Escrito Por: Leonel Fernández
En círculos oficiales se sostiene que el sector agropecuario se encuentra en expansión, reflejando el dinamismo que ha adquirido la zona rural en los últimos seis años. A eso se agrega que la República Dominicana mantiene una autosuficiencia alimentaria cercana al 85% de los alimentos que consume.
Eso último, por supuesto, no es un mérito de la actual gestión. Ya ese nivel de producción se había alcanzado desde el 2008; y aunque es justo reconocer el esfuerzo permanente de los productores dominicanos y de avances alcanzados en determinadas actividades agropecuarias desde hace décadas, hay evidencias notables sobre el retroceso experimentado por la agropecuaria durante los seis años de gobierno del PRM.
Las importaciones agropecuarias se han duplicado, al pasar de 3 mil millones de dólares anuales, a casi 6 mil millones, en algunos productos durante el período de cosecha nacional, generando pérdidas para productores y desincentivando la actividad productiva.
Hay una falta de planificación en la producción, principalmente en rubros en que el país es autosuficiente, como pollos y huevos. Además, los pequeños y medianos productores encuentran dificultades para obtener financiamiento y disponen de escaso acceso a los recursos a tasa cero de interés por parte del Banco Agrícola.
Por otra parte, los servicios de capacitación y asistencia técnica a los productores prácticamente han desaparecido, como consecuencia de la cancelación de miles de técnicos y profesionales agropecuarios.
Todo eso ha provocado el descalabro de los programas de sanidad animal, incrementándose los rechazos en el exterior de los productos alimenticios exportados desde la República Dominicana.
Rubros estratégicos como el arroz, el banano orgánico y la habichuela, se encuentran sumidos en un grave estancamiento, síntoma de la crisis de competitividad, rentabilidad y sostenibilidad que afecta en su conjunto a la agropecuaria nacional.
Auge y colapso
Al desagregar los componentes del sector agropecuario, se pone de relieve el auge alcanzado en la producción y exportación del cacao. Entre 2024 y 2025 se produjeron exportaciones equivalentes a más de 77 mil toneladas por un valor de 692 millones de dólares.
Eso nunca había ocurrido en la República Dominicana. Pero no se debió a ninguna acción gubernamental. Fue el resultado, más bien, de los precios históricos internacionales que llegaron a alcanzar 12,500 dólares por tonelada.
En años anteriores, aunque había estabilidad en el mercado global del cacao, los precios eran bajos. Solo excepcionalmente, con anterioridad a la pandemia del Covid-19, llegaron a cotizarse en 3 mil dólares la tonelada.
De manera que fue como resultado de una grave disminución de la producción del grano, lo que desató el alza sin precedentes, no un incremento de la productividad interna. En la actualidad, la tendencia es hacia la estabilización, cotizándose en la bolsa de Estados Unidos por encima de 6 mil dólares por tonelada.
Por su parte, el aguacate, aunque en menor medida, ya que de una segunda posición en la producción mundial, ha sido desplazado hacia el cuarto lugar, se ha consolidado como uno de los principales rubros de exportación de nuestro país hacia mercados como Estados Unidos y El Caribe.
De igual manera, con respecto al tabaco, la República Dominicana se ha mantenido como el mayor exportador mundial de cigarros premium aumentando anualmente su producción, lo cual es motivo de gran orgullo nacional.
No puede decirse lo mismo, en cambio, con relación al banano orgánico. Durante los últimos seis años, este ha experimentado una contracción de cerca de un 43% en su producción, generando una caída de 173 millones de dólares a apenas 101 millones de dólares. A su vez, el número de países importadores de nuestro banano se redujo de 16 en 2019 a tan solo 9 en el 2025.
En lo concerniente al arroz, este atraviesa su peor crisis en décadas, sobre todo los pequeños y medianos productores. La importación de unos 4.7 millones quintales de arroz el año pasado, inundaron los circuitos de comercialización del país.
Eso, naturalmente, produjo un sobre inventario que no permitió a los molineros recibir con la fluidez necesaria el cereal de la cosecha de invierno por falta de espacio en los almacenes y dificultades financieras.
En el caso del mango, la negligencia de las actuales autoridades no pudo haber sido mayor. Desde el 2023 las autoridades norteamericanas habían advertido sobre la presencia de la mosca de la fruta. No se hizo nada para combatir el mal, por lo cual se suspendió la entrada del mango al mercado norteamericano, dejando pérdidas millonarias a los productores de Baní.
Impacto a los
consumidores
Durante los seis años de gobierno del PRM, debido a los altos precios de los alimentos, la disminución del adquisitivo del pueblo dominicano ha sido una constante. Los precios se han incrementado entre un 60% en algunos productos, hasta más de 100% en otros.
Todos los proyectos e iniciativas orientados a aumentar la producción y reducir el precio de los alimentos, fracasaron. Fue el caso, por ejemplo, de la famosa y desatinada Ley 6-22 o tasa cero, que autorizaba la importación de 67 rubros agropecuarios exentos del pago de aranceles.
Igualmente, resultaron fallidos los programas más orientados a la publicidad que a atender las necesidades de la población, A Comer del Campo a los Colmados; RD-Siembra; y Reconversión del Valle de San Juan.
El arroz se disparó a 45 pesos la libra; la habichuela a 90; los guandules a 120; la libra de pollo a 120; el huevo, a 12 pesos la unidad; la libra de cerdo a 145; y un plátano a 45 pesos.
En resumen, seis años de quiebra para muchos productores agropecuarios y de neveras desconectadas, estufas apagadas y estómagos vacíos en los hogares dominicanos.
Fuente: Listín Diario

