Fracaso de la “mano dura” contra la delincuencia

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La mano dura no interviene en las causas estructurales de la criminalidad.

Escrito Por: TAHIRA VARGAS GARCÍA

La delincuencia en nuestro país ha acompañado nuestra historia durante varias décadas. Su persistencia está vinculada al fracaso de la estrategia de “mano dura” dominante en la intervención estatal. Es un abordaje basado en acciones de “ajusticiamiento” por la Policía Nacional, vulnera el debido proceso y no ha reducido la criminalidad.

Diversos análisis de la región como: estudios comparados de Flacso Chile (Dammert, Cutrona, Malone, Rosen, 2024) y el artículo publicado en Global Crime (Cutrona, Malone, Dammert, Rosen, 2026), coinciden en que “la mano dura” es el mayor fracaso de las políticas criminales en distintos países, incluido el nuestro. Décadas de aplicación evidencian que no funciona y provoca efectos contraproducentes.

La mano dura no interviene en las causas estructurales de la criminalidad. Se limita a eliminar físicamente a quienes “se supone” cometen delitos, sin afectar sus causas como: pobreza, exclusión, corrupción, impunidad y otras. La criminalidad se reproduce y sus actores visibles desaparecen.

Esta estrategia niega la prevención y sustituye las políticas sociales por castigo y represión, profundizando la desigualdad. Debilita el sistema de justicia de prevenir y perseguir el delito, normaliza prácticas extralegales y erosiona la confianza ciudadana en el Estado.

Otro efecto es la personalización del delito. La mano dura construye la figura del “delincuente” como sujeto aislado, sin redes, impide identificar la criminalidad como fenómeno estructural. Se invisibiliza así a los principales protagonistas que viven y operan fuera de los barrios, vinculados a estructuras de poder.

Estudios de Flacso (2026) indican que la mano dura erosiona la democracia, debilitando derechos civiles y justificando abusos policiales. A esto se suma un fenómeno especialmente preocupante: el incremento de la violencia social. Cuando el Estado utiliza la violencia de manera indiscriminada, legitima su uso en la ciudadanía. La observación cotidiana de la policía matando y maltratando a jóvenes de los barrios por población infantil y adolescente induce al aprendizaje de la violencia como símbolo de autoridad y respeto social.

La mano dura también se sostiene en percepciones de inseguridad que no siempre se corresponden con los indicadores reales, lo que conduce a decisiones de política pública descontextualizada y poco efectivas.

Los estudios comparados en la región demuestran que la mano dura no reduce la criminalidad ni desarticula estructuras delictivas. Por el contrario, las ejecuciones extrajudiciales generan más impunidad, desconfianza y violencia, sin tocar las raíces del problema.

Si existe una verdadera voluntad política de enfrentar la delincuencia, es indispensable abandonar la mano dura y adoptar políticas de seguridad ciudadana que intervengan en las causas reales del fenómeno, reconociendo su carácter estructural y sistémico, igualmente sus vínculos con la corrupción y la impunidad.

Fuente: Diario Libre