La fatiga mental y sus implicaciones

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La demanda de consultas médicas por fatiga mental está aumentando en especialidades como: neurología, psiquiatría, psicología, medicina interna, etc.

La demanda de consultas médicas por fatiga mental está aumentando en especialidades como: neurología, psiquiatría, psicología, medicina interna, etc. Está afectando a personas en edades productivas y adultos que refieren, más que cansancio, encontrarse agotados, “viviendo al borde”, “fatigados”, enlentecidos y con el cerebro “quemado”.

Un cansancio se recupera con reposo, dormir y desconectarse unos días. En la fatiga mental la persona no lograr reponerse, los síntomas tienen presencia por semanas o meses, producto de un estrés crónico, un agotamiento emocional, con síntomas físicos muy severos que le dificultan realizar la cotidianidad.

En la fatiga mental hay una sensación de pinchazos, calambres, apatía, desinterés, desgana, desconexión con el entorno, cansancio y un “cerebro quemado”; es decir, dificultad para pensar, olvidos frecuentes o neblina mental, poca concentración, dificultad para resolver problemas, menos creatividad y la sensación de “cabeza pesada”.

Señales de una persona con fatiga mental son: no se desconecta del trabajo, de la pantalla y de las redes, saturación por informaciones, vivir conectados y estar informada por muchas horas, dificultando el sueño, el descanso y la relajación física y mental. Sin embargo, también la parte emocional y física quedan impactadas por la fatiga; en lo emocional hay desregulación, falta de energía, abatimiento, irritabilidad, nerviosismo, ansiedad y depresión.

En la parte física, encontramos una persona con dolor muscular, de cabeza, rigidez muscular, trastorno del sueño, problemas gástricos, desgano, pérdida del apetito o comer por ansiedad llegando a la inflamación o sobrepeso.

Las consecuencias de la fatiga crónica repercuten en diferentes áreas: laboral, físico, social, familiar y personal. Cientos de personas se accidentan o sufren accidentes laborales por fatiga mental, otro se refugia en drogas, abuso de ansiolíticos o antidepresivos o conflictos de parejas y malas relaciones interpersonales.

Cuando se observa una persona que refiere vivir procrastinando, desesperada, de poco interés por las cosas, apática, con sentimiento de ser insuficiente o de inutilidad, de vacío existencial y de falta de ganas para emprender y priorizar la vida, hay que descartar depresión, pero también fatiga mental crónica.

Esa nueva esclavitud moderna de vivir conectado, de querer competitividad, éxito rápido, notoriedad, visibilidad, confort, información y vivir la sensación de ser “supra suficiente” es lo que más está impactando el cerebro de las personas.

¿Qué hacer con la fatiga mental?

Sencillo, descanse, desconectarse de las redes dos horas ante de dormir, hacer ejercicios, meditación, yoga, buena alimentación, distraerse con otras actividades y otros espacios para ejercitar el cerebro, administrar el ocio, leer, escuchar música, bailar, encuentro familiar y amigos.

El cerebro y el cuerpo necesitan vivir y experimentar cosas diferentes, nuevos aprendizajes y nuevos estilos de vida contra el estrés y la fatiga mental.

Hoy vivimos adictos a la conexión de las tecnologías y las redes, pero desconectados de nosotros mismos, de los familiares y amigos. La fatiga mental se puede prevenir y tratar; reflexione para que no entre en un agotamiento emocional.

La fatiga mental es una alteración cognitiva, emocional y social que afecta a millones de personas en el mundo. Es la responsable de mala calidad y calidez de vida, de resultados psicosociales mal gerenciados y de una normalización que conlleva a la adicción de las redes, la tecnología y la saturación de información. En resumen, cuide de forma responsable su salud mental y su bienestar emocional y social.

Fuente: Hoy