De símbolo de luto a emblema de libertad, elegancia y autonomía, el Little Black Dress cumple un siglo demostrando que la verdadera sofisticación no necesita seguir tendencias. 100 años siendo el fondo armario de las mujeres.
El vestido negro es una prenda atemporal que, desde que Coco Chanel lo convirtió en un objeto de deseo, ha sabido reinventarse y adaptarse a distintas épocas sin perder su esencia. Sin embargo, antes de Chanel, el negro estaba asociado principalmente al luto, la solemnidad y el protocolo, especialmente durante la época victoriana. Chanel transformó por completo esta percepción, convirtiendo el negro en un símbolo de elegancia, versatilidad y modernidad.
Para Verónica Lora, diseñadora y profesora de moda, el carácter icónico del vestido negro nació de una combinación de factores. “El primero es la rebeldía de Coco Chanel y su determinación por ir siempre en vía contraria a lo establecido”, explica.
El Museo Metropolitano de Arte ha señalado: “el vestido negro funciona como una especie de lienzo sobre el que los accesorios pueden construir diferentes identidades”.



Un siglo después, esa característica permanece intacta. Lo que ha cambiado es todo lo que ocurre alrededor de la prenda.
“Lo que ha cambiado ha sido un proceso natural que viene dado por la misma historia de la moda: la silueta, los patrones, los contextos culturales y la tecnología textil”, apunta Lora. Para comprender la extraordinaria capacidad de adaptación del LBD, Lora recurre a la semiótica y a las teorías del historiador James Laver sobre la llamada “zona erógena cambiante”. La moda -explica- desplaza de una década a otra el foco de atención sobre el cuerpo.
El vestido negro ha participado de ese juego durante décadas: descubrió las piernas en los años veinte y sesenta, convirtió la espalda en protagonista durante los treinta y enfatizó las formas corporales mediante los cortes en los noventa.
Sí, el vestido negro ha sobrevivido cien años precisamente porque ha sabido transformarse, la pregunta inevitable es cómo debería ser el LBD del futuro.
La respuesta de Verónica Lora parte de una idea sencilla: funcionalidad.
“Algo que me caracteriza como diseñadora es que me gustan las prendas prácticas, así que mi diseño definitivamente tendría bolsillos invisibles en los costados”, cuenta.
Fuente: Hoy

