Fujimori roza la victoria en el escrutinio de las presidenciales de Perú diez días después de la votación

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La derechista tiene una ventaja de 36.000 votos sobre el izquierdista Roberto Sánchez con el 99,1% de los sufragios contados. El resto son actas impugnadas, sobre todo en Lima, principal bastión electoral de la candidata

Han pasado diez días desde la segunda vuelta para elegir presidente en Perú, pero los resultados y la proclamación oficial de la victoria están todavía pendientes de un 0,84% de votos que están en revisión por la justicia electoral, que se ha dado hasta mediados de julio como plazo máximo para resolver. En una votación muy reñida entre la candidata de derechas, Keiko Fujimori, y el izquierdista Roberto Sánchez, la primera tiene una ventaja en el escrutinio de 36.889 votos sobre el segundo y se proyecta como virtual ganadora. A la espera de que termine el proceso, la incertidumbre, las movilizaciones y los recursos de nulidad agitados por la izquierda calan en un electorado agotado por la polarización y la inestabilidad política de los últimos años.

La mayoría de los analistas dan por vencedora a Fujimori apoyándose en que esas actas impugnadas, con unos 200.000 votos en juego, proceden sobre todo de Lima y Callao, donde la candidata tiene sus grandes bastiones electoral y lo previsible es que le sean favorables.

“A estas alturas, es prácticamente imposible que Sánchez revierta la diferencia de votos”, indica el politólogo y experto en procesos electorales Fernando Tuesta. “Perú es el único país con resultados tan ajustados en tres elecciones consecutivas, que se resolverá por menos del 1% de diferencia entre los candidatos”.

Con los resultados parciales oficiales ya escrutados al 99,1%, la imagen es la de un país partido en dos, reflejo de los proyectos políticos en los extremos que se enfrentaron en la segunda vuelta. De un lado está la izquierda de Roberto Sánchez, que ha recogido el voto rural del empobrecido sur del país vinculado al expresidente Pedro Castillo, encarcelado por un intento de autogolpe en 2022, y que ha ido ampliando apoyos al suavizar sus posiciones en la semana anterior a los comicios para acercarse al centro y despejar temores entre los sectores económicos.

Del otro, el fujimorismo, encarnado en la hija del autócrata ya fallecido Alberto Fujimori, que fue condenado a 25 años de prisión por violaciones de derechos humanos y corrupción. La candidata, que llega por cuarta vez consecutiva a una segunda vuelta, ha usado esa controvertida herencia política para hacer un paralelismo entre la lucha contra el terrorismo de su padre en la década de los noventa y el combate a la criminalidad creciente de hoy, la principal preocupación de la ciudadanía y el eje de su campaña.

Conforme avanzan los días y se amplía la ventaja de Keiko Fujimori, los partidarios de Sánchez han salido a la calle a “defender el voto” en dos ocasiones, y para este viernes el propio partido ha convocado en Lima a una “gran movilización”. “El voto ciudadano ha sido deslegitimado”, dice el partido en un comunicado hecho público el lunes, para denunciar a continuación “la falta de transparencia de los organismos que llevan el proceso electoral” y las “maniobras político-mediáticas que atentan contra la justicia electoral y la voluntad del pueblo”.

El voto exterior, ya escrutado, ha favorecido ampliamente a Keiko Fujimori, sobre todo en Estados Unidos, donde vive la mayor comunidad peruana en el exterior y donde la líder de Fuerza Popular ha obtenido el 76,4% de los votos. Dentro de Perú, sin embargo, el conteo inclinó la balanza hacia Sánchez, que tuvo el 50,1% de las boletas frente al 49,8% de su adversaria.

Esta divergencia ha llevado a algunos incluso a cuestionar el derecho al voto de quienes viven en el extranjero. Un aliado político de Sánchez dijo en la red social X (antes Twitter) que había interpuesto una demanda de amparo contra una resolución de las elecciones en el exterior para anularlo: “A ocho días de la segunda vuelta, cambiaron las reglas del juego. Se eliminó la digitalización de actas en el exterior. Sin motivación. Sin ley. Es nulo elecciones en el extranjero”, escribió.

La línea que separa la retórica del fraude de la expresión de dudas sobre aspectos del proceso electoral es fina, sobre todo después de una primera vuelta tumultuosa y salpicada de problemas logísticos y denuncias por parte de un candidato de ultraderecha. Sánchez se mantiene en la importancia de respetar los resultados y exige transparencia al tiempo que apoya las movilizaciones. “El reconteo y la transparencia no daña la democracia sino que la fortalece, pues el poder nace del voto ciudadano, no de las maniobras políticas. Debemos terminar con una ‘democracia híbrida”, apuntó este martes.

“Juntos por el Perú [el partido de Sánchez] está cuestionando puntos del proceso, como el hecho de que hayan tardado más en llegar en esta segunda vuelta los votos del exterior —que lo hicieron en valija diplomática en vez de en urna electrónica como en la primera vuelta—, pero no hay un grito de fraude per se, se trata más de mostrar fuerza”, explica la politóloga Paula Távara. Lo mismo observa el politólogo Eduardo Dargent, quien asegura que “hasta ahora, Sánchez se ha cuidado de gritar fraude, más allá de frases altisonantes de miembros de su equipo, porque es muy peligroso en un país en el que mucha gente cree que unos y otros lo cometen aunque no se pruebe”, afirma. “Sin embargo, sí ha sido una elección vergonzosa por parte de los medios de comunicación, que apenas han hecho crítica a Fujimori”, señala.

Mientras se agitan las aguas en el campo de la izquierda y el antifujimorismo, la candidata apenas se ha pronunciado un par de veces para llamar al respeto de los resultados y al proceso electoral, y para anunciar un viaje familiar durante “unos días” con una de sus hijas junto a la imagen de ellas en el aeropuerto.

Es una actitud muy distinta a la que tuvo en 2021, cuando se enfrentó y perdió contra Pedro Castillo. “Ha habido un interés sistemático de quebrar la voluntad popular”, afirmó Fujimori cuando su derrota era inminente. “En esa elección, ella y su partido pretendieron anular el voto rural bajo la creencia de que habían sido engañados. Ahí sí hubo un cuestionamiento basado en el clasismo y en el racismo”, compara Paula Távara. “Ahora nadie ha salido a decir ‘los blancos de Lima nos robaron la elección”.

Aunque no se sabe con exactitud cuándo la justicia electoral terminará de evaluar las actas impugnadas, si vence Fujimori como parece probable para los analistas, sumará el Ejecutivo a su ya elevada cuota de poder en el Congreso y el Senado, donde su partido tiene mayoría. “En lo que va de siglo, los presidentes han sido débiles, apoyados por organizaciones y partidos precarios, y no se ha construido una alternativa fuerte a la persistencia de Keiko Fujimori, que ha acumulado experiencia”, explica el politólogo Tuesta.

En un país que ha tenido ocho presidentes en una década, sacudido por la inestabilidad política, el politólogo Dargent pone el acento en la necesidad de “recuperar la gobernabilidad” como primer objetivo de la próxima presidencia. Tuesta cree que en una eventual victoria de Keiko Fujimori, “tendrá que armar un Gobierno más allá del fujimorismo, porque sale de una elección en la que dentro del país ha ganado Sánchez, el voto exterior no va a estar presente en el día a día, y habrá que ver cómo va a tratar a esos territorios, los del sur rural, los más pobres, que no han votado por ella”, afirma.

Fujimori apeló, en su cierre de campaña, a la “unidad y reconciliación» de los peruanos. Está por ver si vencerá, y si lo hace, si ese será el camino que elija al cuarto intento.

Fuente: EL PAIS