La polarización extrema entre el presidente izquierdista y el derechista Flávio Bolsonaro lleva a muchos votantes a elegir el mal menor
Brasil está en la recta final de unas elecciones presidenciales muy reñidas, pero el clima electoral está casi ausente de las calles de São Paulo, la ciudad más poblada. En la avenida Paulista, solo unos banderines con fotografías de candidatos recuerdan la cita con las urnas de este domingo, a la que están convocados casi 159 millones de brasileños. Flanqueados por grandes rascacielos, los paulistanos caminan entre vendedores ambulantes, oficinas, centros comerciales y culturales y muestran un entusiasmo por el día primaveral que desaparece al hablar de los comicios. Son menos los que defienden con vehemencia el programa de su candidato que los que quieren impedir que gane el que odian.
El presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, y su principal rival, Flávio Bolsonaro, tienen más imagen negativa que positiva, pero aun así están a la cabeza de los sondeos en un país partido en dos. Los intentos de otros candidatos por crecer en la enorme grieta entre ambos han fracasado: su intención de voto, sumada, ronda el 10%.
“Lula no puede seguir más, ya es suficiente”, dice João Costa, conductor de 28 años. El hartazgo de parte de la sociedad brasileña con un presidente que está por concluir su tercer mandato y, a los 80 años, pelea por un cuarto, es una de las cartas que más juegan en contra del líder del Partido de los Trabajadores (PT). Costa cuenta que sus padres lo votaron en 2003 porque creían que el país necesitaba un cambio, pero que ahora le van a dar la espalda porque representa justo lo contrario. “Aunque tampoco les gusta Flávio”, aclara. ¿Por qué no votar por otro candidato? “Sólo Flávio tiene posibilidades [de derrotar a Lula]. Es el mal menor”, responde mientras levanta los hombros como gesto de resignación.
Costa tiene su opinión formada, pero pasará el domingo al volante de su automóvil, trabajando. Aunque el voto es obligatorio en Brasil, es posible justificar la abstención si uno está fuera de su lugar de empadronamiento; en su caso, Minas Gerais, a más de 500 kilómetros de São Paulo. En 2022, la abstención fue del 21% y los especialistas creen que la cifra este año será igual o superior.
María y Marcia, de 21 y 22 años, admiten que la ilusión con la que votaron por Lula hace cuatro años se ha desvanecido. “Hay mucho para mejorar en Brasil, me hubiera gustado que Lula hiciera más y no veo propuestas que me ilusionen”, responde María a las puertas de la empresa de comunicación en la que trabaja con Marcia, el primer empleo para ambas. Aunque la dos se quejan del sueldo y del elevado costo de vida, su voto busca frenar la llegada del hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro al poder. “Flávio Bolsonaro es un peligro para la democracia, para la Amazonia, para las minorías, para las conquistas de las mujeres…“, dice María.
Los politólogos destacan que la economía, la seguridad pública y los servicios figuran entre las grandes preocupaciones de los brasileños, pero hay otros factores que importan a la hora de decidir el voto. “El fenómeno de la polarización ha provocado que haya un voto de rechazo que puede imponerse por encima de lo demás”, afirma la especialista en opinión pública Esther Solano, profesora de la Universidad Federal de São Paulo.
Para Solano, la determinación por votar contra un candidato es más clara entre los votantes de derecha y ultraderecha: “Entre los que votaron convencidos por Jair, hay quien piensa que su hijo no tiene credibilidad, que no tiene experiencia, que es un niño mimado, pero lo va a votar igual porque significa votar contra Lula”.
Brasil llega a las elecciones con un desempleo en mínimos históricos, del 5,3%, con la inflación bajo control (4,22% interanual) y con años de un crecimiento económico moderado, aunque superior al que se esperaba. Al igual que Maria y Marcia, hay brasileños que no sienten esas mejoras en su vida cotidiana, pero creen que si gana Bolsonaro impulsará un recorte del gasto público para frenar el déficit que empeorará la situación.
Para otros, en cambio, ese recorte es inevitable y critican las medidas que ha aprobado Lula en las últimas semanas en sentido inverso, es decir, para aumentar el dinero en el bolsillo de los que menos tienen. Entre esas medidas, hechas por decreto, destaca el aumento del 15% de Bolsa Familia, una ayuda contra la pobreza que reciben casi 20 millones de familias, y la prohibición de las apuestas online.
“Estoy muy agradecida a Lula”
El presidente busca convencer a los escasos indecisos —que son en torno al 3%, pero en una elección tan disputada serán clave— y de movilizar al electorado de bajos ingresos, el más fiel a Lula y que tiene también las cifras más altas de abstención.
“Votaría a Lula, le estoy muy agradecida, mis hijos pudieron estudiar gracias a él”, responde Imani, afrodescendiente de 49 años. “No sé si votaré porque estoy cuidando a mis nietos y la casa de mi hija me queda lejos el centro de votación”, continúa antes de subirse al primero de los autobuses que la llevará hasta las afueras de la ciudad, casi dos horas después.
“Lula subvenciona más y más a los pobres. ¿Esto cuándo va a terminar? Les da dinero sin importarle que está creando un déficit que terminará por explotar”, advierte Antonio de Assis, dueño de un establecimiento turístico que se confiesa profundamente contrario a Lula y al Partido de los Trabajadores que encabeza. “Me gustaría que nos gobernara [Javier] Milei”, dice este hombre, en referencia al presidente de Argentina, que se ha dado a conocer en todo el mundo por el símbolo de una motosierra dirigida contra el gasto público.
De Assis, de 65 años, confiesa que en un primer momento pensó en votar a Renan Santos, un ultraliberal, pero al final se decidió por Bolsonaro hijo. “No me importa si es el más apto o no lo es, votaré al que pueda ganar a Lula”. Acusa al presidente brasileño de ser “un ladrón” y “un corrupto” —su condena fue anulada— y extiende las acusaciones al juez del Tribunal Supremo Alexandre de Moraes, bajo sospecha de proteger al banquero acusado de fraude en la causa por corrupción conocida como caso Master. De Assis recurre a su teléfono celular para mostrar un vídeo que demoniza a De Moraes, un ejemplo más de cómo las redes sociales y la información que circula por los teléfonos han contribuido a polarizar la campaña electoral hasta niveles nunca vistos antes en Brasil.
Fuente: EL PAIS

