Como hoy se conmemora el 60 aniversario del derrocamiento del gobierno democrático de Juan Bosch, quiere uno imaginar que el gobierno en pleno, nuestra clase política entera, el país todo, harán un alto en el camino para rendir homenaje a aquellos héroes de nuestra democracia en pañales, y condenar al ostracismo del olvido a los traidores de entonces que de alguna manera, con otros nombres, siguen siendo los mismos.
Lamentablemente, salvo alguna misa, dos notas de prensa y tres discursos, no pasará nada en este día en que el país, como uno solo, debió rendir un homenaje nacional, popular y sentido al presidente ético y moral de los dominicanos, Juan Bosch, el mismo que pasó por las arcas nacionales como pasaba don Juan Tenorio por las habitaciones de los hermanitas de la Caridad: es decir, sin tocarlas ni permitir que las tocasen.
Así como la sede diplomática de Estados Unidos es la única embajada del país, así, Juan Bosch, es el único profesor de la patria en sus delirios.
Él representa la utopía vencida de lo que como patria pudimos ser algún día, pero ya ven, 60 años después, seguirnos citando a Serrat, “porque ganan los mismos y nunca heredan los desheredados”. Ay, Profesor Bosch, “¿comprende, comprende?”

