La democracia, los outsiders y el “special support”

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Escrito Por: Pablo McKinney

En 2008 más del 60 % de la sociedad estadounidense rechazaba al gobierno de George W. Bush. En 2007 estalló la crisis de las hipotecas subprime; millones carecían de cobertura sanitaria y se sumaban siete años de la guerra de Irak, iniciada sobre la falsa acusación de armas químicas que nunca aparecieron.

Ese contexto aumentó la desconfianza y provocó la desmovilización ciudadana, lo que propició el surgimiento de un outsider: Barack Obama. Aunque ya era senador por Illinois, no pertenecía a la cúpula del Partido Demócrata. Era entonces un recién llegado en la política nacional demócrata, pero tuvo el talento y la inteligencia de convertir la indignación popular en esperanza: relegó a la prensa tradicional —incluido The New York Times—, dio prioridad a Silicon Valley y se apoyó, como ningún político lo había hecho antes, en las posibilidades que ofrecía la sociedad digital, su internet y sus plataformas. El resto es historia, resumida en una frase de su histórico discurso: “Yes, we can.”

Así como el debate Nixon–Kennedy en 1960 marcó el inicio del predominio de la televisión en la lucha por el poder político (telecracia), Obama convirtió las redes sociales en el elemento fundamental de su campaña. Si bien ellas por sí solas no bastan para hacer ganar a un candidato, sí poseen el poder de hacerlo perder.

En el caso dominicano, más que un fenómeno aislado, el surgimiento y crecimiento de los outsiders en nuestra política evidencia un deterioro de la calidad de la democracia, que se expresa en el creciente rechazo a la política y a los políticos y en el aumento sostenido de las tasas de abstención.

Hablamos de outsiders en estado puro: sin trayectoria ni interés previo en la política, sin conocimientos básicos de políticas públicas o economía política, pero eficaces comunicadores y carismáticos manipuladores, ahora además con un “special support” que podría llevarlos al Palacio Nacional, como un “cisne negro” de los del Profesor Taleb.

Entonces, con respeto, sin burlas ni descalificaciones, es hora de hacer un alto en el camino para repensar esta democracia nuestra que, al debilitarse en su institucionalidad otorga sentido y razón a las proféticas palabras de Antonio Gramsci: “El viejo mundo se muere, el nuevo no termina de aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos.” Y con ese “special support” que es lo que preocupa.