Flávio Bolsonaro, el hijo con la misión de derrotar a Lula y conquistar el poder en Brasil

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El primogénito del expresidente encarcelado lleva media vida en política, es el más pragmático del clan y fue investigado por corrupción

El acto electoral iba a arrancar este sábado a las 14.22, un guiño deliberado al número 22, el que hay que marcar para votar a los Bolsonaro en las urnas electrónicas en las elecciones del próximo octubre. Pero empezó con una hora de retraso, a las 15.22. Estamos en Florianópolis, una de las ciudades más limpias, seguras y menos desiguales de Brasil, capital de Santa Catarina, el gran bastión de la derecha que el clan quiere convertir en su escaparate. En la puerta, bajo la lluvia, los ambulantes han actualizado la mercancía. Venden gorras de Flávio Bolsonaro 2026.

El bolsonarismo y los votantes que apostaron por el ultra han asumido con naturalidad el relevo. Mientras ensalzan a Jair Messias Bolsonaro como “nuestro eterno presidente”, abrazan a su elegido para la gran misión del momento, el senador Flávio Nantes Bolsonaro, de 45 años, el hombre llamado a derrotar al presidente Lula y volver a conquistar el poder para la derecha. Sin el carácter explosivo del patriarca ni su carisma, es el menos estridente de los hermanos. Desde el primer día se presenta como “un Bolsonaro moderado”, para aminorar el brutal rechazo que suscita su padre. También recuerda que sí se vacunó de la covid.

En familia, a Flávio Bolsonaro le llaman 01 porque es el primer hijo. Lleva media vida en cargos electos —cuatro mandatos de diputado estatal en Río de Janeiro y uno de senador en Brasilia— y eso da para mucho. Entre quienes han seguido de cerca su carrera, hay quien considera que ofrece la misma receta que el patriarca en un envoltorio menos agresivo. Señalan otros que es el Bolsonaro más salpicado por la corrupción (aunque se ha librado de ser juzgado). Pero, sobre todo, destacan su juego de cintura, que es el más conciliador y pragmático de la familia. Dialoga bien con el centrão, una constelación de siglas de centro-derecha que se ofrece al mejor postor y es a menudo el fiel de la balanza. Como su padre, sazona su discurso con frecuentes referencias a Dios.

La velocidad a la que el más gris de los hijos ha consolidado su candidatura ha sorprendido a críticos y afines. A cinco meses de las elecciones, está en empate técnico con Lula. Así explica él ese ascenso: “Primero, porque Bolsonaro es el mayor líder político de la historia de América Latina, sufre una persecución injusta y creo que eso sensibiliza al pueblo”, declaró a este diario el viernes, al llegar al preestreno de un documental en homenaje al patriarca. “Llevo 24 años en la vida pública. Estoy demostrando que tengo los principios y valores que defiende el presidente Bolsonaro. Y, obviamente, hay una fatiga, Lula es mercancía caducada”.

Cientos de fieles lo recibieron este sábado en una sala de conciertos repleta a pie de carretera en Florianópolis. Ahí estaban los colores nacionales, el orgullo de ser de derechas y la defensa del cuarteto Dios, patria, familia y libertad. Los votantes de Bolsonaro, que perdió por la mínima en 2022, han abrazado a Flávio sin grandes reticencias.

Para la coronel Fátima, de la Policía Militar de Santa Catarina, “es el candidato más preparado porque tiene la vivencia política de ser senador y acompañó a su padre mientras fue presidente”, explica en el evento. Nara Alves, una activista y jubilada de 71 años, apunta convencida: “Yo sabía que iba a ser uno de los hijos; los educó para esto, para hacer lo correcto”. Las élites económicas deseaban inicialmente un gobernador ajeno a la familia.

Sandro Nei Lopes, auxiliar administrativo, ha venido con otra veintena de simpatizantes en autobús desde Barra Velha. “Me gusta Flávio porque hará lo que haría el padre. Lo primero, la amnistía por el 8 de enero, porque es una injusticia”, señala en referencia al intento de golpe de Estado, en 2023.

Cuentan que el padre, Jair Messias Bolsonaro, 71 años, es un neurótico obsesionado con la traición. Se formó como militar en una dictadura temerosa de la infiltración comunista, de que EE UU le robara la Amazonia. Así que en sus horas más bajas, cumpliendo una pena de 27 años por liderar una conspiración golpista, buscó heredero político en su círculo de máxima confianza, entre sus vástagos, porque las suspicacias alcanzan incluso a su esposa. “Michelle no está preparada para la política por ahora”, apunta la bolsonarista Alves.

En un mensaje de tono mesiánico a sus compatriotas, el día de Navidad ungió al primogénito para la más ambiciosa entre la infinidad de misiones que encomienda el exmandatario, líder de un emporio político-familiar que abarca sucesivas esposas.

Bolsonaro hijo todavía estudiaba (derecho y ciencias políticas) cuando a los 21 años entró en política siguiendo instrucciones de su padre, como él y sus hermanos han hecho toda la vida. De sus 16 años como diputado estatal en Río de Janeiro, se recuerda tanto su discurso de mano dura contra los criminales como su defensa de la policía fluminense (una de las más letales de Brasil) y de los grupos paramilitares que ofrecen seguridad. Flávio Bolsonaro consiguió que Río de Janeiro impusiera su mayor distinción, la medalla Tiradentes, a un policía que resultó ser un sanguinario sicario, Adriano de Nóbrega.

Queda también en la memoria el desmayo que sufrió en un debate electoral. La candidata del partido comunista, médica, intentó socorrerlo, pero el padre lo evitó al grito de que le iba a dar estricnina.

Un carioca que lo frecuentaba en aquella época, y que prefiere hablar desde el anonimato, cuenta que les gustaba pasar los fines de semana en la piscina, con amigos. Bolsonaro hijo no era de playa, prefería la intimidad de las urbanizaciones. “Era muy afable. Una vez le dije que mi madrastra era fan de los Bolsonaro y rápidamente grabó un vídeo para ella”.

En aquellos años, se casó con una dentista y tuvo dos hijas, que tienen 12 y 14 años. En un reciente vídeo, su esposa presume de ser la artífice de Flávio, el moderado, porque, enfatiza: “Yo lo reeduqué”. Él se pasea con una camiseta con el lema “padre de niñas”, en contraste con su progenitor, que achacó a una flojera el hecho de tener una niña tras cuatro varones.

De senador, a Flavio se le aparecieron los fantasmas de Río. La fiscalía le acusó en 2020 de corrupción. “El Ministerio Público le acusó de un desvío de seis millones de reales, un millón de dólares, por liderar un fraude en su gabinete”, recuerda la periodista Juliana dal Piva, autora del libro El negocio de Jair, como era conocido el sistema, que está extendido en América Latina: empleados fantasmas en los gabinetes de los políticos de la familia. Cobraban de las arcas públicas sin trabajar y devolvían al jefe entre el 70% y el 90% del sueldo. “Funcionó al menos hasta 2018”, explica Dal Piva en una entrevista.

La reportera del Centro Latinoamericano de Periodismo de Investigación destaca que, junto a los movimientos de dinero revelados por el levantamiento del secreto bancario de Flávio, una de las empleadas fantasmas confesó la trama.

El caso dañó al entonces presidente Bolsonaro, que siempre presumió de estar libre de cualquier sospecha de corrupción. Aunque el proceso, conocido como de las rachadinhas, contra 01 murió sin llegar a juicio, la periodista enfatiza que fue “por un error de forma, porque el Tribunal Superior de Justicia entendió que el juez de primera instancia no había argumentado de manera suficiente los motivos por los que autorizaba el levantamiento del secreto bancario”.

En esta campaña, Flávio busca el apoyo de los evangélicos, propone austeridad fiscal, reducir la edad penal y declarar como terroristas a las grandes organizaciones del crimen, en línea con el reclamo de Estados Unidos.

Bastante tirante es la relación entre Flávio, que como abogado de la defensa puede visitar a su padre a diario, y la actual esposa, Michelle, que lo cuida. Ante las ambiciones políticas de ella, él la acusó de ser “autoritaria”.

Sus hermanos ejercen de escuderos. El hijo 02, Carlos, busca un escaño de senador por este estado de Santa Catarina. Eduardo, 03, le apoya desde la distancia. Tras instalarse en Texas, hace lobby ante la Administración Trump y, con tanta ausencia, ha perdido su escaño de diputado. Además, es investigado por obstrucción de la justicia.

El clan Bolsonaro ha depositado en el primogénito la esperanza de vencer las elecciones, liberar al patriarca y protagonizar un regreso triunfal al palacio presidencial de Brasilia, el que sus fieles invadieron en 2023.

Fuente: EL PAIS