La confesión de Raúl Castro por la que podría ser juzgado en Estados Unidos: “Tumben las avionetas en el mar cuando se aparezcan”

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La Fiscalía de Miami prepara una acusación contra el expresidente cubano por ordenar derribar dos avionetas de una ONG y matar a las cuatro personas que iban a bordo

La confesión se produjo casi cuatro meses después de que estallaran las avionetas en el cielo del mar Caribe: “Yo decía que traten de tumbarlos arriba del territorio, pero ellos entraban en La Habana y se iban”. Es junio, año 1996, y la declaración de 11 minutos y 32 segundos es grabada y luego transferida a un viejo disco compacto. “Claro, con un cohetazo de esos, avión-avión, lo que viene para abajo es una bola de fuego y que va a caer arriba de la ciudad”. Es un hombre quien habla y no sabe para entonces que está revelando el delito que lo va a perseguir hasta el final de su vida: el derribo de las dos avionetas de la organización Hermanos al Rescate. “Bueno, túmbenlos en el mar cuando se aparezcan; y no consulten los que tienen las facultades”. Quien habla es Raúl Castro. El Departamento de Justicia de Estados Unidos pretende procesarlo ahora por el asesinato hace más de tres décadas de las cuatro personas que iban a bordo de las aeronaves.

Para este miércoles algo sin precedentes podría suceder en la meca de los exiliados cubanos: la presentación de la Fiscalía Federal del Distrito Sur de Florida de la acusación formal contra Castro en un acto en la Torre de la Libertad de Miami. La iniciativa llega en medio del asedio del Gobierno de Donald Trump contra el régimen de La Habana. Desde que en enero el republicano anunciara que Cuba era “la próxima”, tras la incursión en Venezuela para detener a Nicolás Maduro, los cubanos están atentos a cualquier señal que arroje luz sobre los planes inciertos del presidente estadounidense. Si en abril pensaron que “algo iba a suceder” en la isla, coincidiendo con el aniversario de la invasión de Bahía de Cochinos; ahora se comenta que los planes para Cuba pudieran concretarse el 20 de mayo, en las celebraciones del Día de la Independencia.

Aun así, a la gente se le hace difícil pensar que una figura como Castro, de 94 años, sea trasladado a una prisión de máxima seguridad en Estados Unidos casi al final de su vida. Ya no es el hombre poderoso que se sentó a dialogar con Estados Unidos, como hizo durante el mandato de Barack Obama en 2016. Ahora envía a su nieto, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, para que sea el escolta de su legado. El tiempo, sin embargo, no le ha rebajado su deuda, ni la ancianidad le ha concedido ningún tipo de deferencia entre el exilio. “No sé si veremos a Raúl Castro ante un tribunal estadounidense”, dice en su casa de Miami Arnaldo Iglesias, de 88 años. “Pero quisiera el pleno reconocimiento de la verdad. Que quede establecido que cuatro hombres fueron asesinados por una dictadura durante una misión humanitaria”.

Raúl Castro en La Habana, en 2016.Desmond Boylan (AP)

Su memoria no ha borrado los sucesos de aquel 24 de febrero de 1996, cuando las dos avionetas Cessna C-337 donde iban sus compañeros de Hermanos al Rescate fueron abatidas entre las 3:21 y las 3:27 de la tarde por cazas MiG de la fuerza aérea cubana. Un tercer avión, en el que iba Iglesias, logró escapar. “Recuerdo las voces en la radio, la incertidumbre y luego el silencio. Un silencio que no se logra explicar”.

Una semana antes, Iglesias había visto a sus amigos tan sonrientes en Nassau, Bahamas, durante una misión humanitaria de Hermanos al Rescate. El grupo hacía labores de búsqueda y rescate en el estrecho de Florida, con exiliados y ayuda de la Guardia Costera estadounidense, para auxiliar a quienes se lanzaban al mar desde Cuba, los llamados balseros. Iglesias nunca más vio a Armando Alejandre, de 45 años, ni a Carlos Costa, de 29, ni a Mario de la Peña, de 24, ni a Pablo Morales, de 29. Aún conserva detalles de cada uno, como quien no deja que el tiempo se los arrebate.

“Carlos Costa tenía una calma especial. Mario de la Peña era un joven entusiasta y consumado ecologista. Pablo Morales era un balsero rescatado por nosotros, ayudando a otros a conseguir la libertad que él ya disfrutaba, y Armando Alejandre Jr, un cubano ejemplar”, recuerda. “Treinta años después, sigo pensando en ellos casi todos los días”.

Los sobrevivientes, los familiares de las víctimas, y el exilio que por años ha guardado el luto de los cuatro fallecidos de Hermanos al Rescate han esperado con paciencia ver la justicia caer sobre los Castro. Nada, por el momento, ha sucedido. Han pasado cinco administraciones por la Casa Blanca sin respuesta a pesar de la evidencia de que las avionetas fueron derribadas en aguas internacionales y no en el espacio aéreo cubano, y de que el Congreso de Estados Unidos condenara lo sucedido el 12 de marzo de 1996. Ese año, el juez del caso, James Lawrence King, dictaminó que el Gobierno de los Castro había asesinado “a cuatro seres humanos en el espacio aéreo internacional sobre el estrecho de Florida”. Cuba se negó a indemnizar a los familiares de las víctimas, pero Estados Unidos los compensó con 93 millones de dólares en activos congelados del Gobierno cubano.

Después de que en su primera Administración Donald Trump apenas prestara atención a Cuba, quizás nadie en La Habana esperaba que ahora le dedicara un minuto casi cada semana. Los acontecimientos indican que Washington está decidido a forcejear: a un cerco petrolero de casi cinco meses se suman amenazas, negociaciones, visitas de funcionarios, un monto de 100 millones de dólares en ayuda humanitaria y la revelación de que Castro podría ser procesado por los tribunales estadounidenses. Hay un recurso con el que cuentan ahora los jueces federales y que es el elemento fundamental de la acusación en curso: la grabación de voz en la que Raúl Castro admite que fue él quien dio la orden de derribar las avionetas.

Miembros de Hermanos al Rescate: Armando Alejandre, Carlos Costa, Mario de la Peña, y Pablo Morales, en la casa de su fundador el cubano José Basulto, en Miami.Alberto Boal (EFE)

Hermanos al Rescate en el centro de la política

En 2006 ese audio cayó en manos del periodista cubano Wilfredo Cancio, radicado en Miami, reportero entonces de asuntos cubanos de El Nuevo Herald. Hacía unos días que Castro había llegado a la presidencia de Cuba, en sustitución de su hermano enfermo. Diez años antes, cuando ocupaba el cargo de ministro de Defensa de Cuba y jefe de las Fuerzas Armadas, admitió en un encuentro con periodistas de la isla su responsabilidad en el ataque a las avionetas.

Cancio verificó la grabación con varios especialistas y con Alcibiades Hidalgo, quien fue secretario personal de Castro. Era su voz. El 20 de agosto de 2006 el periodista publicó una exclusiva que acaparó la atención de medios de todo el mundo. “Lo que cambia esa grabación es que ya hay una prueba de voz de Raúl Castro asumiendo la total responsabilidad”, cuenta Cancio a EL PAÍS. La acusación de concretarse, sería “un acto de justicia histórica”, dice. “El anuncio del día 20 de mayo también es un guiño hacia la comunidad cubana”. A la pregunta de si el Buró Federal de Investigaciones (FBI) lo contactó en algún momento para la investigación, prefirió no ofrecer comentarios.

El caso del derribo de las avionetas ha seguido el curso de los tiempos que marca la política del sur de Florida. “En los años noventa hubo imputaciones y acusaciones formales que fueron archivadas por la Administración de Bill Clinton, lo cual fue difícil de aceptar para las familias de los cuatro hombres asesinados”, cuenta Iglesias. Dos años después de que la grabación se hiciera pública, el caso quedó una vez más en suspenso con la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca y el acercamiento diplomático entre ambos países. Castro no solamente visitó la sede de Naciones Unidas en Nueva York, sino que recibió al demócrata en una estancia de dos días en la capital cubana. El exespía Gerardo Hernández, vinculado con el derribo, fue sentenciado en Estados Unidos a cadena perpetua y luego enviado a Cuba en 2014 como parte de un canje de prisioneros.

El fundador de Hermanos al Rescate, el cubano José Basulto, en Miami.Alberto Boal (EFE)

Los republicanos, por su parte, han pedido la cabeza de Castro: Rick Scott, exgobernador de Florida, o el actual en el puesto, Ron DeSantis, han pedido al Departamento de Justicia que presente cargos contra Castro.

La cadena CBS News reveló la noticia sobre el posible procesamiento de Castro el mismo día en que el director de la CIA llegó a La Habana la pasada semana. “Todo lo que se está haciendo son elementos de presión sobre Cuba y un acto simbólico de justicia, aunque tardía, pero justicia al fin. Hay presión en el Congreso y en la comunidad para que se enjuicie a Raúl y Fidel como responsables del crimen”, comenta Cancio. “Que hoy se vuelva a hablar de responsabilidades envía un mensaje importante: los crímenes de Estado no desaparecen simplemente porque pase el tiempo”.

En 1996, el propio Fidel dijo que fue él quien dio la orden de que las avionetas no podían sobrevolar el cielo cubano para tirar octavillas, como habían hecho antes. “Tenían la orden general de no permitírselo… Actuaron con plena conciencia de que estaban cumpliendo la orden… Asumo la responsabilidad de ello”, dijo el fallecido mandatario. No obstante, el audio filtrado muestra que en realidad la orden fue dada por su hermano Raúl.

“Durante décadas, muchas víctimas del régimen cubano sintieron que sus casos quedaban atrapados entre intereses diplomáticos y cálculos políticos”, dice Iglesias. “Que hoy se vuelva a hablar de responsabilidades envía un mensaje importante: los crímenes de Estado no desaparecen simplemente porque pase el tiempo”.

Fuente: EL PAIS