casi toda la conversación es el Valle Medio del Magdalena, la cuenca petrolera más tradicional del país —allí está el campo La Cira-Infantas, en producción ininterrumpida desde 1918— y donde se halla la mayor refinería, la de Barrancabermeja. Allí habría hasta 13 billones de pies cúbicos de gas y hasta 7.000 millones de barriles de petróleo en el escenario más optimista. Le sigue en tamaño la Sinú-San Jacinto, con hasta 66 billones de pies cúbicos de gas. Hoy Colombia consume cerca de 369.000 barriles de petróleo al día, y el plan energético de campaña apunta a casi duplicar la producción nacional (de 736.000 a 1,3 millones de barriles diarios).

La conversación es tensa porque atraviesa una maraña de complejidades: la política energética, el pulso social, el aporte económico y las preocupaciones ambientales. Andrés Gómez, ingeniero de petróleos y coordinador para América Latina de la Iniciativa por un Tratado sobre Combustibles Fósiles, argumenta que esa técnica es extremadamente intensiva en uso de agua, y que sus réditos económicos son cuestionables. También debate la urgencia detrás de la promesa: “Colombia tiene apenas el 0,1% de las reservas probadas de petróleo del mundo y menos del 0,05% de las de gas, y entre 2014 y 2024 el país invirtió más de 10.000 millones de dólares en exploración sin lograr reponer ni el 10% de lo que produjo en el mismo periodo”, dice en entrevista con EL PAÍS.

Pese a ese escepticismo, la industria insiste en el Valle Medio, donde existen datos reales de subsuelo gracias a contratos que la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) firmó con operadores entre 2015 y 2017, destaca el geofísico Jaime Checa. El profesor de la Universidad de los Andes, Sergio Cabrales, agrega que la infraestructura también juega a favor, con el corredor férreo entre Santa Marta y La Dorada, el puerto fluvial de Barrancabermeja, el gasoducto hacia Ballena y los oleoductos que llegan a Coveñas, que facilitarían la logística. Un documento firmado por seis asociaciones del sector cita datos de la ANH que muestran que las reservas probadas de petróleo dan para 7,2 años y las de gas para 5,9. Desarrollar los proyectos en esa cuenca, calcula la Asociación Colombiana de Ingenieros de Petróleos, sumaría cerca de 70 años de autosuficiencia en gas y 16 más en petróleo. La decisión está en manos del Gobierno.

Esa definición incidirá en Ecopetrol, la empresa más grande del país y una fuente fundamental de recursos para un Estado que afronta un alto déficit fiscal. La petrolera de mayoría pública encadena tres años de utilidades a la baja, en medio de la decisión de Gustavo Petro de usarla de herramienta de transición energética, por la que frenó la firma de nuevos contratos de exploración de hidrocarburos. A eso se sumó un gobierno corporativo afectado por las denuncias penales contra su presidente, Ricardo Roa.

Los inversores locales e internacionales vigilan de cerca la nueva dirección de la petrolera, más ahora que la apuesta por el fracking podría quedar en manos de alguien que nunca ha trabajado en el sector. De la Espriella confirmó ante el principal sindicato de la industria, la Unión Sindical Obrera (USO), que la apuesta por los yacimientos no convencionales será un “pilar fundamental” de la gestión de su antiguo gerente de campaña y ahora candidato a presidir la compañía, Joaquín Gutiérrez. Gutiérrez es administrador de empresas, con una carrera hecha en los sectores de la salud y la construcción.

La designación se definirá en una asamblea de accionistas, que aún no se convoca, pero que se planea para finales de septiembre. “La renovación en la Junta y en el equipo directivo ya ha comenzado. El Gobierno, que tiene el 88,5% de las acciones, propondrá la renovación de seis de los nueve miembros del órgano”, dice el experto en el sector energético Mauricio Téllez en conversación con EL PAÍS. Ya se anunció la llegada como miembro de la Junta del ingeniero Jorge Mario Velásquez, expresidente del Grupo Argos, algo celebrado por quienes quieren impulsar el negocio de hidrocarburos de la compañía.

Así, todo apunta a una nueva disposición anímica de la petrolera. “La nominación del presidente tiene su peso, pero la decisión la debe tomar la nueva junta directiva”, resalta Téllez. Los mercados anotan cada movimiento, pues el paralelismo con el gobierno anterior resulta duro de esquivar (Roa llegó a Ecopetrol por su cercanía con Petro, sin trayectoria petrolera y tras gerenciar su campaña). Gutiérrez, de presidir la petrolera, tendrá en sus manos el piloto de fracking más avanzado del país, Kalé, en Puerto Wilches. Con tres pozos en 20 hectáreas, cuenta con licencia ambiental desde 2022, pero está suspendido porque la Corte Constitucional exigió completar la consulta previa con la comunidad AfroWilches. Ese trámite aún continúa, y su desenlace puede ser lo que permita a De la Espriella cumplir su promesa de fracturar “a lo que dé”.

Fuente: EL PAIS