Alguien tenía que hacerlo público, y para eso estamos nosotros. Entonces, a quien pueda interesar, le informamos que en el Haití de negro y sangre, en el Haití de esperanza muerta y llanto largo; en ese país -que desde hace dos siglos paga con horror el digno error de su libertad- hay armas biológicas mimando a las muchachas y hay bombas nucleares bromeando en las esquinas.
Si ven a Mr. Almagro, el de la OEA siempre fea y esquiva, o a Guterres, el de la ONU despistada y selectiva se lo cuentan, yo asumo el riego.
Aunque debió ser un asunto de la CIA y sus mandaderos, se lo digo yo y se ahorran las dietas, que los espías en el Caribe, -por aquello del sol y las mulatas-, cobran mucho.
En Haití hay bombas nucleares, ojivas atómicas, armamentos de destrucción masiva capaces de aniquilar no los hombres pero sí las almas, las conciencias, el decoro de los países colonialistas, imperialistas, saqueadores, ingratos, desmemoriados, traficantes de seres humanos y otras variantes del crimen, capaces de ofender al mismísimo demonio.
Haití tiene armas nucleares, y la pregunta es sencilla ¿Conocen ustedes una bomba más poderosa y mortal que el hambre?

