La corrupción monopoliza el debate en la campaña electoral de Brasil

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El caso sobre un fraude millonario, que salpica a Flávio Bolsonaro y al juez Moraes, desplazan asuntos como la seguridad pública, la economía o la soberanía

El 11 de septiembre del año pasado, Brasil enviaba un potente mensaje al mundo. La condena a Jair Messias Bolsonaro por liderar un complot golpista tras perder las elecciones demostraba que la justicia puede castigar a quienes socavan desde dentro el orden constitucional y las instituciones. Los jueces del Supremo brasileño soportaron estoicos la formidable presión del estadounidense Donald Trump. Los demócratas, con el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, paseaban su orgullo. Un año después, Brasil se prepara para unas elecciones muy disputadas, con muchas caras conocidas y la corrupción, de vuelta, como tema central. Un tsunami en los moldes del escándalo Lava Jato que dio la vuelta como un calcetín a la política brasileña antes de ser enterrado por la justicia.

El mayor fraude de Brasil, el caso Banco Máster, salpica de lleno al principal candidato de la oposición, Flávio Bolsonaro, hijo del ultraderechista encarcelado e investigado en la trama, según se acaba de saber. En calidad de sospechoso, le acompaña el juez Alexandre de Moraes, némesis del bolsonarismo y el magistrado erigido en estandarte de la defensa de la democracia.

El torrente de novedades en torno al megafraude millonario del Banco Master, que ofrecía rentabilidades exorbitantes, ha eclipsado completamente los asuntos que, se suponía, iban a vertebrar la reñida campaña: la seguridad pública, la economía y la soberanía nacional. El crimen organizado, el robo de celulares, los movimientos de Trump o la deuda pública han pasado a un segundo o tercer plano.

Quedan tres semanas para la primera vuelta, el 4 de octubre, cuando el electorado votará para elegir presidente, gobernadores, la Cámara de diputados y dos tercios del Senado. Las novedades surgen a un ritmo frenético, sean en forma de fallos judiciales, decisiones que los revocan, documentos secretos, filtraciones, operaciones de la policía, confirmación oficial de sospechas que habían trascendido… en un culebrón con decenas de protagonistas del mundo político y judicial.

La del caso Master es una trama con infinidad de tentáculos en la que han aparecido, además de Bolsonaro hijo y el juez Moraes, un segundo juez del Supremo, el fiscal general de la república, el jefe de la Policía Federal, parlamentarios de derechas, al jefe de la bancada del Partido de los Trabajadores en el Senado, el anterior gobernador de Río de Janeiro, a la esposa y los hijos del juez Moraes… Casi un quién es quién de los más poderosos en Brasilia.

El candidato presidencial Bolsonaro, en un mitin en São Paulo, el 7 de septiembre.Bruna Prado (AP Photo/Bruna Prado)

El cerebro del fraude millonario, el banquero Daniel Vorcaro, agasajó con fiestas y veladas lujosas, ofreció contratos y favores a personalidades en todas las esferas del poder en Brasilia a cambio de contactos, información y protección. Un año antes de ser detenido, cuando el Banco Master ya pasaba por dificultades, incluso logró ser recibido fuera de agenda por el presidente Lula en el palacio de Planalto.

El caso Master monopoliza el debate electoral, que semana a semana se traduce en sondeos que ofrecen una fotografía con escasas variaciones en la carrera a la presidencia. Sigue como un mano a mano Lula-Bolsonaro. Los anuncios televisivos no han supuesto oscilaciones relevantes para nadie.

Lula disfruta de ventaja en primera vuelta (39% para el presidente izquierdista frente al 35% para el ultra, según la encuesta Datafolha de este viernes) y un empate técnico (46% frente al 44%) en la segunda. Los bloques de uno y otro parecen extremadamente sólidos. Solo un 4% se declara indeciso y lo más probable es que esas personas decidan a quién votar como próximo presidente en los últimos días u horas antes de que abran los colegios electorales.

El caso Master seguirá protagonizando la campaña y los informativos en los próximos días porque el presidente del Supremo, Edson Fachin, dio 24 horas, hasta el sábado por la tarde, para levantar el secreto de sumario del caso completo, miles de páginas. Las campañas de Lula y de Bolsonaro confían en que incluyan nuevas revelaciones que les brinden nueva munición para atacar al rival y desempatar la disputa.

El presidente Lula ha insistido este sábado en que se haga pública toda la investigación del caso. “Aclaremos quiénes son los ladrones y corruptos de este país. Y la familia Bolsonaro no escapará”, ha proclamado en un mitin en Curitiba.

Mientras tanto, el Brasil político-jurídico vive en un estado febril con la catarata de novedades. La próxima gran cita del caso es el martes a las diez de la mañana en el Tribunal Supremo de Brasilia. La corte está convocada a un pleno para analizar los mensajes de móvil que el banquero Vorcaro le envió al juez Moraes, más de medio centenar en 20 días. En ellos le pedía consejo y que maniobrara a su favor ante los investigadores, la policía y la fiscalía.

Los jueces Mendonça (izquierda) y Moraes, que lideran los dos bandos de Supremo, fotografiados en agosto pasado.Andre Borges (EFE)

El magistrado, conocido por sus ademanes de sherif y que lideró el proceso judicial que llevó a prisión al expresidente golpista y a los generales que le acompañaron en la asonada, ha caído en desgracia. Si antes los excesos se le perdonaban en nombre de la misión de salvar la democracia, su estrecha relación con principal acusado del megafraude ha dañado gravemente su reputación.

Pese al clamor para que dé explicaciones, Moraes mantiene silencio. La sesión del martes permitirá contemplar hasta qué punto la polarización política ha contaminado al Tribunal Supremo si ninguna maniobra la retrasa o impide que sea pública y retransmitida en directo como es costumbre. Partidos en dos bandos que están en guerra abierta, Moraes lidera el mayoritario, el que ha encabezado las investigaciones por golpismo contra el bolsonarismo, en sintonía con el Gobierno de Lula.

El presidente brasileño intenta en los últimos días distanciarse del controvertido juez y ha exigido que la investigación vaya hasta el fondo, caiga quien caiga. Al frente del otro bando del Supremo está el juez André Mendonça, convertido en el héroe de los conservadores. Este evangélico fue designado para el cargo por Jair Bolsonaro.

Este viernes se ha confirmado que Flávio Bolsonaro es investigado formalmente por corrupción, evasión de divisas y blanqueo de dinero en el proceso para conseguir fondos para rodar una película sobre el encarcelado Bolsonaro. Los sondeos de la semana próxima dirán si le pasa factura en términos de apoyo electoral, como ocurrió cuando saltaron las primeras acusaciones contra él, en mayo. Le pillaron mintiendo; dijo que no conocía al banquero Vorcaro.

A lo largo de su carrera política, el senador Bolsonaro ha conseguido que todas las acusaciones de corrupción contra él fueran aparcadas por uno u otro motivo. Mientras, machaca con el discurso de que los corruptos son siempre los otros: Lula y el Partido de los Trabajadores.

Fuente: EL PAIS