Tras siete intentos fallidos de volver a su país, tres de ellos esta semana, la líder opositora está a un paso de romper con Trump, pero no lo da. Las promesas de retorno incumplidas desgastan su credibilidad
En solo 24 horas, María Corina Machado no pudo subirse a un barco que la sacara de Panamá hacia Venezuela. Ni a un vuelo a la isla caribeña de Aruba que nunca despegó. Tampoco prosperó un último intento de volar hacia la isla de Curazao. Las puertas se cerraron una detrás de otra ante lo que era el quinto, el sexto y el séptimo intento de la opositora por volver a su país desde que en diciembre salió clandestinamente para recoger el Nobel de la Paz.
La odisea de Machado —otra— salía a la luz mientras su archienemiga Delcy Rodríguez se reunía en Nueva York con Donald Trump. Eran dos imágenes opuestas que ilustran la impensable situación en la que está sumida Venezuela desde hace ya casi nueve meses. Por un lado, la presidenta encargada, chavista y antiimperialista, agradeciendo y sonriendo al presidente que se llevó detenido a su jefe una madrugada de enero. Por el otro, la líder de la oposición que más lazos tiene con Washington, fracasando en su enésimo intento de participar en la supuesta transición que vive su país. El contraste era tan perfecto que es difícil creer que fuera casual.

Nadie dice públicamente quién impide entrar a Machado. Su hija Ana Corina advirtió de que hay “muchas fuerzas de por medio”, pero no quiso entrar en detalles. El secretario de Estado, Marco Rubio, se hizo el desinformado cuando le preguntaron por los tres intentos fallidos: la llamó valiente y desvió la conversación hacia su deseo de que los ocho millones de venezolanos que están fuera regresen a su país. Washington niega que exista veto alguno, pero todos coinciden en que esto se resuelve con una llamada de la Casa Blanca. “El único que tiene el poder para hacer que no pueda entrar es Estados Unidos”, resume un veterano dirigente opositor ya retirado. “El chavismo puede pedirlo como condición, pero la decisión de aceptarla es de Washington”.
Machado atraviesa hoy una de las situaciones más complejas de su larga carrera política. Se marchó de Venezuela hace nueve meses en una huida de película con ayuda de Estados Unidos y desde entonces los acontecimientos se han acelerado de una forma que nadie previó. El mismo Trump que capturó a Nicolás Maduro unas semanas después de ayudarla ahora aparece encantado de hacer tratos con Delcy Rodríguez y no muestra ninguna prisa por que se convoquen elecciones. En su breve encuentro de Nueva York, Trump le planteó a Rodríguez que Venezuela debe celebrarlas, pero no le habló de plazos, según el portal Axios. Mientras, se seguirán cerrando muchos negocios millonarios.
La opositora protagoniza una batalla contra el chavismo, pero también contra su irrelevancia. La dirigente que más lejos llegó en su apuesta por Washington —hasta regalarle al presidente estadounidense la medalla del Nobel— está siendo apartada mientras otros sectores de la oposición se sientan a hablar con el chavismo. La mesa de negociación que se instaló con el Gobierno y que ha impulsado Estados Unidos no es la suya. Tampoco son sus condiciones. “La misma fuerza que ella invocaba cuando decía ‘no podemos solos’ es la que ahora impide que ella avance en su proyecto político”, resume el analista de Crisis Group Phil Gunson. “Es una ironía del tamaño de un rascacielos”.

Machado estaba instalada en Ciudad de Panamá desde hace tres meses, cuando Estados Unidos frustró dos intentos anteriores después del sismo que asoló Venezuela el pasado 24 de junio. Dos periodistas de confianza, de ABC y NTN24, debían documentar la odisea —o el bloqueo— de su retorno, pero esas imágenes que muchos venezolanos esperan quedaron de nuevo en nada. Todo su entorno insiste en que volverá. De una u otra forma. Sola o acompañada de una delegación internacional. “Tengan la confianza de que va a pasar”, pidió su hija.
Ella misma volvió a prometerlo este sábado: “Hay muchos intereses sobre Venezuela y hay actores que pretenden postergar una situación de sumisión. Voy a regresar muy pronto y espero que podamos contar con las voces de todos ustedes elevando la urgencia de un proceso electoral y que los que estén en el exterior puedan votar”, afirmó Machado en el Foro Internacional Virtual: ¿Dónde está y a dónde va la Democracia? “En las próximas semanas se va a definir el futuro de Venezuela, confíen en el pueblo de Venezuela”, añadió.
Promesa incumplida
El desgaste al que está sometida es inevitable. “Ella sistemáticamente promete volver, venir, enfrentar, confrontar, y no lo ha hecho, y llega un momento en el cual esa promesa se agota”, dice Ángel Álvarez, profesor de Ciencias Políticas. “Los venezolanos siguen hablando de su valentía y determinación, pero el problema viene cuando se pregunta sobre su capacidad de cumplir con lo que promete”, plantea Gunson. “Ahí está su talón de Aquiles y hasta el político más simpático, si no cumple, pierde apoyo”.
Su partido la espera sin condiciones. “María Corina lo que piensa lo dice y lo que dice lo hace, y dijo que iba a entrar al país y la vamos a esperar”, defiende a EL PAÍS el coordinador nacional de Vente Venezuela, Henry Alviárez, rodeado de su equipo. Asegura que los bloqueos, lejos de desmoralizar, multiplican su compromiso.
El chavismo, mientras tanto, saborea su triunfo. A Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional y hermano de Delcy, se le ha oído decir en más de una ocasión: “El principal problema de la oposición —y nuestra mejor ventaja— es que promete demasiadas veces cosas muy concretas que no puede cumplir”.
El oficialismo niega que le esté cerrando el paso y afirma que incluso ha dejado de temer su regreso. Que podría suponerle incluso una ventaja. “El chavismo ahorita está muy seguro de decirle que venga porque el pacto con los americanos ya fue cerrado”, dice una voz cercana al Palacio de Miraflores. “La que no quiere venir es ella, porque se va a quemar”, defiende. Esta fuente argumenta que, una vez dentro, Machado tendría que sostener la movilización durante meses sin dinero ni logística y sin nada concreto que ofrecer a un país preocupado por los apagones y por llegar a fin de mes. “Cuando la gente vea que ella llegó y no puede cambiar las cosas, va a ser peor. Por lo menos estando fuera tiene la excusa de decir: ‘Es que no me dejan”.

El chavismo, en cualquier caso, sigue cargando contra la opositora porque pretendía viajar con un pasaporte panameño, lo que para ellos significaría que renunció a su nacionalidad venezolana. No es cierto. Como millones de refugiados en el mundo, Machado puede portar un documento de viaje (emitido por razones humanitarias) que no implica un reconocimiento de la nacionalidad del país que se lo emite.
En Venezuela, todo el arco político, excepto los chavistas, cuestiona lo fundamental: a una ciudadana venezolana se le está impidiendo volver a su país. “Se está negando el ejercicio del derecho de vivir en su país”, afirma el dirigente opositor retirado, crítico con Machado, pero convencido de que debe formar parte del proceso.
La opositora sigue siendo, de lejos, la política con más apoyo. “Las encuestas arrojan cifras muy distintas de popularidad, pero sea cual sea la cifra real, la diferencia es brutal a favor de María Corina”, dice Álvarez. Esta semana, tras conocerse sus intentos frustrados de salir de Panamá, cientos de venezolanos marcharon en varias ciudades del país para pedir su regreso.
Machado se enfrenta a un dilema casi irresoluble. Para conservar su capital político, debe volver y, para volver, parece inevitable romper con Trump, y romper con Trump es justamente lo que no puede hacer. “Está a medio centímetro de esa ruptura, pero no da el paso final”, dice Gunson. “Quien fue a la Casa Blanca a entregarle su medalla del Nobel y a repetir que era Trump quien de verdad la merecía, difícilmente puede sostener ahora que es ese mismo presidente quien le cierra el paso”, reflexiona Álvarez.
Pero en Venezuela, como se ha demostrado a lo largo de su historia, todo puede cambiar de forma imprevisible. Y como dice el dicho latinoamericano: “En política no hay muertos”.
Fuente: EL PAIS

