La generación Z prefiere aislarse del ruido y refugiarse en casa, ¿por qué lo hace?

0
6
Comparte esto:

Porque, en lugar de vivir obsesionados por un flujo infinito de notificaciones, muchos jóvenes están cambiando el ritmo: encienden velas artesanales para reducir el estrés, ponen de fondo listas de “lo-fi beats” para buscar un ambiente tranquilo y controlado y se dedican al autocuidado recuperando lo tradicional.

En plena era de la hiperconectividad, el acto de resistencia más radical de la generación Z no ocurre en las calles, sino detrás de la puerta de su propia casa. Atrás quedaron las ganas de estar siempre disponibles; ahora, la prioridad es desconectar, dejando de lado al algoritmo para refugiarse en lo que ellos mismos llaman la estética “cozy” (acogedora).

Porque, en lugar de vivir obsesionados por un flujo infinito de notificaciones, muchos jóvenes están cambiando el ritmo: encienden velas artesanales para reducir el estrés, ponen de fondo listas de “lo-fi beats” para buscar un ambiente tranquilo y controlado y se dedican al autocuidado recuperando lo tradicional.

El agotamiento del “scroll” infinito.

Para entender este giro, basta con poner cifras al agotamiento. Según la firma de investigación DCDX, un joven de la generación Z pasa una media de siete horas y 22 minutos al día frente al móvil. Dicho de otra forma: un tercio de su vida anual, cerca de 112 días, lo dedica exclusivamente a mirar la pantalla.

Pero la paciencia se ha agotado y hemos llegado a un punto de inflexión. Un estudio de Talker Research indica que el 63% de estos jóvenes ya limita activamente su tiempo de uso y lo hacen más otros grupos de edad. Y todo esto, en plena era del “doomscrolling” (deslizar constantemente con el móvil para ver contenidas).

Es su respuesta ante la llamada “economía de la atención”. Tal y como explica el experto Kaiwei Tang para CNN, el problema no es el teléfono en sí, sino un modelo de negocio diseñado al milímetro para retener a los usuarios y convertir su tiempo en datos para los anunciantes.

Ante tanta sobreestimulación, el fenómeno “cozy” (acogedor) ha pasado de ser una curiosidad para convertirse en la tendencia del momento. De hecho, en Steam, el uso de esta etiqueta para atraer jugadores creció un 675% entre 2022 y 2025.

El crochet o ganchillo, una de las aficiones que los jóvenes priorizan a la hora de desintoxicarse de las redes sociales. Foto: Rahim Egul (Pexels)
El crochet o ganchillo, una de las aficiones que los jóvenes priorizan a la hora de desintoxicarse de las redes sociales. Foto: Rahim Egul (Pexels)EFE

Algo que se explica con el éxito de videojuegos como ‘Snacko’ o ‘Bookshop Simulator’, que han desbancado a los títulos de disparos, lucha y acción en favor de simuladores de granjas y gestión de recursos o entornos confortables, sin rastro de violencia.

Para muchos, estos contenidos funcionan como una forma de automedicación digital frente a un mundo en crisis. Utilizan las herramientas virtuales, sí, pero no de la forma en la que lo hacen los usuarios de las redes masivas. Y esta calma ha saltado de la pantalla a la realidad cotidiana.

“La correa está atada a un ‘smartphone’ y el teléfono está paseando al humano, no al revés”, advierte el consultor Mario Candido a través de su perfil de Linkedin. Y así, quizás el síntoma más claro de este “detox” sea el inesperado regreso de la tecnología más básica.

Los llamados “dumbphones” (teléfonos tontos, en contrapartida a los dispositivos inteligentes), aquellos celulares o móviles antiguos, están viviendo una segunda juventud. HMD Global, fabricante de Nokia, ha visto cómo las ventas de sus modelos clásicos de tapa se han duplicado.

Cada vez son más los jóvenes que deciden restringir el uso del teléfono: un 63% ya lo hace, y algunos recurren a dispositivos antiguos para disfrutar de su ocio sin el "smartphone". Foto: Cottonbro Studio (Pexels)
Cada vez son más los jóvenes que deciden restringir el uso del teléfono: un 63% ya lo hace, y algunos recurren a dispositivos antiguos para disfrutar de su ocio sin el «smartphone». Foto: Cottonbro Studio (Pexels)EFE

Rescatando los “hobbies” de antes.

La necesidad de recuperar el control físico y romper con la vigilancia digital también ha tenido impacto en la industria musical. En 2025, las ventas de vinilo en Estados Unidos superaron los 1.000 millones de dólares, con 48,5 millones de unidades vendidas frente a los 29,5 millones de CDs.

Este “detox digital” se completa con un rescate de las aficiones manuales. El ganchillo o “crochet”, por ejemplo, ha dejado de ser una actividad asociada a las abuelas para convertirse en una aliada de la salud mental.

Y esto va más allá de la percepción de un grupo de usuarios: un estudio internacional publicado en Perspectives in Public Health demostró que el 89,5% de quienes lo practican experimentan una mejora significativa en su estado de ánimo y una sensación de calma profunda.

Además, el propio cuerpo también vuelve a ser un templo. Plataformas como Pinterest ya detectan este giro hacia lo físico y el autocuidado. Su informe de tendencias subraya que las búsquedas sobre rutinas de cuidado corporal se han disparado un 1.025%.

Y es que, frente a la intensidad del ocio tradicional, los jóvenes apuestan ahora por otros planes, como las “slowcations” o vacaciones lentas: viajes diseñados para priorizar las mañanas perezosas en la cama frente a las noches interminables de fiesta.

Las velas artesanales o de lujo son, a veces, un intento de las marcas por capitalizar la tendencia hacia el detox digital. Otras, una elección que invita al relax sin pantallas Foto: Roman Odinstov (Pexels)
Las velas artesanales o de lujo son, a veces, un intento de las marcas por capitalizar la tendencia hacia el detox digital. Otras, una elección que invita al relax sin pantallas Foto: Roman Odinstov (Pexels)EFE

¿Moda o cambio de paradigma? De momento, una tendencia. Pero, a pesar de que las empresas ya intentan empaquetar la paz como un producto más, con aplicaciones de meditación con suscripciones de pago o velas de lujo que prometen “reducir la ansiedad”, la base de este movimiento es una resistencia genuina.

Y es que la verdadera desconexión es aquella que es consciente. Así, al apagar las luces de las pantallas para encender una vela y escuchar un vinilo de música folk, los jóvenes están recuperando el silencio que el algoritmo les había robado. Porque en un mundo acelerado, elegir la calma se ha convertido en el acto más revolucionario.

Fuente: Listin Diario