Estados canallas: la ilegalidad de los ataques israelíes contra Irán respaldados por Estados Unidos

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El ataque contra Irán es solo el último crimen en la trayectoria destructiva del régimen israelí en Oriente Próximo. Su impunidad respaldada por Occidente se ha convertido en una amenaza global

Escrito por: Craig Mokhiber 

l régimen israelí, embriagado por la impunidad respaldada por Occidente, repleto de armas suministradas por Occidente e impulsado por una ideología racista violenta nacida en Occidente, está arrasando Oriente Próximo, dejando a su paso un rastro de sangre y destrucción. El flagrante acto de agresión del régimen israelí contra Irán es solo el último crimen perpetrado por el régimen en su actual orgía de violencia, que durante veinte meses asola la región. Pero Israel no es un canalla solitario. Y no podría evitar el castigo por sus crímenes, sino contara el respaldo de un actor poderoso.

Estados Unidos proporcionó al régimen israelí luz verde para su ataque sorpresa, urdió la distracción de conversaciones diplomáticas (quizá falsas) para facilitarlo, gastó los dólares de los contribuyentes estadounidenses para financiar la operación, brindó la inteligencia necesaria para seleccionar los objetivos, suministró las armas y las municiones para matar, ofreció la cobertura diplomática para protegerlo de las medidas del Consejo de Seguridad, movilizó las fuerzas estadounidenses para interceptar la respuesta defensiva de Irán, certificó la promesa de respaldo militar directo de Estados Unidos, si Israel lo requiere, y desplegó la cobertura propagandística de las empresas mediáticas estadounidenses cómplices de la operación de agresión. Ahora, Estados Unidos parece dispuesto a entrar directamente en el asalto militar. Una vez más, Estados Unidos es cómplice de los crímenes de Israel. La impunidad resultante de Israel, principal subproducto de la colaboración de Estados Unidos con el régimen israelí, no solo amenaza la autodeterminación palestina y la soberanía de los países de la región, sino también la paz y la seguridad mundiales.

La amenaza global de la impunidad israelí

En los últimos meses, el régimen israelí ha perpetrado un crimen de genocidio y ha perpetuado la situación de apartheid en Palestina, ha protagonizado un ataque terrorista transnacional utilizando buscapersonas trampa en el Líbano, ha lanzado miles de ataques armados contra este país, Siria, Yemen e Irán, ha intensificado la ocupación ilegal de territorio palestino, libanés y sirio, ha efectuado diversas ejecuciones extrajudiciales en territorio extranjero, ha procedido al asalto y la requisa del buque de la flotilla humanitaria Madleen, ha cometido innumerables ataques contra el personal y las instalaciones de las Naciones Unidas, y ha movilizado a sus delegados en los países occidentales para acosar a los defensores de los derechos humanos y corromper a los gobiernos.

Israel tiene arsenales de armas convencionales de alta tecnología, armas nucleares, químicas y biológicas, no permite inspecciones internacionales de las mismas y se niega a ratificar el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP). Además, está gobernado por un régimen de extrema derecha, profundamente racista y fundamentalmente violento, que no está sujeto a ninguna norma del derecho internacional, la diplomacia internacional o la moral común. Si a esto le añadimos la impunidad, tenemos la receta perfecta para un desastre global. La impunidad garantizada por Occidente de la que ha disfrutado el régimen israelí es el factor que ha propiciado su criminalidad en serie. Y esa criminalidad amenaza a toda la región y, potencialmente, al mundo entero.

Peor aún, para proteger todavía más al régimen israelí, Estados Unidos y sus aliados han corrompido, capturado o aplastado sistemáticamente a prácticamente todos los gobiernos de la región y han golpeado a los actores del Líbano (Hezbolá) y de Yemen (Ansar Allah), que todavía desafían al régimen y su violento proyecto hegemónico. Solo queda Irán en pie. Como tal, representa un elemento intolerable para el régimen israelí y su patrocinador estadounidense: la disuasión.

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Una guerra por la hegemonía regional de Estados Unidos e Israel

Así pues, Irán está en el punto de mira, porque es el último Estado independiente que queda en pie en la región tras la corrupción y la captura de la mayoría de los gobiernos árabes por parte de Estados Unidos y la destrucción sistemática de aquellos que se negaron a someterse (por ejemplo, Iraq, Libia y Siria). La esencia de este plan fue revelada hace más de dos décadas por el general estadounidense y excomandante de la OTAN Wesley Clarke, cuando describió los planes de Estados Unidos para «atacar siete países musulmanes en cinco años». En la lista figuraban Iraq, Libia, Siria, Líbano, Somalia, Sudán y, por supuesto, Irán.

Incluso después de décadas de sanciones, sabotajes, agresiones, esfuerzos de desestabilización y la intromisión de las agencias de inteligencia occidentales, Irán se ha negado desafiante a someterse a Estados Unidos. A pesar de la presión sostenida, Irán se ha negado también a abandonar al pueblo palestino, a normalizar el colonialismo y el apartheid israelí, o a mirar hacia otro lado mientras Israel perpetra un genocidio. Es importante destacar, que también se ha negado a ceder el control de sus recursos naturales (incluidas importantes reservas de petróleo y gas) al imperio estadounidense. Y, como es bien sabido, se niega a renunciar a su derecho, como Estado soberano, a desarrollar energía nuclear pacífica en beneficio de su economía en vías de desarrollo. Dado que las décadas de esfuerzos del eje estadounidense-israelí por estrangular y desestabilizar al país, que ha causado un gran sufrimiento a la población civil, no han logrado someter a Irán, Estados Unidos e Israel han pasado ahora a una agresión militar a gran escala, desempolvando las viejas y falsas justificaciones de las «armas de destrucción masiva», que tan bien les sirvieron para justificar su agresión en el vecino Iraq hace más de veinte años.

Estados Unidos e Israel han llevado el argumento a niveles absurdos, basando su justificación de la guerra no en la afirmación de que Irán tiene armas de destrucción masiva, sino en que podría adquirirlas algún día

En este caso, sin embargo, Estados Unidos e Israel han llevado el argumento a niveles absurdos, basando su justificación de la guerra no en la afirmación de que Irán tiene armas de destrucción masiva, sino en que podría adquirirlas algún día. Una acusación que resulta aún más ridícula dado que los propios agresores, tanto Estados Unidos como Israel, poseen tales armas y son culpables de actos de agresión en serie, mientras que Irán no lo es.

Jus ad bellum: el delito de agresión

El ataque no provocado del régimen israelí contra Irán, respaldado por Estados Unidos, fue un delito según el derecho internacional. De hecho, fue un ataque traicionero, lanzado en medio de las negociaciones en curso con Estados Unidos e incluso dirigido contra el funcionario iraní encargado de las negociaciones. (Y, por cierto, justo después de que Israel cortara Internet en Gaza, levantando un telón digital alrededor de su genocidio incremental perpetrado en ese territorio).

El Artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas reconoce el derecho a la legítima defensa solo en respuesta a un «ataque armado» o cuando lo autorice específicamente el Consejo de Seguridad. Cualquier otro ataque armado constituye un delito de agresión a tenor del derecho internacional. Ello significa que el régimen israelí está utilizando la fuerza contra Irán de forma ilegal, en violación del Artículo 2 (4) de la Carta de las Naciones Unidas, que prohíbe la amenaza o el uso de la fuerza y, como tal, está cometiendo un delito de agresión. En este caso, desde el punto de vista jurídico, el derecho a la autodefensa pertenece a Irán y, decididamente, no a Israel (ni a Estados Unidos). Además, contrariamente a lo que afirman los representantes del régimen israelí en Occidente, el derecho internacional no permite la llamada «autodefensa anticipada» ni los llamados «ataques preventivos».

Hay quien, como el gobierno de Bush en el período previo a la agresión contra Iraq, ha tratado de argumentar que la legítima defensa anticipada es permisible. Pero ese argumento fue ampliamente rechazado, ya que la intención de la Carta de las Naciones Unidas era prohibir las alegaciones de legítima defensa a menos que se hubiera producido un ataque armado o que el Consejo de Seguridad hubiera autorizado el uso de la fuerza militar. Ni siquiera la idea de legítima defensa anticipada del derecho internacional consuetudinario del siglo XIX, defendida por algunos estudiosos antes de la adopción de la Carta de las Naciones Unidas, llegaba tan lejos como la distorsión de Bush. Antes de la adopción de la Carta, la prueba Caroline permitía una especie de legítima defensa anticipada, pero solo si la amenaza era «inmediata, abrumadora y no dejaba otra opción ni tiempo para deliberar», lo que claramente no es el caso del ataque de Israel contra Irán. Otros analistas han intentado encontrar un término medio, afirmando que la acción anticipada puede ser admisible siempre que se considere que el ataque es «inminente». Este es también un argumento dudoso, ya que no hay ni rastro de tal excepción en el derecho internacional. En cualquier caso, en lo que atañe a Irán, no había previsto ningún ataque inminente y el régimen israelí ni siquiera ha afirmado que lo hubiera.

Por supuesto, Israel, el régimen canalla por excelencia, envuelto en la armadura de la impunidad garantizada por Estados Unidos, se preocupa poco por la legalidad. Pero sus representantes y delegados suelen intentar adoptar una apariencia de juridicidad como parte de los esfuerzos propagandísticos del régimen en los medios de comunicación occidentales. Y así, los representantes de Israel han intentado distorsionar aún más la idea de la autodefensa anticipada, alegando el derecho a atacar a cualquiera que algún día en el futuro pudiera decidir atacar a Israel. Estos propagandistas occidentales pro israelíes saben que Irán puede algún día desarrollar armas nucleares, que puede usarlas contra Israel, si las desarrolla, y que, por lo tanto, Israel no tiene más remedio que atacar a Irán ahora. Es evidente que, desde el punto de vista del derecho internacional, ello es totalmente inadmisible. Si esa fuera la norma, cualquier Estado podría atacar legalmente a cualquier otro Estado en cualquier momento, simplemente alegando una amenaza potencial futura. Y ello anularía efectivamente la Carta de las Naciones Unidas.

Israel es, en esencia, un Estado aniquilador. Fue creado con la violencia, se ha expandido mediante la violencia y se mantiene a través de la violencia constante

Para Israel, sin embargo, esto tiene todo el sentido el mundo. Israel es, en esencia, un Estado aniquilador. Fue creado con la violencia, se ha expandido mediante la violencia y se mantiene a través de la violencia constante. Su ideología oficial se basa en una concepción militarizada de la seguridad que, en esencia, postula que cualquiera que no se someta a Israel debe ser destruido para que no intente defenderse algún día. Así, toda la historia del régimen israelí ha estado definida por la militarización, la conquista, la colonización, la expansión y la agresión. En términos prácticos, ello ha significado el genocidio del pueblo indígena de Palestina y ataques constantes contra los vecinos del régimen. Pero incluso bajo los argumentos más amplios posibles de la autodefensa anticipatoria (que, una vez más, es rechazada por casi toda la profesión y la disciplina del derecho internacional), el uso de la fuerza por parte de Israel contra Irán seguiría siendo ilegal.

No es un caso difícil. (1) Irán no tiene armas nucleares, (2) no existen pruebas de que las esté desarrollando, (3) no existen pruebas de que las utilizaría contra el régimen israelí, aunque las obtuviera, (4) no existía una amenaza inminente y (5) el régimen israelí no ha agotado los medios pacíficos, tal y como exige el derecho internacional. En resumen, se trata de una agresión por excelencia, considerada el crimen supremo en el derecho internacional, y perpetrada por el mismo régimen que actualmente está cometiendo el otro crimen, el crimen de los crímenes, el crimen de genocidio. En este contexto, cualquier complicidad de Estados Unidos en estos crímenes israelíes convierte a Estados Unidos en igualmente criminal.

Jus in Bello: Ataques contra civiles e infraestructuras civiles

Más allá del crimen de agresión, los ataques del régimen israelí contra Irán han incluido otras graves violaciones del derecho internacional humanitario. En el momento de redactar este artículo, el régimen israelí ya ha matado a cientos de iraníes, en su gran mayoría civiles. Ha atacado edificios de apartamentos, edificios de medios de comunicación y al menos un hospital. Y ha asesinado a varios científicos iraníes. Huelga decir que tales actos violan el principio de distinción y la prohibición de atacar a personas protegidas y a infraestructuras civiles protegidas.

El asesinato de científicos es un ejemplo claro. Solo si un científico es miembro del ejército (es decir, no es un civil que trabaja para el ejército), entonces, en algunas circunstancias, puede ser un objetivo legítimo. Pero la mayoría de los científicos, incluidos los iraníes, son civiles, incluso si trabajaban en cuestiones de armamento. (Y los científicos iraníes ni siquiera trabajan en cuestiones de armamento, solo en energía nuclear). Por lo tanto, atacarlos es totalmente ilegal. Y, huelga decirlo, es inadmisible, desde el punto de vista jurídico, atacar a personas en sus hogares solo porque son científicos que algún día podrían trabajar en cuestiones de armamento. En términos sencillos, esto es un delito de asesinato.

Del mismo modo, los ataques de Israel contra infraestructuras civiles (por ejemplo, edificios de apartamentos) para matar a un científico (ya sea civil o militar) no podrían superar las pruebas del derecho internacional humanitario en materia de precaución, distinción o proporcionalidad y, por lo tanto, son ilegales. Además, los ataques contra científicos porque algún día podrían fabricar una bomba serían ilegales en sí mismos. En el conflicto actual, no puede considerarse que estos científicos supongan una amenaza para las fuerzas israelíes en modo alguno y no son objetivos militares legítimos. Aceptar los escandalosos argumentos del régimen israelí equivaldría a adoptar una norma a tenor de la cual estaría permitido disparar a cualquier ser humano, simplemente porque algún día este podría convertirse en soldado. Huelga decir que esto no está permitido.

Los ataques de Israel contra la infraestructura energética de Irán también son ilegales. Estas instalaciones están generalmente protegidas por el derecho internacional humanitario, ya que son esenciales para la supervivencia de la población civil. Solo en circunstancias muy limitadas pueden convertirse en objetivos militares (por ejemplo, cuando los soldados disparan desde ellas y se respetan todos los principios del derecho humanitario). Es evidente que esas condiciones no se cumplen en este caso. En el conflicto actual, estas instalaciones no se han utilizado para amenazar de ninguna manera a las fuerzas israelíes. Atacarlas es ilegal y no se adecua a derecho.

Los ataques contra instalaciones nucleares

Es especialmente grave, tanto desde el punto de vista jurídico como humanitario, los ataques perpetrados por el régimen israelí contra las instalaciones nucleares de Irán. En el derecho internacional humanitario, los ataques contra instalaciones peligrosas, como las centrales nucleares y otras instalaciones que contienen lo que la ley denomina «fuerzas peligrosas», están generalmente prohibidos. De hecho, el Organismo Internacional de Energía Atómica ha afirmado que tales ataques están prohibidos por el derecho internacional y constituyen una violación de la Carta de las Naciones Unidas. Estas instalaciones están protegidas por el derecho internacional debido al grave daño, que pueden causar a la población civil, si son atacadas. Si bien, en teoría, puede haber circunstancias en las que se permitan tales ataques, en la práctica sería casi imposible que una parte beligerante cumpliera las condiciones necesarias para atacar legalmente tales instalaciones.

En el derecho internacional humanitario, los ataques contra instalaciones peligrosas, como las centrales nucleares y otras instalaciones que contienen lo que la ley denomina «fuerzas peligrosas», están generalmente prohibidos

Las únicas circunstancias en las que pueden permitirse estos ataques son la siguientes: (1) cuando estas instalaciones se utilizan directamente con fines militares (como lanzar ataques), (2) cuando existe un objetivo militar legítimo, (3) cuando el ataque es necesario para ese objetivo, (4) cuando se efectúa una advertencia efectiva y (5) cuando la acción militar cumple los criterios jurídicos de precaución, distinción y proporcionalidad. Es prácticamente imposible cumplir esta norma en el caso de una instalación nuclear, debido al riesgo de fugas y propagación de radiación y a la posibilidad de que se produzcan daños generalizados a la población civil. Pero, además, el derecho internacional humanitario también prohíbe cualquier medio de guerra que tenga por objeto o pueda causar daños generalizados, prolongados y graves al medio ambiente natural. El derecho de neutralidad exige que las partes en conflicto no causen daños transfronterizos a un Estado neutral debido al uso de un arma por un Estado beligerante, lo que sería inevitable, si se produjera la liberación de emisiones nucleares. Por lo tanto, los ataques del régimen israelí contra las instalaciones nucleares de Irán son ilegales.

Frenar a los canallas

La ilegalidad manifiesta del régimen israelí y sus patrocinadores ha causado estragos tanto en los países y pueblos de Oriente Próximo como en la propia legitimidad del derecho internacional. Denunciar los crímenes de estos Estados y exigirles responsabilidades es esencial para la causa de la justicia. Mientras Occidente se obsesiona con los riesgos de los programas nucleares pacíficos, la verdadera amenaza para la seguridad mundial en este momento de la historia no reside en los reactores y las centrifugadoras iraníes, sino en la agresión, el genocidio y la impunidad. Contener estas amenazas es un imperativo global.

Fuente: Diario Red