Jet Set: justicia sin olvido

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Escrito Por: Carlos Salcedo

El pasado miércoles 8 de abril se cumplió un año del colapso de la discoteca Jet Set. Doce meses bastan para preguntarse si una sociedad honra a sus víctimas con justicia o si, lentamente, administra su olvido.
Porque el olvido no siempre es abrupto.

A veces se instala de forma silenciosa. O en la pérdida de urgencia o la dispersión de la atención como en el riesgo de que el proceso judicial, aun avanzando, termine diluyendo la memoria que le dio origen.

Creo que el proceso penal ha seguido, hasta ahora, un curso prudente. Se han respetado los derechos de las víctimas, de los querellantes y actores civiles, así como las garantías de los imputados. Pero, ese respeto no es una concesión, es la base misma de su legitimidad.

Pero ese mismo rigor plantea un desafío.
La memoria, en el ámbito jurídico, es un deber. Las víctimas no son expedientes. Y el proceso no puede convertirse en un espacio donde esa memoria se desgaste o pierda centralidad.
El riesgo no está hoy en el irrespeto de garantías, sino en que la complejidad procesal termine absorbiendo el sentido del proceso. Que la técnica desplace a la verdad. Que el tiempo debilite la exigencia.

Por eso es necesario insistir que el proceso no es un fin en sí mismo. Su finalidad es reconstruir la verdad y determinar responsabilidades. Individualizar conductas, valorar la prueba y establecer responsabilidades —penales y civiles— es una obligación, no una opción.

Sin linchamientos. Pero también sin diluciones.
La legitimidad de la decisión dependerá del equilibrio entre debido proceso y respuesta efectiva. Una respuesta que deberá examinar, con rigor, la posible existencia de negligencias e imprudencias graves, si así lo demuestra la prueba, como en efecto sucede.

Pero la justicia no se agota en lo individual. Este caso revela fallas estructurales, como debilidades en la supervisión, controles insuficientes y vacíos normativos. Si no hay correcciones institucionales, la respuesta será incompleta.

El mayor riesgo, un año después, no es el silencio, sino la normalización. Que todo siga su curso, pero que la memoria pierda fuerza.

Eso también es olvido.
Este proceso aún puede ser un punto de inflexión. Pero para ello, la memoria —su razón de ser— no puede diluirse.
No puede ahogarse en el proceso.

Fuente: EL DIA